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Mostrando entradas de marzo, 2015

El dolor más placentero de mi vida

Muy bien, hagamos un resumen: culpa más autoestima deficiente, más desrrealización psicológica, más alienación, más creencias falasas es igual a pérdida de felicidad -al estilo Schopenhauer-, elevado a la enésima potencia. Esto podría representar una sucesión de una variable n que tiende a infinito. A esa tendencia le llamamos "desesperanza". Sí. La verdad es que me dan bastante bien los cálculos. Bastante exactos. Horrendamente exactos. Maravillosamente y macabramente exactos.

Sí, creo que es la hora de pegarme un tiro. Así. Exacto. con la boquilla bien apretada al corazón para gozar del morbo de los minutos previos a la muerte. ¡Así! ¡Que duela! Apretarme tanto tantes de dispararme que la primera sangre venga de la mera presión premotrem de esta boquilla.

¡Sí! ¡Sí! ¡Sí! ¡Oh, sí! ¡Mi sangre ya brota de mi piel! Una gotita. Sólo una gotita por apretar mi odio contra mi piel. Mi odio a mí mismo. A n que tiende a infinito. ¡A mi existencia!

¡Dios! Nunca vi tan placentero el d…

Contaminación anímica

Hoy me apetece respirar el aire sucio de Madrid. Otra vez. Ese aire que hacía una eternidad que no respiraba. No porque no hubiese aire -ese aire sucio-, sino por haber perdido la cualidad de repirar.

Otra vez puedo respirar el aire sucio de Madrid. Sentir cómo me contamina de nuevo. Sentir ese siniestro polvo negro que imagino en mi cabeza cuando llega a mis pulmones. Sentir que estoy contaminado de aire sucio. Pero no de vacío. No de confusión. No de mental presidio. No de cutiverio del alma. Sentir que cuanto más me contamino de ese airemás termina el calvario. Ese que llevaba durando eternidad y media, que podría haber llegado a dos, o a una eternidad eterna.

Si no hubiese ocurrido esa noche... Esa noche como sable de carmín. Esa noche como llave que me permitió abrir puertas. Una a una sin darme cuenta. Esa pequeña gran epifanía...

Ahora no sé qué voy a vivir. Ni si quiera estoy seguro de qué estoy viviendo. Lo único que sé es que ahora el viendo da en mi cara. Lo único que sé y…

Escisión metálica

Encerrado entre cuatro paredes de estaño fundiéndose. Donde deberían haber tabiques, hay chorros ígneos de ese metal fundido, que al llegar al suelo desaparece. El estaño huele a mar sucio y el vapor transparente de esos chorros metálicos que forman las paredes de mi habitación me embriaga. Me aliena dentro de mí mismo. Lentamente.

Cuando quiero salir de aquí, sólo necesito abrir una puerta. Es curioso cómo, entonces, las paredes se vuelven de hormigón. Y el hedor deja de brotar de un estaño fundido que deja de existir. Si salgo de mi habitación me libro del hedor del estaño. El problema es que mi habitación es mi habitación. Mi hogar funesto. Mi dulce nicho.

Luego vuelvo. Cuando cierro la puerta al entrar de nuevo, de nuevo las paredes son estaño que huele a mar sucio. A veces me pregunto si ese hedor tiene corticosterona o algo así, porque olvido todo sentimiento alegre que haya venido de fuera de esa habitación. De esta forma mi mundo se escinde en dos: en uno en el que puedo o no …

¡Por la boca muera el mar!

Llórame, mar, tus consuelos, que yo te escucharé con mis gritos y caminaré a tus tormentas a que me traguen. Y tendrás tanto miedo, mar, que vomitarás la brisa hacia tu boca de playa, y la arena ganará a tu terreno húmero. Llórame, mar, tus consuelos, que yo te escucharé con mis chapoteos rabiosos e infantiles sobre tus olas. Y tendrás tanta ansiedad que las ondas que se extenderán sobre tu suelo jamás podrás quitártelas, y recorrerán tu Natural conciencia por la eternidad.

¡Que incluso cando muera, yo, ahogado en tus olas, el hedor de mis felicidades muertas contaminarán tus peces, y morirán con mis alegrías! ¡Que incluso cuando muera, yo, ahogado en mis gritos de demora, esperando que dejes de temerme y lleves a tus olas, mi ropa desgajada y rota, pelada junto con mi piel por el cuchillo de la vida, cubrirá tus aguas como si de pétalos rotos se tratasen!

Y todas esas cáscaras de mí ondearán de nuevo tu ansiedad como lo hicieran aquellos chapoteos rabiosos. Y entenderás, de una vez p…

¡Por la boca muera el mar!

Llórame, mar, tus consuelos, que yo te escucharé con mis gritos y caminaré a tus tormentas a que me traguen. Y tendrás tanto miedo, mar, que vomitarás la brisa hacia tu boca de playa, y la arena ganará a tu terreno húmero. Llórame, mar, tus consuelos, que yo te escucharé con mis chapoteos rabiosos e infantiles sobre tus olas. Y tendrás tanta ansiedad que las ondas que se extenderán sobre tu suelo jamás podrás quitártelas, y recorrerán tu Natural conciencia por la eternidad.

¡Que incluso cando muera, yo, ahogado en tus olas, el hedor de mis felicidades muertas contaminarán tus peces, y morirán con mis alegrías! ¡Que incluso cuando muera, yo, ahogado en mis gritos de demora, esperando que dejes de temerme y lleves a tus olas, mi ropa desgajada y rota, pelada junto con mi piel por el cuchillo de la vida, cubrirá tus aguas como si de pétalos rotos se tratasen!

Y todas esas cáscaras de mí ondearán de nuevo tu ansiedad como lo hicieran aquellos chapoteos rabiosos. Y entenderás, de una vez p…

Colorama

Hay muchos colores aquí. Los ríos son verdes, las montañas naranjas y el pasto azul. Una marabunta de cabras moradas viene terremoteando, con una alegría que vuelan sobre nuestros tímpanos, hacia nosotros: dos senderistas en un mundo colorido que existe inexistentemente. Existe porque en él habitamos, como un camaleón vive en su camuflaje, pero no significa que él sea del color que se pone.

Lo que pasa es que nosotros no podemos cambiar de color. De alguna forma las casas las veo negras y anaranjadas, las bodas rojas y blancas, la sinestesia es azul con motas verdes; a ti, compañera de senderos, te veo azul claro con motas blancas y verdes oscuras, y tú a mi, naranja y azul.

Y sabemos que los colores nos evocan. Si me preguntas qué tal estoy y te digo "negro transparente" o "lila oscuro" o "blanco manchado" o "verde", sabes exactamente cómo me siento. Y si me lo preguntas a mi, también. Por este mundo de colores ambos nos entendemos.

Pero es un…

Una de las veces que morí

Varios días ha durado
ha durado mi muerte.
Estrangulado por la vida
desexistió mi suerte.
Y mis venas fueron llenas
de lágrimas transparentes
limpiando el barro de mi tumba
al derramarse por el césped.
El cementerio está lleno
de litigios y de intentos,
pero todos esos muertos
ya murieron varias veces.
Todo el que ve una tumba
(que es solo del muerto postrero)
nunca observa cuantas veces
murió en vida cualquier muerto.
La vida no es más que un juego
en el que varias veces se muere
hasta que llega un único día
en el que ya no se reaparece.
Varios días ha durado
ha durado mi muerte.
Ya de morir he regresado
y al vivir ya no sé ni verme.
Al final de esos días
antes del fin de mi muerte
soñé que estaba yo mismo
mirándome de frente.
Un yo viendo el horizonte
ya sin gotas transparentes,
se gastaron por sus ojos.
Se fue por donde fue la suerte.
Varios días ha durado
ha durado mi muerte.
Y ya no sé reconocerme
desde antes de que muriese.