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Mostrando entradas de diciembre, 2013

Mi Tumba

Un chorro de lacre tedioso y ardiente me cubre. Desde mi cabeza, cubre todo mi cuerpo petrificando todo suspiro que puedan exhalar los poros de mi piel. Callándolos.

Mi piel se quema con las llamas vivas del lacre que desciende por mi cuerpo y que se infiltra en mis entrañas. De las yagas y de mi piel calcinada, empieza a brotar mi sangre. Ni si quiera su fluidez opone resistencia; mi sangre no tiene color. Ésta, por voluntad propia, decide enfriar mi piel, enfriando también el lacre. Este se diluye un poco, extendiéndose aún más por mi cuerpo, pero ya sin quemarme.

No tarda en llegar a mis pies. Quizá una agonía pequeña podría salvarme, pero, qué cadaver desea vivir, si ni siquiera puede desear. Mis pies se cubren por completo. Mi apariencia ahora es la de una bella estatua roja plateada; para nada la de una persona. Tal como el bello nicho que esconde la turbidez putrefacta de un cuerpo sin vida en un cementerio.

Y aquí estoy, sin moverme, sin querer hacerlo. Sin vida. Delante de mi…

Torrente

Pocas veces se puede sentir el vacío en uno mismo. O mejor dicho: pocas veces puedes sentir que te estás vaciando. Me iba a ir a la cama, y me quité la ropa y vestí de acuerdo a ese acto placentero que me apetecía experimentar: dormir. Abrí la cama y, como cayendo en una nube, sentí que se me cerraban los ojos, a medida que me iba tumbando. No tardé en dormirme. Sin embargo, un pinchazo en el cuello me despertó. Me incorporé sobresaltado e inexplicablemente aturdido. Sentía que la sangre no me llegaba al cerebro como antes. No me costaba pensar pero se me hacía pesado estar consciente. Me volví a tumbar y comencé a sentirme como en tumbado en una piscina con poca agua: sin cubrirme, pero mojado. Sentía húmedo todo mi cuerpo y entre mis sábanas olía extraño. Como a hierro oxidado. Entonces me llevé la mano al cuello. Noté cómo mi sangre salía de mi cuello lentamente, como cuando dejas el grifo casi abierto: que no gotea, pero no chorrea. Me levanté. Rompí a llorar. Fui al salón, donde…

Típico Tópico Atípico

No puedo ni sé qué hacer para admitir que el mundo es como así. No me cabe en la cebaza la mentira. No me cabe en la cabeza que se diga que se ayuda a los pobres y se les deja morir.
Así como no creo en un Dios y menos en el Dios cristiano, que es copia de dioses paganos, que fomenta el homicidio en su libro sagrado y que impide el amor en sus condiscípulos más cercanos. Tampoco creo en que dos billetes valgan para comprar un amuleto como no creo que lo que se vende valga tanto como dinero cedo para compar algo que no quiero. ¿Por qué todo tiene precio? El dinero se creó para la comparación de los bienes poseídos no para la especulación de los bienes obtenidos. No puedo aceptar ni quiero vivir en un mundo con dinero, con religiones hipócritas, falsos credos políticos corruptos, y honrados dicharacheros. "Cuánto mal hay en el mundo", dicen Cuánto machismo, envidia, racismo, otros,... Cuánta mierda esconde y crea el odio. Cuanto muerto ha dejado ya el ego de los que dicen &quo…