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Mostrando las entradas etiquetadas como Sensorial

Manos de tierra

Tus manos esas que tocan como agarrando  la tierra. Esas que tiemblan como las fallas y se deslizan y que se erizan y nunca callan. Esas que se anclan a la piel como los ojos a la playa y el mar a las arenas. Manos tuyas de amor de tierra que aman desde el mar a la sierra y de la euforia hasta las penas. Manos tan grandes como fuertes, tan fuertes como tiernas que te agarran como las raíces  aman a la tierra, y no la sueltan. Imagen generada con Google AI Studio (Dedicado a un hombre que es oasis de ternura)  de ©Shathu Entayla

Sed de pájaro

Me encontré con un anciano de piel seca y raída por el tiempo. De manos temblorosas de nervios. De ojos vidriosos de sed. Déjame que me detenga un momento en esta sed, porque era incomprensible. Le llevaba agua y la escupía, o la tragaba sin saciarle. La sed de ese anciano era de otra naturaleza. «No es a mí a quien deberías de cuidar» —me decía. Pero yo no le escuchaba porque el tiempo se acababa. Y no engordaba. Y tocar su piel empezaba a parecerse a tocar una espiga de trigo. Entonces pasó algo que no podía verme venir. De pronto le vi sonriendo como alumbran mil soles. Lloraba de alegría y miraba al suelo. Sobre su mano tenía una pluma verde, preciosa. Ese día dijo: «Ya no tengo sed». Nunca había dormido tan bien desde que le conocí. Sentí una envidia inenarrable, pero no sabía bien a qué. Pero los días pasaban, y esa alegría era fútil como el silbar del viento cuando no hay brisa; que parece un milagro. Y el silbido paró. Y, de pronto, se moría de sed y su piel era, de nuevo, de t...

El espacio en que fui tuyo

Así me miras como si sólo fuera tuyo. como si mi carne y cómo respiro vivieran sólo en tus dominios, como si yo pudiera salir pero fuera quedarme lo que elijo. Me miras como vestida con un traje de prodigio  que dejan vida y libertad a un lado En el que elegí que ya no elijo. Me miras como si solo fuera tuyo. Me miras como si así siempre hubiese sido. Empiezas con uñas como espadas, y me pegas y, sin querer, grito y ese grito y que lo pares pido porque no quiero gritar más pues no gritar más es quitarme ya una libertad que ahora no preciso aunque es precisamente por libertad  (aunque sin parecer verdad) por lo que grito. Me miras como si me crearas  y yo te creo y te doy las gracias. Me cuidas cuando me atrapas. Me haces temerte cuando me amas. Y esas aguas contrarias, que me hacen a mi llorar otras aguas, flaquean el báculo de tus manos y viendo que me rompes, amenazas con parar el viaje hacia el espacio más cercano al ser sin ser hacia el que estábamos andando: a un tra...

Ojos de marisma

Tus ojos verdes verdes cobijan como las marismas a las garzas. Y es que con su mismo verde brillan como brillaren las verdes ascuas. Como las marismas, que son puente entre el agua dulce y la salada es tu mirada desembocarme donde juegan la vida y la calma. Me miro en tus ojos como un niño. Te veo, y en tus ojos, que me amas. Y el tiempo entre mis ojos nos mira vivir tan despacio que no avanza. Como un balancín que nunca cae equilibrado como por magia. Como cuando vives los latidos y que parece que no sonaran. Como los momentos de bailar que son como besos sin palabras. Así miran mis ojos tus ojos como a marismas maravilladas. Mis alas se limpian en tus ojos como se limpia el alma en el agua. Mi vida brilla mejor, más fuerte porque lo mejor de ella refractas. Cuando ya se han ido tus marismas no vuelan tan felices mis garzas por eso aprovecho tu salobre: que mis alas queden impregnadas de ti; que mi aleteo recuerde a tu risa libre, de esperanza en el presente; que mi boca hable travies...

Tener libido es de aliens

Leo una novela erótica. Me enternece la complicidad. Se ponen a follar. Me pongo nervioso. No cachondo, no. Nervioso como el gerbo que huye. Leo el polvo como leo un epitafio y me fuerzo a acabar el capítulo. (Aunque los nervios no querían). Una, tiene un orgasmo: vital y místico. Otro, no se corre pero: vital y místico. Se despiden. Se besan . Me enternece la complicidad. Acaba el capítulo. Cierro el libro. ... Me entran ganas de llorar. Acabo de leer sobre aliens. Los aliens no son de mi especie. Funcionan distinto. ... Me entran ganas de llorar. porque yo antes era un alien. Siento que nunca he follado. La parte de mi que folla se ha roto. Siento que nunca he querido hacerlo cuando siempre tuve luciérnagas en los ojos con los que miro todo. Algo de mi alma se ha roto. Y estaba en mi cuerpo. Y, dentro de mi cuerpo, en mis ojos. Algo de mi alma se ha roto. Algo vital y místico, como en ese polvo, que ahora es polvo de mis ojos. de ©Shathu Entayla

En la tierra, el amor (ovillejo)

Nunca es cuestión de poder, querer. Porque... es que yo todo siento. Los vientos son esos cantos arcanos lejanos que salen de boca a manos. Por eso yo quiero amar. Porque en la tierra, es crear querer los vientos lejanos. Edición sobre la imagen de Daniel_Nebreda  en Pixabay  de ©Shathu Entayla

Mañana negriblanda

Y te miro y ya te palmo y te susurro  para no hacer ruido  a las musas que están mirando. Por tus ojos negros como lunas negras y el turrón semiblando de tus labios. Semiblandos son tus labios porque son el punto perfecto entre el turrón alicantino y el turrón de yema de huevo en consistencia.  Pero elásticos. Y le ganaría un pulso en resistencia  a los turrones duros clásicos. Esos turrones, al besarlos, te besan, pero no tanto como te miran esos ojos  mucho más negros que pardos. Lunas negras son tus ojos  y acaso abismos  y conticinio que susurra el silencio antiguo; que te mira si lo estás mirando. Como la luna, pero en negro, negro azabache, negro cerrado como la noche, como el pecado, como la sombra que sobre mí proyectas, como a oscuras abrazarnos. Abismos negros que abrazan tus ojos. Turrones lúbricos blancos tus labios.  La dulzura de unos  me pierden y en tus tiernos ojos  me acabo como acaba el día y la vida, como acaba el año...

La ventanilla (Cariño 0)

Y cuando me metí en el bus te miré y te seguí mirando desde la ventanilla para aumentar los fotogramas de tí, en mi retina. Una despedida real  de ©Shathu Entayla

Revoler-vo, jorekoshi (poema en lenguaje sensorial)

Este poema es un experimento. Está escrito en un idioma de gramática cercana al español, pero las palabras y la morfosintaxis así como el léxico de estas ha sido modificado sensorialmente, es decir, las palabras han sido traducidas a un "lenguaje sensorial" inventado y único para este poema. Bajo él, la traducción en español.  REGLAS FONÉTICAS DE LECTURA:  - Las “v” se leen como “v” francesa /v/. Fricativa labiodental sonora.  - Las “sh” se leen como “sh” inglesa. Fricativa postalveolar sorda.  - Las “j” se leen como en español. Aunque también pueden leerse como en inglés, y queda chulo.  EL POEMA:  Revoler-vo, jorekoshi Reckett.  Reprost.  Voler-vo koshi i-nou.  Voler-vo servoler-vo koshi.  Vo.  Jovoler-vo koshi.  Jonada-vo.  LA TRADUCCIÓN:  No hacerlo no será bueno. No puedo.  No quiero.  Hacerlo es bueno para mí.  Hacerlo haría que fuera bueno.  Sí.  Hacerlo bien lo será.  2023 © Shath...

Las otras mismas estatuas

Tamara Kvesitadze hizo "Ali y Nino": ese par de estatuas que se entrelazan pero que jamás se tocan. Ali, era musulmán. Nino, cristiana. Tamara, quería hablar de un amor imposible pero que no se puede borrar. Yo, no veo eso. Yo veo dos cuerpos que de vez en cuando comparten el volumen de su espíritu y siendo uno, son ellos. No es, para mí el relato frío de las almas que quieren y nunca se mezclan. Es, más bien, el relato cálido de las que no se distinguen juntas y que, a la vez no dejan de ser ellas. Es el relato de la permeabilidad, de la identidad humana, que es bella y una por ella misma, pero que cambia de forma cuando otra la entrelaza. Y viceversa. Es, para mí, el relato que dedicaría a mis manos. El relato sobre las pieles que asgo, que acaricio y que amo. El relato de lo suyo dionisiaco, del éxtasis; del olvido de uno mismo en el contacto con otro, pero sin nunca perder la esencia en el tacto. Estas no son las estatuas de Tamara. Pero, abriendo el corazón podrían serlo...

La bandera

Cada vez que te abrazo, muchas cosas me pasan. Siempre mis manos a tus largos bosques se lanzan y cuando te acarician se enganchan en sus ramas. Bajo esas largas ramas siempre encuentran tu espalda. Planean en los surcos de tu piel, como emplumadas como sin peso, y aterrizan en tu piel de nácar. Y pecho y pecho. Mejilla y mejilla. Juntadas, tras del aterrizaje, como visagras. Como si en pulso y rubor se juntara el alma. y que los pulsos y rubores se contagiaran. El contagio, en un desliz voluntario, atrapa de improviso los pares de labios que, aunque escapan de la atadura del pulso y rubor, no se marchan. Y en un vaivén, los labios atados, se desatan y el aire vuela, vuela y vuela entre las visagras. Pero aunque vuela, cambia y baila, luego se apaga y solamente el silencio suena, labios en calma. Y al abrir los ojos, y reenfocar la mirada veo tu cara, el rostro precioso al que besaba. Ese rostro. Un rostro que es una bandera izada sobre el mástil de un cuerpo de una belleza franca. Un ...

Te cuerpo de menos

Echo de menos el petricor de la habitación tras llovernos sobre las sábanas; dormirnos en su humedad y calidez, como si de una hoguera se tratara.  Echo de menos las formas de tu piel, esculpidas por la sinuosidad, sencillez y belleza del viento, por las que mis manos, como hojas, pueden planear.  Echo de menos tu sonrisa de niña, tus ojos de almendra dulce, tus labios de cera blanda, tu cuello de bailarina, y el campo de espigas del pelo de tu nuca, que al acariciar, acarician.  Echo de menos tu candor maduro, tu inocente inteligencia, tu espíritu de ave pequeña y alas inmensas.  Echo de menos cómo te maquillan tus ojeras, los ríos y enredaderas de tus estrías, tus glúteos de negra y tus senos de aguacate.  Echo de menos tu sexo, su laberinto de pliegues, su humedad que atrapa y cuida al mío cuando te lo guardas dentro.  Te echo de menos desde mi cuerpo, desde mi corazón. A veces ignorando el pensamiento. Echo de menos tu cuerpo, es decir a ti, y todo lo q...

Remos aconchados o La Lúna

Entre sales de conchas vivo que fueron antes de sal, conchas duras. Me embalsamas con corales rojiblandos  poblando mis aguas mudas para que me ampare la Lúna; y con esas arenas de brazos me acunas en tu almaternura; y como faro sin faro, ¡fareas luces como las de la Lúna! Y aunque acepto cada fotón reflejo especulado hacia mi nuca, confío en que no olvidas alumbrarte a ti las uñas que de rascar mis aguas y acunarme pueden salirte arrugas. No te acerques ni te vayas que los dos tenemos Lúna y aunque tengas más luz que sombra y yo más su cara oculta ambas son Lúna, y mueven aguas y ambos guiamos barcos, sin duda. Tú, por que aprendes deprisa. Yo, sabio que no aprende nunca. Y ambos en barcos contiguos, el mismo remo, y las mismas musas que nos inspiran a surcar las aguas y a beberlas sin beber torturas. Gracias por farear mi faro con poesía, con ternura que con amor los cristales y el agua se me jidisuelven en virutas. Imagen de flutie8211 en Pixabay  de Julio de 2019 ©Shathu ...

Fantasía lupina

En una noche de cielo marino oscuro y abisal con tenues nubes errantes rojigrises pardiblancas hemos dejado al Placer guiarnos haciendo de nuestra piel, lobas que derriten el hielo con sus patas de piel y vello, con correas al cuello. Someternos cuerdas a las cuerdas de su trineo. Cada gemido un camino en la montaña. Cada orgasmo un salto lupino esculpido en el hielo. Nosotras, las lobas, sometidas al Placer. En uno de esos saltos rompernos salir disparadas notar la brisa que se  choca  con el cuerpo antes de tocar el cielo y caer sabiendo que al caer  nos partimos en dos. Y que al hacerlo, al partirnos sin rompernos, sale humo denso casi líquido balsámico lúbrico y poderoso algo cítrico algo dulce y muy sabroso que disuelve el hielo alpino. Querer partirnos en dos y que cada parte vuele hacia el lado contrario y poco a poco aminore para aterrizar suavemente sobre el orgasmo. Cada loba un orgasmo cada gemido  un aullido cantado trazado en el aire. Orquestar los aulli...

Fórmula para un nuevo estado de la materia

Si el estado nuestro oscila entre gaseoso y sólido, y normalmente somos líquido, hay muchos estados intermedios. Uno hierve cuando se enfada pero efervesce al ilusionarse. Uno, líquido, entiende mejor y más entiende cuanto más caliente sin llegar a hervir. La tristeza por su parte es magmosa pero es solo su textura, porque es fría. La nostalgia es más fría todavía pero es más bien nebulosa. La alegría es plasmática.  Caliente. Fluida. Y eléctrica. Y se pueden hacer estados infinitos. La mayoría de estados no tienen nombre. Hay uno que me interesa en particular. Un estado entre líquido y sólido pero muy ligero y que, alrededor, emana un perfume con sabor a hogar. Este estado, si lo tocas es cremoso como un ungüento pero sedoso y etéreo. Al extenderlo por la piel se absorbería, pero nunca se pegaría Y el perfume huele y está caliente. Este estado es especial porque deviene  del amor sin objeto del amor que se irradia al mundo. Es el estado de la materia  del corazón encendi...

Poseidón

Me encanta que el mar,  inmenso hasta la astrofobia,  me aceche sutilmente,  tocando casi con vergüenza mis pies  con el borde de sus reinos.  Si creyese en un dios sería en el mar.  Solo algo así puede ser mi dios;  pura Potencia y pura Ternura.  Inmensas. Pero afortunadamente, no es Dios,  porque de serlo sería infinito,  y solo siendo finito podemos  tocarnos mutuamente nuestros bordes. NOTA CONTEXTUAL: escrito durante mi primera vez en Málaga, durante mi primer bolo de gira en teatro, en agosto de 2018.  de ©Shathu Entayla

Málaga

Málaga, que huele a espetos y arena,  que sabe a pan.  Blanco, en sus días de verano.  Tostado, en tristezas y calor.  Rayado, en las costumbres del día. Sus baldosines son de migas de sal,  sus palmeras, graciosos obeliscos  y entre la inmensidad de mar y laberintos,  de alcazabas, teatros, Gibralfaros... ese aire de manos de madre te abraza,  y con su alto vestido gris de plata, te tapa.  Para que brilles si disfrutas.  Para que lluevas si te amargas. NOTA CONTEXTUAL: de mi primera vez en Málaga, durante mi primer bolo de gira, en agosto de 2018.  de ©Shathu Entayla

Lo inevitable

Tu piel es como vestir una hebra de hierba Y, acariciarla, como tocar la piel del agua y que fuera caliente y que no se rompiera. Tus ojos guardan la abundancia del mundo, lo liviano del tiempo, y de la paz, lo secreto. Me abraza pensar en tus ojos. Dentro. Tu cuerpo me es inevitable como tu amor por la vida y el titilar de tu risa brisácea; como tus muecas salvajes y el vibrante candor de tus gestos. Tu cuerpo me es inevitable como el deseo y la paz; como el amor y el tiempo. Tu cuerpo es inevitable como tu arrojo. Como el viento. Has revivido en mí la valentía hacia el misterio. La simpleza del enigma. La frescura y la osadía. La ceguera ante el peligro. Has revivido en mí una esperanza que creía muerta La que me hace apreciar la belleza. La de lágrima fácil. Y ahora veo belleza por todas partes. Enamorarme de ti me hace inmortal. Y por eso todo es bello. Todo es blanco, y ya no hay grises. Todo es bueno y ya no hay guerr...

Lo que siempre te digo, que nunca te dije

Hace poco hice un directo en mi instagram de youtuber (@ensayarte) con motivo del festival " Búnker Poético ". Y recité, por primera es este poema completo. A petición popular , después de más de cinco años que lo hice, lo publico: Lo hice con motivo del VII Concurso de poesía de RNE , el que se pedía una obra de, mínimo, quinientos versos, y este poema se hizo  ex profeso  para ese concurso. ¡Que lo disfrutéis! :) de ©Shathu Entayla

Al final de las nubes

Las nubes son los portales a otros universos nuevos. El vuelo pertenece a los anales de los saltos. Uno grande alcanza una nube, sales abrigan sus alas metálicas; las ventanas, mil panales de mil abejas humanas. Y ninguna se fascina. Y yo veo rayos, y a Zeus saludando. Y se obstina mi vista en besar relámpagos. Volando todo se difumina. Solo existo yo y la niebla, que puede, y no me extermina. Y sigo volando... Vuelo... Imagino que al pasar la turbulencia, cualquier cosa podría saltar a lo real. Sin aviso. Y veo a la tierra hablar y los cráteres lunares danzar muy lejos. Danzar lanzando serpientes blancas. Algunas que brillan más miman y cubren mi cara. Cara que se amaina ya. Pues a mi alrededor, nadie reacciona. Nadie se da cuenta de que vuela, ¡dios! ¡Mírate! ¡Puedes volar aunque no sientas el aire! Y al final me puede más el ronquido, y ese hartazgo, y el cansancio, que volar. Y me duermo. Y así, pierdo mis ojos niños. Volar ya solo es viajar...