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Mostrando entradas de julio, 2018

Marea

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Las olas parecen Leones de mil bocas En el mar me siento como es el mar: vivo en inconsciente. Casi disuelto en esa arena traviesa que parece tener horror vacui.
Voleibolistas, madres esperantes y padres fuertes cada uno alienado en su placer vital. Pero es tan bella alienación que no es tal; es abstracción.
Ni del padre ni la madre tengo una imagen romántica. Pero del mar... ¡Ay mar, qué haces de madre Medea fuerte y que protegiéndome te veo siempre con ganas de tragarme hacia tus aguas!

de ©Shathu Entayla

He sentido

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Te miro porque siento alivio al mirarte. Siento que ya no respiras arena. He sentido tus músculos desmenuzarse sobre mi pecho y pararse el motor de tu cabeza.
He sentido tu angustia, tus relámpagos repentinos, tus mansedumbres forzadas, tus vomitares de alma; he visto la calma, la osadía, el hartazgo y la apatía; lo he visto todo en tu debilidad más profunda en tu vulnerabilidad más líquida.
Querer es dar cuenta que la respiración de otro te recuerda a la tuya. Y viceversa. Lo he sentido porque te he querido.


de ©Shathu Entayla

La vida es follar

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A veces, sino follo, no le encuentro sentido a la vida.
No porque no se pueda vivir sin follar.
No.
Es por lo que pasa cuando empieza el sexo.
O sea

el sexo
es algo que dura muchos días
o, al menos, varias horas
o, al menos, muchos minutos;

el sexo es algo que tiene muchas fases
todas tratan sobre desnudar.
Shrek dice que las personas somos cebollas y tenemos capas.
Pues eso. Quitarlas.

Primero se quita la de los ojos.
Luego la de los hombros.
Luego la del pecho.
Luego se quita la segunda capa de los ojos.
A veces, se quita otra que hubiera en el pecho.
Luego hay una muy gruesa, que es la de la piel.
(sabes la quitas cuando cae la tercera capa de los ojos)
Luego la del silencio (la de poder callarse).
En este punto, la del tiempo se ha caído.
La del tiempo es la más gruesa. Pero es que esa se cae sola
(como la tercera capa de los ojos).
Luego cae la de la intimidad. Y la de la ropa.
Y al final, ¡a follar!
O sea

el sexo es...
Me siento...
Con él me siento desnudo, ¿sabes?

Por eso, a ve…

Otra vez.

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A veces cuando miro al cielo, al atardecer, me parece que es el sol estrellándose sobre la superficie de la Tierra, empezando el fin. Pero, simplemente, es el final del día. Otro más.

Algún avión pasa sobre el eco en forma de un halo blanquiamarillo que aleja al Sol en el horizonte. Parecen a ratos naves espaciales huyendo, o asteroides penetrando en la atmósfera. Las nubes se apagan y se hacen negras aunque la noche no ha llegado aún. Y el viento parece el heraldo del sueño final de la Tierra. Pero solo es otro día más.

De vez en cuando, pasan unos chavales botando con vigor un balón de fútbol sobre el asfalto. Cada bote suena a explosión, cuyo eco rebota entre los edificios. Miro todo como mi último día en la Tierra. Aunque solo es uno más.

Siento que mañana no voy a despertarme. Siento que voy a morir en sueños otra vez, pero que esta vez no voy a despertarme. A veces me quedo congelado viendo el paisaje. No es que me embobe con él, ni entre pensamientos de muerte. Si no que me con…

Deseo

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Creo que solo te he visto hoy
pero ya te he reconocido
en derramarme por tus ojos.
Te conozco de vivirte antes
con luciérnagas en la garganta.
De funambular acariciando
tu piel con vello de arrozales.
De coserme la lengua con hilo blanco
y que salga todo entre las orejas.

¡Que se partan las puertas y el tiempo!
¡Quiero desearte negra, sucia y dulce!
¡Bañarme en la esfera de un reloj parado!

¡Que se me resquebraja el pecho
y no se parte!
¡Que ver un gorrión sobre tu risa
que ver un lobo sobre tus ansias
que ver tus ojos de aguja en mi cara
o tu cabeza en mi regazo
solivianta la quebrazón de mi pecho!
¡Que no me hables! ¡Que me enajeno!
¡Que es mucha miel en iris, voz y boca!
¡Que se me convierte el pecho
en potable vaso en polvo
de cuyos detellos escapan las luciérnagas!

Te deseo. Me hago feliz pensándote.
Me siento absurdamente vivo.
No me sacia y aun me basta eso.
¡Ay cuando deseo
cómo se me entiernan y encandilan
los ojos del cuerpo!
¡Cómo haces mirar insidioso
en la codicia del afe…

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