Ir al contenido principal

Ojos de marisma

Tus ojos verdes verdes cobijan
como las marismas a las garzas.
Y es que con su mismo verde brillan
como brillaren las verdes ascuas.
Como las marismas, que son puente
entre el agua dulce y la salada
es tu mirada desembocarme
donde juegan la vida y la calma.
Me miro en tus ojos como un niño.
Te veo, y en tus ojos, que me amas.
Y el tiempo entre mis ojos nos mira
vivir tan despacio que no avanza.
Como un balancín que nunca cae
equilibrado como por magia.
Como cuando vives los latidos
y que parece que no sonaran.
Como los momentos de bailar
que son como besos sin palabras.
Así miran mis ojos tus ojos
como a marismas maravilladas.
Mis alas se limpian en tus ojos
como se limpia el alma en el agua.
Mi vida brilla mejor, más fuerte
porque lo mejor de ella refractas.
Cuando ya se han ido tus marismas
no vuelan tan felices mis garzas
por eso aprovecho tu salobre:
que mis alas queden impregnadas
de ti; que mi aleteo recuerde
a tu risa libre, de esperanza
en el presente; que mi boca hable
traviesa y gaya, como una espada,
imitando lo bello que besas,
tratando tan bien como me tratas.
Que me cuidas tan bien como besas.
Que me amas tan bello como abrazas.
Que inspiras a vivir con tus ojos
como las marismas a las garzas.

Imagen creada con ChatGPT

 de ©Shathu Entayla

Comentarios

Popular Posts

Para la gente a la que beses

Hay gente  que necesitas besar  muchas veces  porque el fin de un beso es  siempre  el principio de otro  que aún no ha venido. Hay gente que necesitas besar  muchas veces porque cada beso es siempre como estar en casa y ser querido. Hay gente que la besas y no vuelve (pocas veces). Pero dentro de ti es siempre un recuerdo vívido de haber vivido. Hay gente que la besas y no vuelve muchas veces y duele ver, porque es siempre ver al otro yendo a otros caminos. Hay gente  que la besas, te arrepientes y así siempre, muchas, o una sola vez. Siempre, y aunque no después, besar se quiso. Hay gente que la besas y no vuelve para siempre porque el mismo tiempo es siempre quien os ha llevado  hacia el olvido. Hay gente  que la besas y sí vuelve muchas veces, y despierta algo que es siempre algo que aun dormido era cariño. Hay gente que no besas y sí vuelve muchas veces, y se queda porque es siempre amor, aun siendo otro que el del inicio. Hay gente...

Recuerdos como noches

Cuando la noche se asienta, cuando el día se termina, cercan los horizontes de mis ojos los recuerdos. Esos que veo junto a la estela de mis pasos. Cuando la noche se asienta y su silencio se posa afloran pensamientos en mi mente: los recuerdos  a los que temo. Junto a la estela de mis pasos. Porque mis recuerdos se me aferran como a la piel, cicatrices, como a la retina, luz como al esperar, el tiempo. Puede ser que sean bellos esos recuerdos. Aún me inquietan. Hay carcasas bellas con adentros feos. Porque mis recuerdos se me aferran como la corriente al nervio, como la mano al puñal, como el párpado a lo visto. Y sé bien perderme en ellos —en los recuerdos que son veneno— incluso más que en todos mis pasos mismos. Imagen hecha con Leonardo AI  de ©Shathu Entayla

Sed de pájaro

Me encontré con un anciano de piel seca y raída por el tiempo. De manos temblorosas de nervios. De ojos vidriosos de sed. Déjame que me detenga un momento en esta sed, porque era incomprensible. Le llevaba agua y la escupía, o la tragaba sin saciarle. La sed de ese anciano era de otra naturaleza. «No es a mí a quien deberías de cuidar» —me decía. Pero yo no le escuchaba porque el tiempo se acababa. Y no engordaba. Y tocar su piel empezaba a parecerse a tocar una espiga de trigo. Entonces pasó algo que no podía verme venir. De pronto le vi sonriendo como alumbran mil soles. Lloraba de alegría y miraba al suelo. Sobre su mano tenía una pluma verde, preciosa. Ese día dijo: «Ya no tengo sed». Nunca había dormido tan bien desde que le conocí. Sentí una envidia inenarrable, pero no sabía bien a qué. Pero los días pasaban, y esa alegría era fútil como el silbar del viento cuando no hay brisa; que parece un milagro. Y el silbido paró. Y, de pronto, se moría de sed y su piel era, de nuevo, de t...