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Mostrando entradas de 2015

El eco de lo que arredra o La rima libre

Necesito desesperadamente construir un poema libre.
Un poema sobre mí, de mí. Es decir, un poema de vida.
Un poema. Un poema. Otro más que añadir a los ojos y quitar de la boca del estómago.
(Pausa intensa. Ingreso en Oniria.)
Yo, viajante: Telegrama: “¡mamamama!”.
Mágicamente telúricas, astilladas, asqueadas, hastiadas pisadas.
Hasta aquí Quizá pueda Dar pasos Hostias por camino Inocuo.
¡Cuore! ¡Oremos oscuros salmos mostros de alma manchada y sagrada!
Dádivas Bastaron. Honores. Es esperpento todo eco. (Eco, eco, eco,…) Comiendo rimas Masticadas asticadas, asticadas. Asiendo el tiempo poderoso sobre la libertad, admitidamente en tenida atada.
(Pausa. Pensamiento volando.)
¿Libertad tenida atada, comiendo rimas masticadas?
(Pausa. Pensamiento decidiendo.)
No puedo rimar. Quiero un poema libre Y rimar no es libre, ni justo.
Rimar es perfecto, cierto. Pero no quiero. Quiero hacer eco hueco De mis angustias. Mustia poesía viva y diva de pasarela. Lela que se caiga y caiga cada vez que pi…

Una hoja de papel papel

Una hoja de papel papel
y no fiera. Fuera así aquel
papel en que escribiera.
Y no se fuera.

Una hoja de papel papel
y no madera. Fuera suave aquel
papel en que escribiera.
Y no se fuera.

Una hoja de papel papel.
Papel de estrella en una almena
fuera el papel papel.

Así pudiera desde fuera
del castillo verlo arder
en su brillo, en su tinta.
Verlo volar como una encinta
mujer que va a la vida
de un futuro hijo o futura hija
sin rostro, voz, ni cuerpo
en el que cree. Por encima
de morir por él.

Por encima de la almena
donde viera
la luz del papel papel
en que te escribiera.

Rota está la punta fina
de mi boígrafo. Rota
desde que escribí en tu papel
y lo atravesé.

Tan fuerte
que voló hacia aquella almena.
Como un alma hacia una estrella
sin el vicio de morir.

Aunque está lejos de la tierra
en que la vi partir.
Lejos de mi.

Una hoja de papel
papel estrella
me mira con amor furor,
que no deja de ser amor.

Amor me guarda en su brillo de estrella
mas desde lejos me lo enseña
pues sabe que aun…

As de espadas

Miré a la puerta de mi armario que parecía moverse sinuosamente. En él escribí: “Y tú, ¿qué eliges cuando tienes que hacerlo? ¿Lo necesario, lo bueno, lo correcto, lo bello, lo apetecible,…?”. Era una frase que escuché en una película y pretendía que me hiciese plantearme qué me pongo abriese el armario. Me parecía guay, sin más. Curiosamente cuando acepté jugar a ese juego de cartas no me percaté de qué era lo que escogía. No escogía lo necesario. Ni lo bello. No sabía si era lo bueno ni lo correcto, pero era apetecible en aquel momento. Sin embargo ahora mi visión del armario era una superficie de agua viva. Si la visión normalmente estuviese pintada en una cuadrícula perfecta de líneas verticales y horizontales, para mi todas ellas se habían vuelto curvas, oscilantes, parásitas. La vista no me permitía ver, sólo prever. No tardé en caerme al suelo con el tres de espadas en la mano. Me dijo el crupier que si alguna carta acababa en el suelo, perdía el juego. Y perdí. Perdí los ojos.

Quizás, Amor, amor quizás

Cuando oigo escaparse al amor
de pronto me siento solo.
Como vacío.
Como lleno de aire viciado.
Como sombrío.
Siento que no me siento.
Confundido.
Siento ansiedad, añoranza,
alivio.

¿Alivio de qué?
¿Acaso sentirme muerto
por no sentir es alivio?
¡Sí! ¡Así es! ¡Muerto!
Me siento, sin amor, muerto.
La añoranza: seguro que es
por ese amor que pierdo.
La ansiedad: será la pena
de ver al amor partiendo.
Pero algo se resiste en mí a perderlo.

¿Será el amor que queda?
¿Será el miedo
que condena la soledad
en mi pecho?
¿Será que te quiero ahora
y ahora
no lo siento, por temerlo?

Temerlo.
¿Por qué temer al amor
me pregunto?
¿Por qué temo lo que ya estoy haciendo?
Amar, me refiero. Pues amo
y eso quiero.

Quiero amar. Y amo. Y por ello
cuando veo
huír de mí al amor
no comprendo su partida.
Si amo al amor con mi vida…
Si amo amar, en general,
¿por qué se va?
¿Por qué mientras escribo sobre su partida
lo siento regresar?

Quizá… busco demasiadas razones.
Quizá sea culpa.
Quizá me apetezca cenar rec…

Batalla de luces y puños

 Batalla de luces y puños   Batalla surrealista al estilo "shōnen" con final "shōjo"
DRAMATIS PERSONAE 

La VOLUNTAD y sus
OJOS, con sus linternas de pupilas
El AMOR
El ESTÓMAGO
El PUÑO
Un CHICO y
Una CHICA, con linternas de pupilas

NOTA: El género de los personajes es el de la palabra a la que representan.

ESCENA I
Los OJOS de la voluntad tienen agarrado a ESTÓMAGO por la boca. Dentro del estómago, el PUÑO y la VOLUNTAD pelean visceralmente. AMOR está atrapado en los ojos, cuyas pupilas lanzan intermitentemente haces de luz. 

OJOS. – ¡Mírame! ¡Mírame te he dicho!
ESTÓMAGO. – No tengo ojos para mirar
OJOS. – Quítate el puño, o te lagrimeo vivo.
ESTÓMAGO. – ¡No! ¡Lagrimear, no!... Joder, no puedo quitarlo.
PUÑO. – (Desde dentro del estómago, da un golpe a VOLUNTAD.) Esta cae ...
ESTÓMAGO. – ¡Ah! (Grita constriñéndose.)
OJOS. – ¡Ah! (Se agitan llorando.)

PUÑO y VOLUNTAD siguen luchando. VOLUNTAD intenta levantarse del suelo.
VOLUNTAD. – Me encuentro mal .…

Cegata

Johnny nos ha explicado qué hacer con Qaola. A mí me toca ir en coche a Aranches. Allí esperaré a los productores agrícolas que mueven el negocio que nosotros urdimos por dentro. No puede escapársenos nada… Ahora estoy en el mercado… ¡Es nochebuena, Cegata! Y son las ocho de la tarde. Las luces fulguran como los disparos de guerra de Aranches… “Parece que llueve en Aranches” nos dice Johnny. Llueven bombas, miseria y dinero negro teñido de rojo que después decoloramos hasta hacerlo blanco. Eso es lo que llueve… Espera un segundo… Hay que joderse, un narco me ofrece cinco pavos de porros. Parecía saber que estaba hablando conmigo… ¿Ahora? Espero el coche… Oye, ¿haces algo esta noche? Esta nochebuena está siendo muy corta. Ya sabes, nuestro trabajo no es precisamente para gente sedentaria… ¿Te acuerdas cuando nos tomamos esa copa de absenta con tila? Casi morimos, pero sólo nos indujimos la catalepsia que nos permitió matar al cabrón que disparó a Johnny… Creo que me observan. Me voy de…

Papel fría

Cabellos de arena fina tienes, corazón.
La tinta mancha el papel blanco:
luz de amparo. Brilla extraño y profundo,
como el miedo la nieve recién caída.

Los huesos del amor sustentan su belleza,
y el sentir el paso que lapida
fosa vacía de mantos, llena de miedo.
Hace al papel sentirse en un barranco.

Donde los ojos se llenan de arena, calma
de un extremo las manchas, vírgenes.
¡Besos que arrancan mares de sueños
bajo ellas surcados por heridas!

¡Sueños que vuelan con cetros de nubes!
Y de vuelta al otro lado rigen
carmines de ducha caliente perpetua.
De nuevo, fibras blancas de su vida.


 Poema en colaboración con Diana Ferrando Arqued 

¡Mírame!

Abro los ojos.
Veo un hombre beige
de piel de grito
y ceño fruncido.
Habla enajenado
y enajena niños.

Mil desgracias he contado
contando mis miradas furtivas
en un mundo como el mío.

Abro los ojos.
Veo mi mirada huyendo
de la desgracia
de nuevo.

Veo perros humanos
con correa de plomo y antimonio
hecha de sueños y esperanzas
que se rompieron
cayendo a ritmo de reggaetón
a la ignorancia.

Mil desgracias he contado
contando mis miradas furtivas
en un mundo como el mío.

Cada vez que huyen mis miradas
de la desgracia
más carne queda blanca
para encontrar
niños enajenados,
correas sueltas.

Quedan máscaras
que miran huidizas a las desgracias
porque no las merecen.

Mas algo fulgura entre ojos
que no huyen
al cruzarse.
Algo fulguran
y no son desgracias.

¡Mírame...! ¡Tú, que no huyes!



Susurro de hierba

Susurro de hierba Alegoría escénica de una violación y media a dos menores
DRAMATIS PERSONAE
Un niño y/o niña con apariencia de adulto que cambia de identidad su identidad. Otro niño y/o niña con apariencia de adulto que no cambia de identidad. PASTOR, un pedófilo. CAPITANA DEL DESIERTO, un susurro. AVIONES, muchos susurros con olor a nubes.
CUADRO ÚNICO (VIOLACIÓN SOBRANTE I)

–     ¿Lo ves? Siempre hay un susurro. –¿Un susurro de qué?
–De hierba. Y huele a nubes.
De pronto un avión sobrevuela el cielo dejando una estela. Ambos se quedan mirando.

–¡Mira! ¡Por ahí va uno!
–Es cierto… huele a nubes.
–¡Va directo hacia el aire! ¿Lo ves? ¡Como un suspiro! ¡Hacia el aire!
Pausa.

–Pero no entiendo lo de la hierba. –(Enfadado.) ¿El qué? –La hierba… Lo de que un suspiro huela a nubes, lo entiendo. Pero no sé qué tiene que ver el olor a nubes con la hierba. –(Cínico.) Claro que no lo entiendes. –(Ofendido.) ¿Un suspiro de hierba? ¿Qué soy, una llama escupiendo con la boca llena? –No. Con la boca vacía. Las ll…