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Descarga Emocional No Apta para Inteligentes

¿Sabes una cosa? A veces me gustaría insultarte, llamarte todas esas cosas que ambos sabemos que no eres y potenciar ese daño con las que ambos sabemos que sí, dejar de ser educado en estos escritos en los que te menciono: hacerte un daño al menos tan grande como el que me hace tu sordera a mis palabras y tu ignorancia a mis sentimientos.

¿Sabes una cosa? A veces me gustaría mirarte mal, atravesarte con una mirada e irme para siempre de tu vida, sin recordar ninguno de los momentos que hemos pasado juntos, guardándome las espaldas ante ti y guardándote rencor el resto de mis días: ser un inmaduro y un cobarde como haces tú con todo lo que dices, sin medir tus palabras.

¿Sabes una cosa? A veces me gustaría ser tan hipócrita como tú, atreverme a sonreír y luego insultar por lo mismo a la misma persona y fingir que no pasa nada, ayudarme un día y luego hacerme daño gratuitamente, juzgarme en la cara y atreverte a decir que no lo haces, dejarme mal públicamente y decir que tengo yo la culpa: ser tan ignorante y aprovechado como tú, aunque tú lo seas sin querer hacerlo.

Pero, ¿sabes por qué no hago ninguna de esas cosas y escribo esta mierda que me deja luego mala cara, que hace la gente me pregunte "qué te pasa" y la tenga que mentir diciendo que no pasa nada? ¿Sabes por qué hago esto, sabiendo que tú luego me vendrías diciendo y echándome en cara mil cosas tergiversadas que tengo que aguantar y que hace que quedes en posesión de la verdad porque no tienes tolerancia, aunque lo intentes? ¿Sabes por qué?

Porque, para tu desgraciada ignorancia, te quiero.


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Deseo

Creo que solo te he visto hoy
pero ya te he reconocido
en derramarme por tus ojos.
Te conozco de vivirte antes
con luciérnagas en la garganta.
De funambular acariciando
tu piel con vello de arrozales.
De coserme la lengua con hilo blanco
y que salga todo entre las orejas.

¡Que se partan las puertas y el tiempo!
¡Quiero desearte negra, sucia y dulce!
¡Bañarme en la esfera de un reloj parado!

¡Que se me resquebraja el pecho
y no se parte!
¡Que ver un gorrión sobre tu risa
que ver un lobo sobre tus ansias
que ver tus ojos de aguja en mi cara
o tu cabeza en mi regazo
solivianta la quebrazón de mi pecho!
¡Que no me hables! ¡Que me enajeno!
¡Que es mucha miel en iris, voz y boca!
¡Que se me convierte el pecho
en potable vaso en polvo
de cuyos detellos escapan las luciérnagas!

Te deseo. Me hago feliz pensándote.
Me siento absurdamente vivo.
No me sacia y aun me basta eso.
¡Ay cuando deseo
cómo se me entiernan y encandilan
los ojos del cuerpo!
¡Cómo haces mirar insidioso
en la codicia del afe…

Mis migajas de pan

JORGE.– Dame migas de pan, Amparo AMPARO.– No me quedan. JORGE.– Pero vi cómo le dabas a Jaime, y a Javier, y a Josué. (Pausa.) ¿No me das migajas porque me llamo Jorge? AMPARO.– No. No te doy pan porque eres Jorge. JORGE.– Pero puedo ser otra persona, si quieres. ¿Así me darías migas de pan, por lo menos? AMPARO.– No puedes no ser Jorge. Aunque no te llames Jorge. Eres y serás Jorge, hagas lo que hagas. Si te haces artista y te pones nombre artístico seguirás siendo Jorge. Si te cambias de sexo, serás Jorge con otro nombre. Si te haces monje budista y nadie te llama Jorge allí, seguirás siendo Jorge. Nada cambia quién eres JORGE.– Pero puedo ser otra persona, si quieres. AMPARO.– No puedes. JORGE.– ¿Por qué no? AMPARO.– Porque no quieres… JORGE.– ¡Sí que quiero! AMPARO.–…y yo no te negaría el pan si fueses otro. Pero yo necesito negarte el pan, Jorge. JORGE.– Llámame Elis. AMPARO.– Serás Elis, pero sigues oliendo a Jorge. Te amaba, pero a mí no me engañas. No puedes ponerte máscaras…

Monólogo autobiográfico

Muebles geométricos llenos de vetas de madera, libros, una cama, libros, un ordenador, un cuadro aún no colgado, una pared blanca pintada con cosas ininteligibles, glosolálicas; un peluche guardián con forma de mapache con una estrella colgada al cuello, una orquídea sana, pero sin flores y un chico de pelo largo estudiando a la par inglés y su falta de vida.

YO. Si me hubieses visto hace solo veinte años. Tenía el pelo corto. Me hacían bullying y no hablaba. Llamaba la atención pero no hablaba. Lloraba pero no hablaba. Un par de luces en forma de padres comprensivos y un señor mayor que me acompañó hasta su muerte (mi madre le cuidaba por las mañanas). Siempre pienso en ir a ponerle flores, le quise mucho, pero al final me acuerdo de ir a verle a su tumba dos meses después. Digo "para el año siguiente". Y así, llevo sin ir dos años.

De pronto, una de esas luces brilló más: la curiosidad. De ahí vino el arte y mi identidad. Luego, como vórtice de Hitchcock, ansiedad en forma …