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Esa negrura negra

"La mayoría de las cosas no son tan importantes" Porque cuando lo son acaban. Por no ser suficientes. Por, en ausencia del absoluto bien, ser el absoluto mal. Por miedo. ¿El miedo a qué? Contestar a esa pregunta haría innecesario este poema. La paradoja es que el miedo del que hablo es pura forma. Sólo acecha e impide la paz. Sólo provoca la guerra no inicia la guerra. Hacer daño, que me lo hagan. Necesitar ser libre de algo que no me atea. Necesitar echar el polvo de mi vida. Necesitar que me abracen, y que no me abracen, y que me dejen dejar, y que no me dejen, y que se vaya esta contradicción que duele, que solo resquebraja o rompe mi tan ansiada paz; que distorsiona mi mundo  y lo vuelve todo hostil; que me hace no ser yo, y no poder salir de mí, Morir por dentro poco a poco y matar a quien, por desastre, pase por aquí. Ganas de arrancarme la tráquea por sentir un dolor en ella tan intenso que si no pudiera llorarlo moriría anegado en la negrura de mi espíritu. Lo negro i
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Amar al arte

El amor me salva del arte, de toda esclavitud numérica y de todo mandato algorítmico. Es mi salvoconducto a la paz, el antídoto un falso entusiasmo inducido por manos sin nombre, y que cataliza otro entusiasmo honesto y real, y que transforma. El amor me salva del arte aunque a veces viene del arte o por el arte o lleva al arte el amor me conecta con el mundo un mundo ideal de amor y cuidados que colma de esperanza un abismo de manos invisibles y números divinos que bien pudieran arrastrarme a la embriaguez de salir de la pobreza y al desánimo de no lograrlo. Pero yo estoy bien el amor me salva. Yo tengo el privilegio del amor El privilegio de saber que no me van a dejar caer. Tengo el corazón blindado de amor hacia un mundo que con todos es cruel. Pero no me puede salvar siempre. Saber pedir ayuda no es poder defenderse. Todo escudo puede romperse. Toda red, atomizarse. Toda inseguridad, disolverse. ¿Y si eso ocurre quién me salvará del arte? ¿Lograré que el mundo deje de vernos c

Te cuerpo de menos

Echo de menos el petricor de la habitación tras llovernos sobre las sábanas; dormirnos en su humedad y calidez, como si de una hoguera se tratara.  Echo de menos las formas de tu piel, esculpidas por la sinuosidad, sencillez y belleza del viento, por las que mis manos, como hojas, pueden planear.  Echo de menos tu sonrisa de niña, tus ojos de almendra dulce, tus labios de cera blanda, tu cuello de bailarina, y el campo de espigas del pelo de tu nuca, que al acariciar, acarician.  Echo de menos tu candor maduro, tu inocente inteligencia, tu espíritu de ave pequeña y alas inmensas.  Echo de menos cómo te maquillan tus ojeras, los ríos y enredaderas de tus estrías, tus glúteos de negra y tus senos de aguacate.  Echo de menos tu sexo, su laberinto de pliegues, su humedad que atrapa y cuida al mío cuando te lo guardas dentro.  Te echo de menos desde mi cuerpo, desde mi corazón. A veces ignorando el pensamiento. Echo de menos tu cuerpo, es decir a ti, y todo lo que tienes dentro. Cerrando la

Remos aconchados o La Lúna

Entre sales de conchas vivo que fueron antes de sal, conchas duras. Me embalsamas con corales rojiblandos  poblando mis aguas mudas para que me ampare la Lúna; y con esas arenas de brazos me acunas en tu almaternura; y como faro sin faro, ¡fareas luces como las de la Lúna! Y aunque acepto cada fotón reflejo especulado hacia mi nuca, confío en que no olvidas alumbrarte a ti las uñas que de rascar mis aguas y acunarme pueden salirte arrugas. No te acerques ni te vayas que los dos tenemos Lúna y aunque tengas más luz que sombra y yo más su cara oculta ambas son Lúna, y mueven aguas y ambos guiamos barcos, sin duda. Tú, por que aprendes deprisa. Yo, sabio que no aprende nunca. Y ambos en barcos contiguos, el mismo remo, y las mismas musas que nos inspiran a surcar las aguas y a beberlas sin beber torturas. Gracias por farear mi faro con poesía, con ternura que con amor los cristales y el agua se me jidisuelven en virutas. Imagen de flutie8211 en Pixabay  de Julio de 2019 ©Shathu Entayla

Valiente

Lo soy porque doy  significados raros a mis besos, porque amo raro y abrazo raro pero bello. Y algo ves en mí que te libera. Algo de esa extrañeza. Y te asombra tu comodidad, la facilidad, y mi franqueza. Y por eso me dices valiente. Me llamas valiente. Me lo llamas con ojos valerosos y me miras contagiada de esa valentía y con ganas de cambiar su propia vida. Me lo llamas con ojos hambrientos de lo que se supone que yo sé y no sabes; de lo que se supone que yo tengo y deseases. Me lo llamas con ojos fulgurantes por una chispa que doy para que tu alma te abrase y me quedo impregnado en tu piel y en toda nueva mente a la que saltes y en todas las demás pieles que toques y en todos los corazones que ames y es porque vuelvo tu alma un fénix y al renacer se hace brillante. Pero también me lo llamas con ojos vidriosos cuando esa valentía se extingue y anhelas anhelarla de nuevo. Pero ya tienes un secreto: te han surgido peros porque descubres que ser libre en verdad, te da miedo. Aún me lo

Para la gente a la que beses

Hay gente  que necesitas besar  muchas veces  porque el fin de un beso es  siempre  el principio de otro  que aún no ha venido. Hay gente que necesitas besar  muchas veces porque cada beso es siempre como estar en casa y ser querido. Hay gente que la besas y no vuelve (pocas veces). Pero dentro de ti es siempre un recuerdo vívido de haber vivido. Hay gente que la besas y no vuelve muchas veces y duele ver, porque es siempre ver al otro yendo a otros caminos. Hay gente  que la besas, te arrepientes y así siempre, muchas, o una sola vez. Siempre, y aunque no después, besar se quiso. Hay gente que la besas y no vuelve para siempre porque el mismo tiempo es siempre quien os ha llevado  hacia el olvido. Hay gente  que la besas y sí vuelve muchas veces, y despierta algo que es siempre algo que aun dormido era cariño. Hay gente que no besas y sí vuelve muchas veces, y se queda porque es siempre amor, aun siendo otro que el del inicio. Hay gente que la besas y sí vuelve. Pero, a veces. Y lo in

Fantasía lupina

En una noche de cielo marino oscuro y abisal con tenues nubes errantes rojigrises pardiblancas hemos dejado al Placer guiarnos haciendo de nuestra piel, lobas que derriten el hielo con sus patas de piel y vello, con correas al cuello. Someternos cuerdas a las cuerdas de su trineo. Cada gemido un camino en la montaña. Cada orgasmo un salto lupino esculpido en el hielo. Nosotras, las lobas, sometidas al Placer. En uno de esos saltos rompernos salir disparadas notar la brisa que se  choca  con el cuerpo antes de tocar el cielo y caer sabiendo que al caer  nos partimos en dos. Y que al hacerlo, al partirnos sin rompernos, sale humo denso casi líquido balsámico lúbrico y poderoso algo cítrico algo dulce y muy sabroso que disuelve el hielo alpino. Querer partirnos en dos y que cada parte vuele hacia el lado contrario y poco a poco aminore para aterrizar suavemente sobre el orgasmo. Cada loba un orgasmo cada gemido  un aullido cantado trazado en el aire. Orquestar los aullidos jadeando contra