Ir al contenido principal

Otra Receta de Alquimia

A veces las palabras no bastan.
Es tu mente la que te cansa.
Es la que te invade de sandeces
de problemas y otras memeces
que te perturban y no se amansan.

El corazón lucha contra la mente
y no sabes cual de ellos es el que miente
Tu alma se estremece al no poder elegir
pues te has nublado sin querer al pedir
a un destino el poder elegir siempre.

Sabes que eso no se puede
al menos si a sentimientos se refiere
pero puedes elegir que no sean un problema.
Lo malo es que te fíes de una espera.
El destino no dicta lo que sucede.

Decide. Equivócate. Pero algo es cierto.
Es peor no hacer nada a vivir un desacierto.
Se aprende de todo error cometido.
Se vive de todo lo bueno si se ha vivido.
Es un tópico, pero es más que cierto.

Disfruta de lo que tienes. No le dejes
al destino elegir por ti si no quieres.
No hace falta que decidas al momento.
Solamente es cuestión de darse tiempo
y hacer conseguir lo que te desees

Sabes que puedes. No te engañes.
Si no lo sabes, haz que ese pensamiento pare.
Todo el mundo tiene fuerza de voluntad
lo que falta, es la voluntad de aceptar
que se tiene. Esta es la verdad.

Pensar y dudar es de sabios
pero rayarse sólo es un calvario.
No ignores lo que tienes.
Mezcla lo que piensas con lo que sientes.
Te darás una sorpresa de infarto.

Relee este poema si es necesario.
Todo esto lo sabes de antaño
pero olvidas que puedes madurar
y que tu corazón y mente se van a curar.
Esta vez lo tuyo es sólo otro adversario.

Dedicado a Cuaderno de Heroína

Comentarios

Popular Posts

Deseo

Creo que solo te he visto hoy
pero ya te he reconocido
en derramarme por tus ojos.
Te conozco de vivirte antes
con luciérnagas en la garganta.
De funambular acariciando
tu piel con vello de arrozales.
De coserme la lengua con hilo blanco
y que salga todo entre las orejas.

¡Que se partan las puertas y el tiempo!
¡Quiero desearte negra, sucia y dulce!
¡Bañarme en la esfera de un reloj parado!

¡Que se me resquebraja el pecho
y no se parte!
¡Que ver un gorrión sobre tu risa
que ver un lobo sobre tus ansias
que ver tus ojos de aguja en mi cara
o tu cabeza en mi regazo
solivianta la quebrazón de mi pecho!
¡Que no me hables! ¡Que me enajeno!
¡Que es mucha miel en iris, voz y boca!
¡Que se me convierte el pecho
en potable vaso en polvo
de cuyos detellos escapan las luciérnagas!

Te deseo. Me hago feliz pensándote.
Me siento absurdamente vivo.
No me sacia y aun me basta eso.
¡Ay cuando deseo
cómo se me entiernan y encandilan
los ojos del cuerpo!
¡Cómo haces mirar insidioso
en la codicia del afe…

Mis migajas de pan

JORGE.– Dame migas de pan, Amparo AMPARO.– No me quedan. JORGE.– Pero vi cómo le dabas a Jaime, y a Javier, y a Josué. (Pausa.) ¿No me das migajas porque me llamo Jorge? AMPARO.– No. No te doy pan porque eres Jorge. JORGE.– Pero puedo ser otra persona, si quieres. ¿Así me darías migas de pan, por lo menos? AMPARO.– No puedes no ser Jorge. Aunque no te llames Jorge. Eres y serás Jorge, hagas lo que hagas. Si te haces artista y te pones nombre artístico seguirás siendo Jorge. Si te cambias de sexo, serás Jorge con otro nombre. Si te haces monje budista y nadie te llama Jorge allí, seguirás siendo Jorge. Nada cambia quién eres JORGE.– Pero puedo ser otra persona, si quieres. AMPARO.– No puedes. JORGE.– ¿Por qué no? AMPARO.– Porque no quieres… JORGE.– ¡Sí que quiero! AMPARO.–…y yo no te negaría el pan si fueses otro. Pero yo necesito negarte el pan, Jorge. JORGE.– Llámame Elis. AMPARO.– Serás Elis, pero sigues oliendo a Jorge. Te amaba, pero a mí no me engañas. No puedes ponerte máscaras…

Monólogo autobiográfico

Muebles geométricos llenos de vetas de madera, libros, una cama, libros, un ordenador, un cuadro aún no colgado, una pared blanca pintada con cosas ininteligibles, glosolálicas; un peluche guardián con forma de mapache con una estrella colgada al cuello, una orquídea sana, pero sin flores y un chico de pelo largo estudiando a la par inglés y su falta de vida.

YO. Si me hubieses visto hace solo veinte años. Tenía el pelo corto. Me hacían bullying y no hablaba. Llamaba la atención pero no hablaba. Lloraba pero no hablaba. Un par de luces en forma de padres comprensivos y un señor mayor que me acompañó hasta su muerte (mi madre le cuidaba por las mañanas). Siempre pienso en ir a ponerle flores, le quise mucho, pero al final me acuerdo de ir a verle a su tumba dos meses después. Digo "para el año siguiente". Y así, llevo sin ir dos años.

De pronto, una de esas luces brilló más: la curiosidad. De ahí vino el arte y mi identidad. Luego, como vórtice de Hitchcock, ansiedad en forma …