Confesión de garganta ajena materna

Lloro gritos de silencio
con importencia mezclada
y en mi alma encarnizada
se desatan temores de abismos.
Ya te he dicho. Yo te digo
que un grito es un grito.
Lo oyen pájaros y muertos.
Gorriones. Bosques. Niños.

Yo me postro a lo valiente.
Me hundo en el filo de la espada,
y entre gritos de silencio combatiente,
atravesando, desde sueños, mi almohada.
A veces, el silencio es caliente.
Es ardientemente caliente.

Llamas de silencio negro sin calma
que sobre la hoguera se sacian.
Amor de madre en llamas.
Amor de rara a rana
sin príncipes que valgan.
Madre pensando en tartas
para el no-príncipe. La rana
con quien comparte vida y cama.

Imagen de Desertrose7 en Pixabay

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