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Contaminación anímica

Hoy me apetece respirar el aire sucio de Madrid. Otra vez. Ese aire que hacía una eternidad que no respiraba. No porque no hubiese aire -ese aire sucio-, sino por haber perdido la cualidad de repirar.

Otra vez puedo respirar el aire sucio de Madrid. Sentir cómo me contamina de nuevo. Sentir ese siniestro polvo negro que imagino en mi cabeza cuando llega a mis pulmones. Sentir que estoy contaminado de aire sucio. Pero no de vacío. No de confusión. No de mental presidio. No de cutiverio del alma. Sentir que cuanto más me contamino de ese airemás termina el calvario. Ese que llevaba durando eternidad y media, que podría haber llegado a dos, o a una eternidad eterna.

Si no hubiese ocurrido esa noche... Esa noche como sable de carmín. Esa noche como llave que me permitió abrir puertas. Una a una sin darme cuenta. Esa pequeña gran epifanía...

Ahora no sé qué voy a vivir. Ni si quiera estoy seguro de qué estoy viviendo. Lo único que sé es que ahora el viendo da en mi cara. Lo único que sé y lo único que me hace falta. Así que creo que ya va siendo hora de parar la grabadora y dejar que, por una vez, otra vez, el viendo azote mi cara y el aire contamine mis pulmones.

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La bandera

Cada vez que te abrazo, muchas cosas me pasan. Siempre mis manos a tus largos bosques se lanzan y cuando te acarician se enganchan en sus ramas. Bajo esas largas ramas siempre encuentran tu espalda. Planean en los surcos de tu piel, como emplumadas como sin peso, y aterrizan en tu piel de nácar. Y pecho y pecho. Mejilla y mejilla. Juntadas, tras del aterrizaje, como visagras. Como si en pulso y rubor se juntara el alma. y que los pulsos y rubores se contagiaran. El contagio, en un desliz voluntario, atrapa de improviso los pares de labios que, aunque escapan de la atadura del pulso y rubor, no se marchan. Y en un vaivén, los labios atados, se desatan y el aire vuela, vuela y vuela entre las visagras. Pero aunque vuela, cambia y baila, luego se apaga y solamente el silencio suena, labios en calma. Y al abrir los ojos, y reenfocar la mirada veo tu cara, el rostro precioso al que besaba. Ese rostro. Un rostro que es una bandera izada sobre el mástil de un cuerpo de una belleza franca. Un

Un abrazo

Alquitranes húmedos besan mis sketchers ya pasadas dadas de sí por miles de pasos. Unos andados, otros bailados. Otros que buscan algo. A veces, en estas noches como un pecíolo de hoja que, en otoño se resquebraja en silencio mucho antes de caer, mi ánimo, también se resquebraja. De mis ojos salen lágrimas  que son de aire porque la humedad la tienen el alquitrán y mis pasos y mi sudor y mis pasos. Y por la soledad de dentro de mis ojos no sale nadie. Muchísimas noches abrazaría el aire me devolvería el abrazo más amable el más tierno, el más gentil, y el más suave Pero es que de todo eso es demasiado el aire y se desharía entre mis manos de carne. Necesito un abrazo que sea tierno y terso y firme y sinuoso. Justo como el dibujo del resquebrajo de ese pecíolo qué está en mi ánimo. Un abrazo  que dibujara el resquebrajo pero en sentido contrario: que acabara de romper o reparase esa hoja. Un abrazo. Que me impidiera llorar o precipitara el llanto. O quizá a encontrarme o romperme con ot