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El Narrador - Parte 4: Muerte

Entonces a Clara se le ocurrió una idea. No quería oscuridad, y tampoco perder su sombra. Encendió la luz. Era algo absurdo que no se pudiese ver el sol y sí encenderse las bombillas. Además, la humanidad y las sombras necesitan sol.

Clara se acordó vagamente de Gulme en ese instante. Entonces miró su sombra y la sonrió mientras la llamaba. No respondía. Su sombra había perdido su identidad. No era simplemente que no hubiese sol, es que las sombras eran artificiales, y no reflejan el efecto que hace un rayo de sol en la piel de una persona, algo que Gulme, al parecer, necesitaba para existir.

Las cosas se complicaban. No era sólo que Gulme no pudiese existir sin sol, sino que Clara, estaría condenada a morir sin un sol que la nutriese, pues siendo humana le es necesario para su existencia. Este es el límite donde la falta de libertad, da libertad al otro. Donde el dictador es encarcelado y el preso libertado, pues ante un interés mayor, el preso obliga a liberar al esclavo. Y por desgracia, esta es la verdad, pero no la es toda.

Poco duró este eclipse. Y grande fue la victoria. El eclipse duró apenas dos días. Clara y Gulme volvieron a encontrarse. Esto les hizo darse cuenta de que se echaban de menos. ¿Quien puede vivir sin su sombra?
   - ¡Clara! ¡Dios! Creía que no volvería hablar contigo.
   - Yo tampoco. ¿Qué ha pasado? ¿Quién puede querer hacernos esto, Gulme? Apenas nos conocemos, ¿porqué entre sombras y humanos no puede hacer armonía?
   - Presiento que esto es mucho más complicado que todo eso... Creo conocer al culpable. Tengo que pedirte un favor. Sólo hay una manera de que estemos juntos, y de vencer a quien nos hace mal. Pero no te va a gustar...
   - ¿Es muy grave?
   - Si lo que sospecho es cierto, sí. Y el precio es tu vida.
   - ¿Cómo?
   - Has oído bien: te pido que mueras.
   - Pero, ¿por qué?
   - Si te lo explico no surtirá efecto, pero has de hacerlo. Yo también moriré contigo.
   - Pero, ¿hay necesidad de que muramos para eso?
   - Sí. Tu libertad está muriendo, Clara. Hacen contigo lo que quieren y te utilizan como quieren. Sólo podemos tener libertad estando juntos. Tú, como personaje, sabrás cómo es tu vida, pero no al escriben. No quieren una vida para ti. Sólo la vida de una esclava que debe ser escrita. Tu esencia morirá
   - Tengo miedo, Gulme.
   - Y yo también, pero es la única forma. Muere como quieras. No hace falta que sufras. Estaré a tu lado, ¿vale?
   - Confío en tí...

Unos días después, Clara tuvo un trágico incidente. Se cayó por las escaleras y se dio con la cabeza en el centro del cráneo, cayendo sobre su propio peso. Los médicos la ingresaron en estado grave, pero lograron estabilizarla. Pero la sangre no podía dejar de brotar. Iba a morir desangrada. Se buscó rápidamente sangre en el banco de donaciones sanguíneas y se le cerró la herida quirúrgicamente. Pero era demasiado tarde. Su cerebro había sufrido daños irreparables, y estaba muerto. El resto de su cuerpo no tardaría mucho.

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¡Bañarme en la esfera de un reloj parado!

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y no se parte!
¡Que ver un gorrión sobre tu risa
que ver un lobo sobre tus ansias
que ver tus ojos de aguja en mi cara
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¡Que es mucha miel en iris, voz y boca!
¡Que se me convierte el pecho
en potable vaso en polvo
de cuyos detellos escapan las luciérnagas!

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Mis migajas de pan

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