Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando entradas de 2019

Al final de las nubes

Las nubes son los portales a otros universos nuevos. El vuelo pertenece a los anales de los saltos. Uno grande alcanza una nube, sales abrigan sus alas metálicas; las ventanas, mil panales de mil abejas humanas. Y ninguna se fascina. Y yo veo rayos, y a Zeus saludando. Y se obstina mi vista en besar relámpagos. Volando todo se difumina. Solo existo yo y la niebla, que puede, y no me extermina. Y sigo volando... Vuelo... Imagino que al pasar la turbulencia, cualquier cosa podría saltar a lo real. Sin aviso. Y veo a la tierra hablar y los cráteres lunares danzar muy lejos. Danzar lanzando serpientes blancas. Algunas que brillan más miman y cubren mi cara. Cara que se amaina ya. Pues a mi alrededor, nadie reacciona. Nadie se da cuenta de que vuela, ¡dios! ¡Mírate! ¡Puedes volar aunque no sientas el aire! Y al final me puede más el ronquido, y ese hartazgo, y el cansancio, que volar. Y me duermo. Y así, pierdo mis ojos niños. Volar ya solo es viajar

مرأةٌ جميلةٌ من القرافة

La bella mujer de Al'qarafa (La ciudad de los muertos) Ella tenía ojos tiernos, cara demacrada por el tiempo, y aún belleza: perdida y muy visible. En sus gestos una juventud envidiable una voz megafónica casi terrorífica por su fuerza. Nos invita a un té dulce. Conversamos rodeados de arena y lápidas. No entendemos el idioma así que la entendemos a ella: cuanto más la miras más joven es: menos arrugas y más claros sus ojos menos escorbuto y más profunda su sonrisa; gestos de complicidad masculina: (choca la mano, coge mentones, mano en rodilla...). Largas conversaciones sin lingua franca sobre matrimonio y familia, sobre salud que falta, sobre cosas que no se sabré nunca, y cuando dice "! الحمدالله " para decir que ya está sana y se besa tres veces y levanta la mano al cielo y sonriendo a un Dios que no entiendo agradece su dicha no puedo evitar callar y emocionarme y que el té sepa más dulce.

La Península del Sinaí o el Capricho de Dios

Eres mortal, marrón y amarillo. Siluetas sobre la tierra figuras inhabitables que parecen un capricho de Dios para su deleite. Tus rocas y las dunas se confunden. De noche tus grises y las estrellas y la luna capean el paisaje con imaginario vangoghiano. Beduinos en camello de olores dulzones –incapaces de describirse o no como desagradables– visten blancas túnicas épicas que no se manchan de arena. Sobre el Sinaí, Moisés cogió las tablas se quemó una zarza y vio el sol elevarse como una canica roja e iluminar cada rincón de la Tierra con su ardor arrebolante, con su pequeñez relativa. Lo demás es desierto. Desierto. Y más desierto. Y, de pronto, sin esperarlo aparece el mar. Pero la vida es demasiado tímida para habitar esta pintura inhóspita de Dios, entonces, el mar y el desierto, se saludan, sin nada vivo de por medio; si acaso alguna palmera valiente o alguna hierba que, de lejos, enternece y, sobre la piel, perfora. M

El Mar Rojo

Aguas de todas partes contienes. Cuatro naciones te pueblan con distintas banderas y morales. Entre la rojez propia de la guerra tu rojez es literaria y unifica; tus corales y medusas sin tentáculos, tus espinas traicionares en la arena,  tus playas levantando las faldas del Sinaí y por el otro lado amurallando Arabia todo tú  eres paz. Una paz inhóspita. Despoblada. Agresiva. Estás rodeado de desierto. Y tu desierto solo lo habitan comercios cerrados, pueblos pequeños y turistas cegados por la estrella de un rey. Tus aguas son verdes, moradas y azules desde la orilla. Supongo que al mezclar esos colores el alma se enrojece y de ahí tu nombre… o porque quemas con el desierto que te sitia o porque tus atardeceres sinaíes son rojos o porque las montañas que te cercan son granas (¡vaya a saber Moisés!) lo cierto es que llevas en tus golfos el rojo en sus dos caras: el del amor y el de la guerra; y en tu desierto, ambos se ju

Hebrón (de Palestina)

Entre tus coágulos inesperados, Entre tus alambradas que, sin avisar, reptan por tus paredes y tus calles emanando un hedor a claustrofobia inevitable; hedor catalizado por aguas fecales vertidas por prometidos a una tierra sobre la paz de tus zocos, ahí, el azul y el blanco se mezclan con verde, rojo y negro y todos ellos buscan su supremacía colapsando esa fluidez plástica que debería caracterizar a los colores y a las fronteras. Pero entre tus calles hay sonrisas árabes astucia comercial que intimida que admira, calurosa generosidad y bienvenida. Vida que se quiere normal. Una atmósfera de música y gritos apelativos frente al silencio de tu lado fantasma en el que solo recuerdos palestinos descansan; una atmósfera viva con fronteras que cortan, o peor, que habitan las calles; una atmósfera de paz que convive e ignora conveniente y humanamente la guerra que le acecha como una serpiente azul reptando sobre aguas blan

El teatro romano de Byblos

Entre tus gradas eclosiona la intimidad de otro tiempo uno que, desde tus piedras milenarias, confundo con el mío. Desearía la intimidad ruinosa de tus gradas, en mi barrio, esa frescura mítica, ultramarina, fantástica que desprende la soledad de tus restos. En este teatro podría entenderme con la gente que contigo habitó estas tierras incluso si nuestras raíces e idioma fueran distintos. Sé que algo metahumano impregna la blancura sucia de tus piedras. Lo sé, porque te he pisado, he hablado desde tu orquestra, me ha dado vergüenza tu presencia como si alguien pudiese mirarme como si pudieses mirarme. Y, al no poder actuar en ti hoy confino mi emoción en el silencio de estas letras y llevo tu experiencia cálida y candorosa sobre mis huellas, sobre los ojos que miran hoy el zoco bibliota y al incienso moderno hoy en tus calles. ¿Estabas muy lejos del mar cuando naciste? Yo, en el teatro romano de Byblos  de ©Shathu Entayla

Líbano

Un aire como de miel en bruto empaña mis canales del alma y sobre sus paredes puedes ver pintadas manchas de mil culturas, cruzadas. Unas nuestras; otras, otras pero todas conectadas, hermanadas. Entre Colombia y Venezuela, está Beirut y Siria y su calma las ampara. Algo mío que no sabía, aquí estaba. Algo que no sabía que guardaba. Cuando ocurren esas sonrisas... Esa gracia, esa generosidad espontánea... Cuando ocurren esas sonrisas árabes la vida y el artificio se confunden la vida y el orden se confunden; aun pareciendo todo distinto todo es lo que siempre ha sido Por eso cada sonrisa árabe es tocarme una raíz del alma como si de una cuerda de guitarra se tratase. Creo que esa cuerda que no sabía, estaba y creo que puede enamorarme Líbano, eres mi casa. Y mi casa es árabe. Una calle de Beirut  de ©Shathu Entayla

Pamukkale

De aires y aguas épicas y estrechas. Arrebatada del agua por el tiempo y convertida en montaña: un bonsái del Everest. Formaciones cálcicas de Pamukkale (Turquía)  de ©Shathu Entayla

Nostalgia de un deseo

Aún recuerdo tocarte y que vibrases de vello a pupilas de vientre a nuca de pies a cabeza. Aún recuerdo cuando me besabas intentando habitarme compartir conmigo tu espíritu. Echo de menos el tacto de todos tus labios. Echo de menos tu lengua de esponja. Echo de menos que me sonrías tocando mi cuerpo y sus excepciones. Echo de menos tu cuerpo aquel que aún me deseaba.  de ©Shathu Entayla

Te maté al tocarte

Te maté al tocarte. Te maté y ya no eras tú. Y yo tampoco lo era. Quise tocarte hasta el abismo quise emocionar tus ojos y tu corazón. Y lo hice pero tus ojos y corazón eran otros: tus pupilas de ceniza caliente se hicieron de pluma húmeda, tu piel de papel de pétalo se hizo de tallo de árbol, y tu corazón de niño se hizo de gato. Te toqué hasta el abismo, hasta electrizar tu piel. Pero el placer pasó por ella como un trago por la garganta: ligero y sin ecos en el tiempo. Donde buscaba abismos había ahora un profundo valle. Entendí todo. Entendí como un niño entiende una flor al quitarle esos pétalos, solo que esos pétalos no estaban en la flor que tocaba. Eras otra flor. Pasaste de ser una rosa a una orquídea salvaje. Ahí es cuando te maté. Te maté dentro de mis ojos y comprendí también que yo, que era una amapola, tampoco lo era, sino una planta de menta. Yo ya no era una flor. Por eso no sólo te maté al tocarte: me maté contigo. Pero aún s

Efecto Doppler

La ciudad es un universo: toda partícula tarda millones de años en moverse. A veces voy a verte (a ti y a ti y a ti) y tardo más en llegar a ti que en despedirme. A veces las partículas se concentran pero otras, como en el universo cuando te alejas, todo está lejos. Un abrazo no llega en siglos, a veces las distancias disuelven los lazos y la exulansis desata la soledad. Quiero un botón de parar de reiniciar de regresar al punto en que se tuercen las cosas. (En el que se torcieron todas.) A veces daría lo que me queda de vida por arreglar todo lo que no pude aunque mi vida entera resultasen 18 años serían 18 años perfectos. Yo, que nunca me arrepentí, hoy, de todo me arrepiento. Así me vuelvo viejo. Siento que la muerte me acaricia la cabeza como una de las lloronas que puso sobre el muerto divino la manta sagrada. ¿Qué importaría que hubiese o no un espíritu santo si no sintiese ya las caricias ni esas lágrimas, ni el tacto de esa manta? Cuando voy

Downgrade craving

A veces me gustaría no ser tan fuerte no ser tan rápido no ser tan eficaz no ser tan resiliente no ser tan sagaz no ser tan tenaz A veces me gustaría ser el débil ser el lento ser el torpe ser inmaduro ser estúpido ser un veleta A todas las debilidades se les permite parar. Las únicas a las que no son la tristeza y el cansancio. Y esas son mis únicas debilidades. A veces me gustaría desmayarme, diluir los cimientos de mi vida, desgarrar su sentido para que, entre sus fibras, penetre una brisa nihilista. Pero no. Soy fuerte. Y por eso soy débil. Porque me veo así. Porque me comporto así. Y así se me ve. Pero por dentro un niño recién nacido se desangra, y espera (¡pobre iluso!) que algún día se le acabe la sangre para morir. Pero eso no va a pasar, por suerte. Pero, sobretodo, para mi desgracia. Porque convivo con el destino trágico de haber elegido mi desgracia. Mi voluntad es mi hamartía, y mi destrucción la catástrofe.  de ©Shathu E

La paradoja de Madrid

Madrid tienes tú la culpa de que me atrape el móvil, el metro, la procrastinación, el hastío, el hambre de emociones brillantes y hambre de lo espontáneo. Madrid entre tus calles, esas de asfalto e historia, se esconde la magia de una gran cárcel Una cárcel que no parece tal por grande y que encierra. Pero no por tus barrotes ni por tu M-30 40, 45, peajes, montañas no encierras porque eres grande y succionas como un beso hacia tus abismos grises. Pero, Madrid, no todo es malo, entiéndeme. Es cierto que los marzos mayean los mayos marcean y los demás meses demasmesean. Pero no importa porque acoges aunque encierras y la gente que te habita es abierta como la tierra y, como la tierra, se sacuden cuando otro los abraza o los besa. Tu paradoja, Madrid, son los colores mezclados con el gris de tus nubes y el negro de tus ansiedades. Madrid es vestido y mortaja hogar y sepulcro madre y verdugo refugio de trampas manta de invierno calor que a

Una visita caprichosa

Hacía mucho que no te veía. Siempre que estás es inesperado y sé que estas cuando veo trenes irse la cama irse comida irse buen sexo irse miradas irse mi tiempo irse y siento que yo también debiera irme; y sé que estás porque mi cuerpo se hace de arena se hace de agua se hace de aire se hace de plasma se hace de espuma y siento que debería acabar de deshacerse; y sé que estás porque renunciaría a todo a lo que importa a lo que no al amor al dolor y a existir y siento que debería acabar de existir. Sé que estás porque estoy triste y te quedas porque te encierras en mi pecho como un gato en una caja y no podría nunca extirparte por los ojos; y te quedas porque no sabes adónde vas, como un vencejo condenado a volar y no podría nunca indicarte adónde ir; y te quedas porque eres resistente como una montaña en primavera y no podría matar tus flores negras. Si puediese matar tus flores, morirías. Si puedes matar las mías, tú lo haces pero te cuidas de

Mi patria y mis raíces son líquidas

algo como de metal en el pecho que lo golpeo y golpeo y golpeo y golpeo y golpeo y golpeo y golpeo y golpeo y golpeo y solo vibra como que se riese de mí haciendo música con mi piel y mientras, mi respiración suplica que deje de amordazarla mis cuerdas vocales amenazan con huir y respiro y respiro y respiro y respiro y respiro y respiro y respiro y respiro hasta marearme queriendo extirparme el esternón seguido de las costillas como el agua salvaje destroza la presa que la mantiene encerrada; que impide a ese flujo hídrico, inocente reunirse con su padre tierra y su madre mar pero no. suenan resquebrajos pero nada se rompe nada termina de morir  de ©Shathu Entayla

Los semáforos

Los semáforos crean realidad. Si no llego a ellos, pierdo tiempo de mi vida: la ciudad es una lucha constante contra los semáforos. Y ellos, a diferencia de ti pueden ganar pero nunca pueden perder.  de ©Shathu Entayla

Inspiración

poesía es ir a un recital de poesía y ver a dos personas besándose ignorando palabras que deberían escuchar -aunque raramente lo hacen- ocupándose de forma y contenido haciendo de cada tirón de beso un catalizador de identidades una mezcla química puramente química pero impura impurísima. como la poesía  que quiero escuchar pero casi no oigo y siempre  bajo una fachada de monotonía verbal y portadas de libros; anticadencias sin voz poética rezando porque la voz poética esté, al menos, en el poema Bukowski sería el primero en venir a estos recitales y el primero en irse al baño con alguien a sacar y meter intermitentemente temas de inspiración  y expiración inspiración que parece tan futil y dificil de  invocar en este tiempo debe de estar deconstruida. y la expiración  olvidada  Bar en el que escribí este poema, mientras ignoraba un recital de ©Shathu Entayla

Mensaje a mi-tu pánico

La belleza nos salvará. Y la esperanza. No se puede amar con miedo, pero el miedo es parte de amar como lo es la sombra del lucero, lo deforme de lo bello, de lo puro lo perverso. Cuando te admiro de nuevo y a tu belleza y te agradezco y bienvengo a la vida la esperanza vuelve a mi cuerpo embalsamando mis deseos de huir, determinando mis acciones a seguir y no siento más el desencanto, y no siento más la decepción. Ni el deseo de volver a otro tiempo, ni el deseo de acabarlo todo. Lo que siento es el espacio en que somos nosotros de nuevo. Y ahí ya no hay que huir. Mis pensamientos, mis emociones son tan fuertes que a veces me fallan las fuerzas. Pero la compasión alivia el temor, hace que no tenga ya sentido. Como mirar al miedo a los ojos y verle desparecer. Han aflorado mis demonios y les tengo miedo y me hacen huir de todo. Pero la esperanza los destruye. Y reveo el amor que tengo cuando me hablas y me tocas con esa dulzura de arena fina. con