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Kulias

De pronto abrí los ojos... Vi a un hombre vestido de una manera distinta a mi, pero que en el interior sabía que me gustaba. Su mirada era más experta, algo más fría quizá, pero podía ver en sus ojos que algo de niño quedaba en él. En una décima de segundo, me había identificado con ese desconocido al que me parecería conocer: me había caído bien.
   - ¿Te conozco? -le pregunté algo retóricamente-.
   - No mucho. Algún día lo conseguirás.
   - ¿Qué? -en ese momento todo lo que había pensado sobre él se vino abajo-.
   - Es igual -dijo obviando mi duda- no estoy aquí para hablar de lo que me conoces o no. Sino para, más bien, hacerte yo una pregunta a ti.
Intrigado y confuso soló se me ocurrió preguntarle:
   - ¿Cuál?
   - ¿Estás preparado para vivir?
   - ¿Preparado para vivir? ¿No estoy viviendo ahora? -dije satíricamente-.
   - No -dijo mientras me enmudecía por su contundencia-
Se produjo un pequeño silencio incómodo y prosigió:
   - Verás... Vivir, bueno, vives, pero porque existes, no porque vivas.
   - ¿A qué te refieres?
   - No eres tú quien vive. Al menos no todavía.
   - ¿Pero qué me estás contando? -dije incrédulo, volviéndome un niño por un momento-
Me dispuse a irme. Me contuvo y me dijo:
   - ¡Espera, Kulias!
   - Kulias... ¿Cómo sabes mi nombre?
   - ¡Jajajaja! Eso de momento no es importante. De hecho es más bien una tontería. No esperes mi respuesta pronto, no quiero convertir esta situación en el tópico de una película de espías ni nada por el estilo.
Ambos reímos al unísono. En realidad yo no sabía porqué. Me soltó el brazo con el que me había agarrado y prosiguió:
   - Lo que quería decir con que no vives es bastante simple. A ti te dieron un cuerpo y un alma vacíos cuando naciste. Hasta que no llenes ambas cosas de ti mismo, no vivirás. Sólo vivirán tu cuerpo y tu alma vacíos.
   - Bien y, una pregunta, ¿por qué tengo que aguantar palabras de un desconocido y más si son tan inútilmente trascendentales como esa?
   - Por dos cosas: la primera, que sabes que no soy un desconocido; la segunda, que sabes que no es inútil.
Enmudecí y siguió:
   - Sé más de ti de lo que crees, Kulias -dijo algo emocionado- y sé que no quieres ser uno más del montón. La vida y sociedad que nos han dado está hecha para hacernos soñar y luego impedírnoslo. Sólo los que cumplen sus sueños triunfan. ¿Quieres ser uno de esos que sueñan y son vencidos por el propio mundo en el que viven?
   - Nunca lo había pensado así...
   - Por eso estoy yo aquí -dijo, cortándome-
Ambos nos callamos. El hombre de pronto se sentó y dijo:
   - ¡Venga, siéntate conmigo! Sé que hay muchas cosas que quieres contarme. No te preocupes -dijo como si supiera que iba a decir algo, mientras yo me sentaba- no hace falta que me las digas tal cual, sólo abstractamente o, como puedas; te entenderé.

Me movía una curiosidad incontenible por saber quién era ese tío con quien me había cruzado. Había perdido toda noción de realidad posible. Como en un éxtasis. No sabía qué decir, ni hacer. Calló un segundo. Quise responder, pero antes de poder hacerlo, dijo:
Bueno, te echaré un cable para contestar: ¿Qué te gustaría cambiar de tu vida?
   - Pues...
   - Déjame pensar: quitarte tus defectos o aceptarlos -dijo como adivinando mis pensamientos-
   - Si y...
   - ¡Espera, lo tengo!: No tener miedo
   - Bueno la verdad es que... -dije incómodamente-.
   - ¡Oh! También podrías...
   - ¡Cállate! -dije frustrado- ¡No me dejas hablar!
   - ¡Aaaa! ¿Quieres hablar? Bueno, no habías contestado, no soy adivino -dijo esbozando una sonrisa-. ¡No te sientas incómodo, hombre! Además, ¿por qué gritar? Tu no te crees nada de lo que te estoy diciendo aunque sabes que todo es cierto. Incluso ibas a contármelo sin confiar en mi. Grita más fuerte, ¡yo te ayudo!

El hombre se puso a gritar loca e incomprensiblemente. La intriga por saber quién era ese hombre se había convertido en una mezcla entre saber quién era yo mismo y saber porqué narices ese loco estaba haceindo el mono.
   - ¡Basta! -grité-
   - ¡Por fin gritas! -le miré con algo de desprecio- ¡Bueno, bueno, no me comas! Era una broma, hombre. Y bien, ¿qué te gustaría cambiar en tu vida?
   - A parte de lo que has dicho, algunas cosas más.
Enmudecí como para coger aire. Luego cité fríamente aquello que había pensado.
   - Quiero disfrutar de mi vida, cumplir mis sueños, ser lo que quiero ser, querer a la gente que quiero de verdad y creer en mi. ¡Qué exigente me siento! -dije sietiéndome algo egoísta- Bueno, esa última en realidad significa no tener miedo. Eso ya lo habías dicho tú antes.
El desconocido se limitó a mirar fijamente y sonreír.
   - Bueno -dije rompiendo el silencio-, ¿qué dices a eso?
   - Nada complicado: sólo que lo hagas. Al fin y al cabo con todo eso serías tu mismo.
   - ¿Pero cómo? ¡Bah! Además, eso significaría que sería perfecto, y no lo soy. Todo el mundo tenemos...
   - ¡Anda ya! -me cortó-. ¡Eso son bobadas! Mira, eso según tú sería ser perfecto, pero no serías perfecto, simplemente serías tú. Lo perfecto no es posible, lo ideal sí. Lo que pasa es lo ideal, es difícil. Yo digo que nada es imposible -esa frase retumbó en mi cabeza con mi propia voz-, entonces no sería imposible ser perfecto, pero el caso es que la perfección no existe, y por ello, la imperfección tampoco. Eso es lo que hace bonita esta vida, ¿no?: las diferencias, digo. Si no explotas lo que te hace especial, ¿Qué pretendes hacer con tu vida, tío? -dijo dándome amistosamente un codazo en el hombro mientras me guiñaba el ojo- Eso es ser tu mismo: ser especialmente tú. Llámame loco, hazlo, pero sólo los locos son ellos mismos, porque no les importa que les llamen locos. A mi, de hecho, me halaga, ¿sabes?

Se tumbó y miró al cielo, como esperando sin impaciencia alguna. Por otro lado, mi conciencia se colapsaba, pasando turbia y fugazmente entre momentos de éxtasis, hundimiento y estabilidad que se iban acercando al último.
   - Bueno -dijo dirigiéndose a mi de nuevo-, ¿tú qué opinas?

No opiné. No podía. Sabía que mi respuesta era que quería seguir sus palabras, y que iba a hacer todas esas cosas que quería hacer. Yo notaba que él ya conocía mi respuesta. El hombre sonrió abiertamente.
De pronto se levantó y echó a andar dándome la espalda, como si de repente no nos conociéramos de nada. No era capaz de moverme. Me sentía intimidado por ese hombre y colapsado por mis propias fronteras. De pronto ambos sentimientos se rompieron en mil pedazos. Ambas barreras habían llegado a su fin por mi propia voluntad. Mis sueños. Yo seguía sin hablar mientras le veía irse. Pero esta vez era porque no quería hablar. A pesar que para mi esos pensamientos habían durado una eternidad, él seguía a penas unos metros de mi. No hacía falta ni gritar para hablar. En ese momento se dio la vuelta y me miró de nuevo diciendo:
   - Qué difícil es opinar que no a algo que sabes que es cierto, ¿verdad?
   - Sí -dije riéndome-.

Vino sin prisa pero sin pausa y me dio un beso en la mejilla mientras me daba un abrazo. Como él había predicho, había dejado de sentirme incómodo. Le sentía inexplicablemente como un amigo, aunque no sabía ni su nombre. Cuando se separó, estaba casi llorando. Me seguía teniendo agarrado de los hombros. Yo no sabía porqué se emocionaba tanto con ciertas frases. En ese momento se levantó y antes de volver a irse -esta vez para no volver- me dijo:
   - ¿Sabes un cosa, Kulias?
   - Dime -dije extrañado al oír que esta vez era él el que me preguntaba algo a mi-.
   - Es difícil hablar con tu antiguo yo sin emocionarse.

Comentarios

  1. Dios santo, es una maravilla, genial, impresionante, te juro que no tengo palabras para describirte lo magnifico que me ha parecido. Eres un crack, como se nota que lo de escribir se te da. Me ha encantado maldita sea... ME HA ENCANTADO =DDDDDDDDDDDD

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tu piel con vello de arrozales.
De coserme la lengua con hilo blanco
y que salga todo entre las orejas.

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¡Quiero desearte negra, sucia y dulce!
¡Bañarme en la esfera de un reloj parado!

¡Que se me resquebraja el pecho
y no se parte!
¡Que ver un gorrión sobre tu risa
que ver un lobo sobre tus ansias
que ver tus ojos de aguja en mi cara
o tu cabeza en mi regazo
solivianta la quebrazón de mi pecho!
¡Que no me hables! ¡Que me enajeno!
¡Que es mucha miel en iris, voz y boca!
¡Que se me convierte el pecho
en potable vaso en polvo
de cuyos detellos escapan las luciérnagas!

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