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مرأةٌ جميلةٌ من القرافة

La bella mujer de Al'qarafa (La ciudad de los muertos)

Ella tenía ojos tiernos, cara demacrada por el tiempo, y aún belleza: perdida y muy visible. En sus gestos una juventud envidiable una voz megafónica casi terrorífica por su fuerza.
Nos invita a un té dulce. Conversamos rodeados de arena y lápidas. No entendemos idioma así que la entendemos a ella:
cuanto más la miras más joven es: menos arrugas y más claros sus ojos menos escorbuto y más profunda su sonrisa;
gestos de complicidad masculina: (choca la mano, coge mentones, mano en rodilla...).
Largas conversaciones sin lingua franca sobre matrimonio y familia, sobre salud que falta, sobre cosas que no se sabré nunca, y cuando dice "!الحمدالله" para decir que ya está sana y se besa tres veces y levanta la mano al cielo y sonriendo un Dios que no entiendo agradece su dicha no puedo evitar callar y emocionarme y que el té sepa más dulce.
¡Si es que era joven! ¡Vieja, pero joven! ¡Demacrada, pero joven! ¡Entre mu…
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La Península del Sinaí o el Capricho de Dios

Eres mortal, marrón y amarillo. Siluetas sobre la tierra figuras inhabitables que parecen un capricho de Dios para su deleite. Tus rocas y las dunas se confunden. De noche tus grises y las estrellas y la luna capean el paisaje con imaginario vangoghiano. Beduinos en camello de olores dulzones –incapaces de describirse o no como desagradables– visten blancas túnicas épicas que no se manchan de arena.
Sobre el Sinaí, Moisés cogió las tablas se quemó una zarza y vio el sol elevarse como una canica roja e iluminar cada rincón de la Tierra con su ardor arrebolante, con su pequeñez relativa.
Lo demás es desierto. Desierto. Y más desierto.
Y, de pronto, sin esperarlo aparece el mar.
Pero la vida es demasiado tímida para habitar esta pintura inhóspita de Dios, entonces, el mar y el desierto, se saludan, sin nada vivo de por medio; si acaso alguna palmera valiente o alguna hierba que, de lejos, enternece y, sobre la piel, perfora.
Majestuoso, por peligroso y viceversa es este …

El Mar Rojo

Aguas de todas partes contienes. Cuatro naciones te pueblan con distintas banderas y morales. Entre la rojez propia de la guerra tu rojez es literaria y unifica; tus corales y medusas sin tentáculos, tus espinas traicionares en la arena,  tus playas levantando las faldas del Sinaí y por el otro lado amurallando Arabia todo tú  eres paz. Una paz inhóspita. Despoblada. Agresiva.
Estás rodeado de desierto. Y tu desierto solo lo habitan comercios cerrados, pueblos pequeños y turistas cegados por la estrella de un rey. Tus aguas son verdes, moradas y azules desde la orilla. Supongo que al mezclar esos colores el alma se enrojece y de ahí tu nombre… o porque quemas con el desierto que te sitia o porque tus atardeceres sinaíes son rojos o porque las montañas que te cercan son granas (¡vaya a saber Moisés!) lo cierto es que llevas en tus golfos el rojo en sus dos caras: el del amor y el de la guerra; y en tu desierto, ambos se juntan (¡الحمد لله)
y se vuelven agua y arena.

Hebrón (de Palestina)

Entre tus coágulos inesperados, Entre tus alambradas que, sin avisar, reptan por tus paredes y tus calles emanando un hedor a claustrofobia inevitable; hedor catalizado por aguas fecales vertidas por prometidos a una tierra sobre la paz de tus zocos,
ahí, el azul y el blanco se mezclan con verde, rojo y negro y todos ellos buscan su supremacía colapsando esa fluidez plástica que debería caracterizar a los colores y a las fronteras.
Pero entre tus calles hay sonrisas árabes astucia comercial que intimida que admira, calurosa generosidad y bienvenida. Vida que se quiere normal.
Una atmósfera de música y gritos apelativos frente al silencio de tu lado fantasma en el que solo recuerdos palestinos descansan; una atmósfera viva con fronteras que cortan, o peor, que habitan las calles; una atmósfera de paz que convive e ignora conveniente y humanamente la guerra que le acecha como una serpiente azul reptando sobre aguas blancas -aunque nunca transparentes- bajo una noche clara y una est…

El teatro romano de Byblos

Entre tus gradas eclosiona la intimidad de otro tiempo uno que, desde tus piedras milenarias, confundo con el mío. Desearía la intimidad ruinosa de tus gradas, en mi barrio, esa frescura mítica, ultramarina, fantástica que desprende la soledad de tus restos.
En este teatro podría entenderme con la gente que contigo habitó estas tierras incluso si nuestras raíces e idioma fueran distintos. Sé que algo metahumano impregna la blancura sucia de tus piedras.
Lo sé, porque te he pisado, he hablado desde tu orquestra, me ha dado vergüenza tu presencia como si alguien pudiese mirarme como si pudieses mirarme. Y, al no poder actuar en ti hoy confino mi emoción en el silencio de estas letras y llevo tu experiencia cálida y candorosa sobre mis huellas, sobre los ojos que miran hoy el zoco bibliota y al incienso moderno hoy en tus calles.
¿Estabas muy lejos del mar cuando naciste?
 de ©Shathu Entayla

Líbano

Un aire como de miel en bruto empaña mis canales del alma y sobre sus paredes puedes ver pintadas manchas de mil culturas, cruzadas. Unas nuestras; otras, otras pero todas conectadas, hermanadas. Entre Colombia y Venezuela, está Beirut y Siria y su calma las ampara.
Algo mío que no sabía, aquí estaba. Algo que no sabía que guardaba.
Cuando ocurren esas sonrisas... Esa gracia, esa generosidad espontánea... Cuando ocurren esas sonrisas árabes la vida y el artificio se confunden la vida y el orden se confunden; aun pareciendo todo distinto todo es lo que siempre ha sido
Por eso cada sonrisa árabe es tocarme una raíz del alma como si de una cuerda de guitarra se tratase.
Creo que esa cuerda que no sabía, estaba y creo que puede enamorarme

Líbano, eres mi casa. Y mi casa es árabe.
 de ©Shathu Entayla

Pamukkale

De aires y aguas épicas y estrechas. Arrebatada del agua por el tiempo y convertida en montaña: un bonsái del Everest.
 de ©Shathu Entayla