Contaminación anímica

Hoy me apetece respirar el aire sucio de Madrid. Otra vez. Ese aire que hacía una eternidad que no respiraba. No porque no hubiese aire -ese aire sucio-, sino por haber perdido la cualidad de repirar.

Otra vez puedo respirar el aire sucio de Madrid. Sentir cómo me contamina de nuevo. Sentir ese siniestro polvo negro que imagino en mi cabeza cuando llega a mis pulmones. Sentir que estoy contaminado de aire sucio. Pero no de vacío. No de confusión. No de mental presidio. No de cutiverio del alma. Sentir que cuanto más me contamino de ese airemás termina el calvario. Ese que llevaba durando eternidad y media, que podría haber llegado a dos, o a una eternidad eterna.

Si no hubiese ocurrido esa noche... Esa noche como sable de carmín. Esa noche como llave que me permitió abrir puertas. Una a una sin darme cuenta. Esa pequeña gran epifanía...

Ahora no sé qué voy a vivir. Ni si quiera estoy seguro de qué estoy viviendo. Lo único que sé es que ahora el viendo da en mi cara. Lo único que sé y lo único que me hace falta. Así que creo que ya va siendo hora de parar la grabadora y dejar que, por una vez, otra vez, el viendo azote mi cara y el aire contamine mis pulmones.

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