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Mostrando entradas de febrero, 2014

San Sin Santo - III: Rejuveneciendo

San Sin Santo - II: Madurando

Sí, como cuatro ruedas de camión, dos ojos penetraron a mi único corazón, como si no hubiese ningún obstáculo entre ellos. La conocía muy bien, ¡y tanto! Era mi madre.

Decidí seguirla hasta el prostíbulo. De pronto todas mis amigas volvieron a ser mis amigas. Patty también. Pero mi madre desapareció de pronto, como si cuatro ruedas de camión, que son dos ojos, bla, bla, bla, y dejaron un amuleto que me sonaba mucho. Tenía la forma de un ceda el paso, pero con una zumo de naranja.

Definitivamente era mi madre, no podía ser otra. Tampoco había mucho donde rascar: mis amigas ya no eran mis amigas: es que ya se había ido mi madre.

Entonces volví al ceda el paso, con un zumo de naranja, y zumo de naranja en un ceda el paso en forma amuleto. Ya ha pasado un día y una noche desde que estoy contando esto, ¿eh? ¡Qué capacidad de síntesis!

El caso es que, esperablemente, al día siguiente decidí volver a ver la luna, en el prostíbulo. Empecé a preocuparme.

Mis amigas empezaron a flirtear como lo…

El Muñeco de Trapo

Había pasadotodo tipo de trampas, máquinas que me pisaban y que me llevaban de una cinta a otra, pero eso me iba construyendo día tras día que pasaba, junto con muchos compañeros míos. Pasó un tiempo, y al ver que mis amigos seguían cintas distintas a la mía, lo tuve claro; tenía un sueño: ser el mejor muñeco de trapo del mundo. ¡Sí, ese era mi sueño! Pero de pronto, caí en una cesta llena de muñecos como yo, e iban cayendo más sobre mí.
Estuve oculto un tiempo, hasta que unas perversas manos nos desparramaron a todos por una mesa enorme. Y un montón de manos, también enormes, nos cogían. Estaban tirando a mis amigos a un contenedor gigante. En él ponía “Basura”. Imagino que será la empresa que nos distribuye. A los que quedamos, sin embargo, nos llevaron a un sitio en el que nos encerraban en una especie de envoltorio transparente que se ajustaba a nuestra forma. Tuve miedo…
El viaje fue aterrador, me sentí muy solo, pero al fin llegué. Abrieron una puerta enorme, me sacaron de dond…

San Sin Santo - I: Adolesciendo

Adolesciendo Con mis manos manchadas de zumo de naranja derramado, me dirijo a un descampado. En él está aquella señal de tráfico: ceda el paso. Al fin tengo la respuesta que quería, todo ha sido por el zumo de naranja. Hasta que me atropellan.

Mi cara se despeja frívola más que fría, en una tarde de febrero, en contraste con el día soleado que hay hoy. Cuando unos se calientan, yo me enfrío. Me parece a mí que el sol no está muy de mi parte. Yo debía de ser más de lunas.

Entonces me quedé sentada, donde siempre, en la puerta del prostíbulo, esperando a que alguna prostituta no saliese llorando de allí a las siete de la mañana. Alguna vez había pagado o tomado los servicios de alguna de ellas. En el primer caso las daba un zumo de naranja y me iba. En el segundo, no lo hacía si no me hacía amiga de ellas. Por eso sólo tengo treinta amigas. Por eso no tengo un solo amigo. Sí, soy una tía boyera, ¿algún problema?

Entonces veo frente a mí un descampado (del que hablaba al principio, y ta…

Puñales Heridos

Cuando puñales heridos
te dañan tu mundo
y se deshacen al no poder
clavarse enteros.

Cuando puñales heridos
se hieren entre ellos
y ven la viga en el ojo ajeno
y no el abismo en el propio.

Cuando puñales heridos
se matan pensando en el odio
y sus caminos se cruzan de nuevo
sin gavilanes ni aceros.

Cuando puñales heridos
son corazones negros
y almas blancas esperan en ellos
una venda certera.

Cuando puñales heridos
hieren a vendas certeras
ya no hay nadie que cure
balazos en pechos en carretera.

Cuando se muere por dentro
y aun vivo el puñal sigue eterno
existen vendas certeras
que tapan hoyos ajenos.

Cuando se muere por dentro
y se decide matar a los sueños
es cuando quien hace las vendas
se pone a herir agujeros.

Cuando se muere por dentro
y cuando hay puñales heridos
los gavilanes se cruzan
pudiendo haber sido amigos.

Cuando hay puñales heridos
al morirse por dentro
se ven hoyos que no se tienen
y se obvian las vigas.

Cuando tus sueños se mueren
eres un puñal herido
esperando vendas…

Oxígeno

Una tarde de miércoles de ceniza. Estaba paseando por el bulevar de una rambla cuando vi unos soportales que daban a un parque cercado. Hace mucho tiempo que no veía a mi mujer.
     Una tarde de miércoles. Ceniza. Yo en el suelo. Me había desmayado, pero acababa de abrir los ojos. Me dolía mucho la cabeza. Traté de levantarme pero mi cuerpo no me respondía: sólo mi cabeza, que se cayó arrastrada por mi propio peso, dándome en la frente, como si todo mi cuerpo fuera un látigo y mi cabeza fuera la punta viva que golpea el suelo.
     Me costaba respirar. Intenté gritar, pero salió oxígeno. De pronto noté una vibración en el suelo con mi mejilla y vi venir corriendo unas playeras que me echaban arena en la boca. También me preguntaron si estaba bien. Entonces dijeron: “¡Ayuda!”. Me he puesto nervioso pero sólo se mueven mis ojos. “No sé qué está pasando”, pienso.
     Veo dos brazos que van a mis axilas y de repente mi cabeza se levanta del suelo.
     Sigo gritando, pero mis cuer…

Humo

John se despertó, pero Jim no. La luz del sol entraba por la ventana y John se tapó la cara con la manta, me miró y bostezó. Le di mi anillo y lo dejó en la mesilla mientras se levantaba. John empezó a vestirse ante mis ojos, pero preferí quedarme tumbada y no mirarle. Se iba de la habitación. Le dije “¿A dónde vas?”.

     -     A desayunar.
     -    ¿Con el chándal y la gorra de yankee?
     -    Nunca me quito la gorra.

     Finalmente el “chico guay de la gorra” salió por la puerta. Me levanté, distinta de cómo me había acostado: casi desnuda. Le seguí hasta el salón. Me senté a su lado mientras se encendía un cigarrillo.

     -    Jim sigue en la cama, ¿no? –dijo él mientras me miraba-.
     -    Obviamente.

     John se quedó pensativo, mirando al televisor apagado, mientras se hacía un pitillo que aspiraba rápidamente. Veía cómo el cigarro se consumía en esa antigua y diminuta pantalla cuadrada, a la par que su aliento. Se lo quité antes de que se quedara hasta sin el filt…

Dos Enemigos Compañeros

Érase una vez
un erizo que había nacido sin púas
y llegó un día
que vio un albergue abandonado en el monte.
No sabía qué era.
Y empezó a llover recio
y el agua caía
muy fuerte desde el techo del albergue.
Una cascada
de agua tenía enfrente
entonces sus púas
no le protegían de la enorme lluvia.

Pensó protegerse
metiéndose dentro del albergue
pero por la puerta
pasaban torrentes de agua helada.
Se moriría
y no tendría
qué protegerle.
Pues ni sus púas
lo harían aunque las tuviese.

Pero atravesó
el agua que caía del techo del albergue
y se refugió
y desde dentro vio el agua de fuera.
Observó.
Y se quedó dormido dentro.

Tras llover
el sol salió, como siempre.
Llegó la noche
como el sol antes había venido.
Y vio caer
una gota
en su piel

sin miedo
sin frío

La última gota de lluvia.
El último erizo vivo
aun sin púas para protegerse.



Tu Voz

Tu voz me acaricia cuando tus manos no pueden. Y ahí estás, mirando algo inerte; algo que debería ser yo, pero no es más que luz y ventanas graficosas que me miran. Y me ves. Y yo a través de otro algo inerte que no es más que luz y ventanas graficosas que te miran. Te veo. Y tú acariciándome con la voz, en vez de con tus manos que no pueden acariciar a algo inerte, que no soy yo y no pueden consolarme. Pero tu voz sí puede.

Soneto a Andando Muerto

Frenesíes de carne y hueso cadenas invisibles de dolor ajeno. Tumbas con almizcle, hedor sereno Grava mortal de cuerpo espeso.
Freno el tumulto de humo negro Siento el derecho de vivir muerto con el abdomen y pecho abiertos por dagas sangranes y escudos férreos.
Tengo conciencia y hablo a los míos. Hablo de comer, de matar, de todo. Hablo del buen vivir en el frío.
Como cabezas. ¡Gran canivalada! Aún queda un niño vivo en el lodo, que de zombies es comida preciada.

Degustando el Invierno

Mis pies aún sienten la nieve crujiendo bajo ellos. La mouse blanca que piso se apelmaza cerca del suelo. El viento azota los pinares blancos de invierno, como si sus hojas fueran cabellos verdes y finos. Los troncos son balizas alineadas que me marcan el camino hacia una espesa masa de pintura blanquecina que me priva de ver el amanecer invernal en el horizonte. La niebla decide acurrucarse cada vez más en mis ojos. La nieve sigue crujiendo bajo mis pies, y los cabellos verdes, que de vez en cuando se desprenden, llegan ovalados a mi mano y cubiertos, como un regalo, en un envoltorio de escarcha, que decide abrirse él solo. Me mojan los guantes, que absorben el agua como una esponja. Poco a poco, un aguarrás invisible diluye la niebla, y al fin puedo ver el paisaje. Las cintas brillantes de una piñata amarilla, dan luz a todas los picos nevados de la sierra. Parece que quiera coquetear conmigo, como si quisiera hacerme jugar con los huecos de luz que dejan las ramas frondosas sobre…

Adiós, equipo

¡Buenas a todos! Hoy os traigo una mala noticia. Por desgracia, debido a la falta de tiempo que me ha asolado debido a mis proeyctos artísticos y a la acumulación de trabjo en Bloggerizados, que ha ido creciencdo expensas de mi inadpatación a su crecimiento, me veo obligado a dejar Bloggerizados.

Es una decisión que debía tomar y, me pese lo que me pese, no podía continuar como estaba. Espero volver algún día, y muchas gracias a todos, Bloggerizados ;).

¡Una luz para vuestras sombras!