La muerte juega muy fuerte a los dardos con la vida. Veces falla con descaro y otras, sin embargo, atina. Y en el tiempo que ese dardo va de lleno a la telilla el que vive tiene tiempo de detener su partida. El tiempo. ¡Ese necio tiempo no lo tiene la abubilla si un veneno de serpiente necrotiza sus alillas! Pero, si no la devoran piensa -obvio- que está viva a veces nunca notando el veneno en sus pupilas que pasado cierto tiempo reflejan toda herida. Un buen día una abubilla ve que sus patitas vibran; que pierde el fulgor alado que la lanzaba hacia las cimas, y va, cansada, hacia el nido, ¡pues es ave con familia! Madre de polluelos críos que ama ver volar un día. De pronto un árbol le dijo al verla tan tirada y chica: "La misma Señora Muerte juega dardos con tu vida". Y los grandes ojos negros que movía la abubilla se quedaron empedrados en el aire que mecían al mirar sobre los vientos el paseo de su vida. Y, piando, fue diciendo "¡Qué infortunio que me pilla!" A ...
Un blog de escritura. De letras que vuelan y no saben adónde. Pero te digo de corazón que todo tiene alma aquí.