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El Astronauta (III) - "La Carta"

Empezamos a leer lo que ponía en aquel pequeño papel:

<<Hola, lector. Espero que del mundo que tú vengas todo sea feliz. Si estás leyendo esto es porque tienes un alma. Las almas son pequeños cometas que dan una oportunidad a quien tenga algo que vivir. Cuando encuentras tu destino, tu alma gemela, el destino vuelve a su cauce, teniendo vida.>>

Ves lo que te decía -dijo Lucía de repente-.
Me limité a mirarla a los ojos mientras seguía leyéndome.

<<No se quién eres, ni qué pretendes, ni qué haces aquí. Ni siquiera sé si esto lo leerá alguien algún día. Sólo quiero que no te equivoques como hemos hecho nosotros a lo largo de la historia. Siempre hemos querido mejorar desde distintos puntos de vista y hemos acabado luchando y peleándonos entre nosotros, por conseguir un ideal, una forma de vida. Esto era una arma de doble filo, puesto que era capaz de mover hasta una montaña, pero también fue capaz de destruir un planeta. A esto lo llamamos "amor". Un poder capaz de mover cualquier cosa y capaz de destruirla. Sólo te pido, seas quien seas, que no uses esa arma para otra cosa que no sea amar. No sé si sabrás qué es eso. Ni si quiera en mi época y en mi avanzada edad, queda mucho de esto, ni yo tampoco sé explicarlo... Quizá algún día sepas lo que esto significa. A lo mejor tienes más suerte que yo. Yo amé a una mujer, amé a mi familia, a mis amigos, pero nunca supe emplearlo para parar la Guerra del Fin. Ese cometa que llevas a cuestas, no es solo una cuenta pendiente, es el residuo de esa guerra, que se les dio a los supervivientes. Aprende a vivir sin tapujos. Vive por vivir. No vivas por lo que pueda ser el día de mañana, ni por tu pasado. Vive, ese es tu destino. No lo cambies nunca.

Fdo.: Zerenio>>

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Deseo

Creo que solo te he visto hoy
pero ya te he reconocido
en derramarme por tus ojos.
Te conozco de vivirte antes
con luciérnagas en la garganta.
De funambular acariciando
tu piel con vello de arrozales.
De coserme la lengua con hilo blanco
y que salga todo entre las orejas.

¡Que se partan las puertas y el tiempo!
¡Quiero desearte negra, sucia y dulce!
¡Bañarme en la esfera de un reloj parado!

¡Que se me resquebraja el pecho
y no se parte!
¡Que ver un gorrión sobre tu risa
que ver un lobo sobre tus ansias
que ver tus ojos de aguja en mi cara
o tu cabeza en mi regazo
solivianta la quebrazón de mi pecho!
¡Que no me hables! ¡Que me enajeno!
¡Que es mucha miel en iris, voz y boca!
¡Que se me convierte el pecho
en potable vaso en polvo
de cuyos detellos escapan las luciérnagas!

Te deseo. Me hago feliz pensándote.
Me siento absurdamente vivo.
No me sacia y aun me basta eso.
¡Ay cuando deseo
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los ojos del cuerpo!
¡Cómo haces mirar insidioso
en la codicia del afe…

Mis migajas de pan

JORGE.– Dame migas de pan, Amparo AMPARO.– No me quedan. JORGE.– Pero vi cómo le dabas a Jaime, y a Javier, y a Josué. (Pausa.) ¿No me das migajas porque me llamo Jorge? AMPARO.– No. No te doy pan porque eres Jorge. JORGE.– Pero puedo ser otra persona, si quieres. ¿Así me darías migas de pan, por lo menos? AMPARO.– No puedes no ser Jorge. Aunque no te llames Jorge. Eres y serás Jorge, hagas lo que hagas. Si te haces artista y te pones nombre artístico seguirás siendo Jorge. Si te cambias de sexo, serás Jorge con otro nombre. Si te haces monje budista y nadie te llama Jorge allí, seguirás siendo Jorge. Nada cambia quién eres JORGE.– Pero puedo ser otra persona, si quieres. AMPARO.– No puedes. JORGE.– ¿Por qué no? AMPARO.– Porque no quieres… JORGE.– ¡Sí que quiero! AMPARO.–…y yo no te negaría el pan si fueses otro. Pero yo necesito negarte el pan, Jorge. JORGE.– Llámame Elis. AMPARO.– Serás Elis, pero sigues oliendo a Jorge. Te amaba, pero a mí no me engañas. No puedes ponerte máscaras…

Monólogo autobiográfico

Muebles geométricos llenos de vetas de madera, libros, una cama, libros, un ordenador, un cuadro aún no colgado, una pared blanca pintada con cosas ininteligibles, glosolálicas; un peluche guardián con forma de mapache con una estrella colgada al cuello, una orquídea sana, pero sin flores y un chico de pelo largo estudiando a la par inglés y su falta de vida.

YO. Si me hubieses visto hace solo veinte años. Tenía el pelo corto. Me hacían bullying y no hablaba. Llamaba la atención pero no hablaba. Lloraba pero no hablaba. Un par de luces en forma de padres comprensivos y un señor mayor que me acompañó hasta su muerte (mi madre le cuidaba por las mañanas). Siempre pienso en ir a ponerle flores, le quise mucho, pero al final me acuerdo de ir a verle a su tumba dos meses después. Digo "para el año siguiente". Y así, llevo sin ir dos años.

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