Ir al contenido principal

Hacia la Oscuridad



Estaba en una cárcel oscura y tenebrosa, sólo amparado por un haz de luz en la luna llena. Me despierto sorprendido al ver que la puerta está abierta, y no hay nadie vigilando. Salgo sigilosamente, confiado.

Sin saberlo, alguien me persigue. No tardo en darme cuenta de su presencia. No saben realmente dónde estoy, eso me alivia. Por la espalda oigo a un guardia. No dice nada. Al darme la vuelta veo que me está señalando. El único ruido en el pasillo es el de mi mente silenciosa. 

Corro hacia el final del pasillo. Me encuentro con un foso cilíndrico. Me escondo en el los pasillos circundantes al foso, con esperanza de que no mirasen a los lados. No funciona. al verme, me cogen y me arrojan por él. En la caída voy chocando con las paredes. Sobrevivo. Me despierto de nuevo por el haz de luna que daba al fondo del foso. Mi confianza del principio se ha desvanecido. Veo otro pasillo y me vuelvo a esconder. Entro de nuevo en la oscuridad. 

Sin darme tiempo a relajarme, ya estoy oyendo de nuevo pasos. ¡Me persiguen otra vez! Esta vez oigo más pasos. Cada vez más pasos. ¡Son cientos! De entre las sombras de la luna sale una horda de soldados que  me ven, vienen andando hacia mi, sin prisa: saben que no tengo escapatoria. Desesperadamente intento huir hacia el otro lado, pero hay otra horda esperándome. Estoy perdido. Alguien me dispara un dardo. Pierdo al conciencia.

Aparezco de nuevo en un pasillo inmenso. Desde los cristales entra la luz, pero el eclipse de luna amenaza con dejarme a oscuras. Huele a putrefacción y jugos gástricos. De pronto oigo cabezas quebrarse junto con unos pasos pesados y fuertes. Esos pasos se acercan hacia mi, no se desde dónde. Me entra pánico. Intento correr. Veo de lo que estoy huyendo, es un monstruo enorme. No me fijo en él y por acto reflejo salgo huyendo. Le pierdo de vista. Algo más tranquilo estoy, pero entre tanta carrera aún no he encontrado una sola puerta, ni siquiera cerrada. El haz de luna cada vez da menos luz. La mitad del haz ahora es oscuridad.

De pronto los cristales empiezan a romperse uno por uno. Vuelvo a huir pero cada vez me entra más el pánico: algo me dice que no estoy huyendo. Los cristales se siguen rompiendo. Sin darme tiempo a pensar las manos gigantes del monstruo me tienen cogido de la cabeza. Me rompe el cuello y la hace estallar al son que se rompe el último cristal del pasillo y desaparece el último haz de luz del plenilunio.

Comentarios

Popular Posts

Deseo

Creo que solo te he visto hoy
pero ya te he reconocido
en derramarme por tus ojos.
Te conozco de vivirte antes
con luciérnagas en la garganta.
De funambular acariciando
tu piel con vello de arrozales.
De coserme la lengua con hilo blanco
y que salga todo entre las orejas.

¡Que se partan las puertas y el tiempo!
¡Quiero desearte negra, sucia y dulce!
¡Bañarme en la esfera de un reloj parado!

¡Que se me resquebraja el pecho
y no se parte!
¡Que ver un gorrión sobre tu risa
que ver un lobo sobre tus ansias
que ver tus ojos de aguja en mi cara
o tu cabeza en mi regazo
solivianta la quebrazón de mi pecho!
¡Que no me hables! ¡Que me enajeno!
¡Que es mucha miel en iris, voz y boca!
¡Que se me convierte el pecho
en potable vaso en polvo
de cuyos detellos escapan las luciérnagas!

Te deseo. Me hago feliz pensándote.
Me siento absurdamente vivo.
No me sacia y aun me basta eso.
¡Ay cuando deseo
cómo se me entiernan y encandilan
los ojos del cuerpo!
¡Cómo haces mirar insidioso
en la codicia del afe…

Mis migajas de pan

JORGE.– Dame migas de pan, Amparo AMPARO.– No me quedan. JORGE.– Pero vi cómo le dabas a Jaime, y a Javier, y a Josué. (Pausa.) ¿No me das migajas porque me llamo Jorge? AMPARO.– No. No te doy pan porque eres Jorge. JORGE.– Pero puedo ser otra persona, si quieres. ¿Así me darías migas de pan, por lo menos? AMPARO.– No puedes no ser Jorge. Aunque no te llames Jorge. Eres y serás Jorge, hagas lo que hagas. Si te haces artista y te pones nombre artístico seguirás siendo Jorge. Si te cambias de sexo, serás Jorge con otro nombre. Si te haces monje budista y nadie te llama Jorge allí, seguirás siendo Jorge. Nada cambia quién eres JORGE.– Pero puedo ser otra persona, si quieres. AMPARO.– No puedes. JORGE.– ¿Por qué no? AMPARO.– Porque no quieres… JORGE.– ¡Sí que quiero! AMPARO.–…y yo no te negaría el pan si fueses otro. Pero yo necesito negarte el pan, Jorge. JORGE.– Llámame Elis. AMPARO.– Serás Elis, pero sigues oliendo a Jorge. Te amaba, pero a mí no me engañas. No puedes ponerte máscaras…

Monólogo autobiográfico

Muebles geométricos llenos de vetas de madera, libros, una cama, libros, un ordenador, un cuadro aún no colgado, una pared blanca pintada con cosas ininteligibles, glosolálicas; un peluche guardián con forma de mapache con una estrella colgada al cuello, una orquídea sana, pero sin flores y un chico de pelo largo estudiando a la par inglés y su falta de vida.

YO. Si me hubieses visto hace solo veinte años. Tenía el pelo corto. Me hacían bullying y no hablaba. Llamaba la atención pero no hablaba. Lloraba pero no hablaba. Un par de luces en forma de padres comprensivos y un señor mayor que me acompañó hasta su muerte (mi madre le cuidaba por las mañanas). Siempre pienso en ir a ponerle flores, le quise mucho, pero al final me acuerdo de ir a verle a su tumba dos meses después. Digo "para el año siguiente". Y así, llevo sin ir dos años.

De pronto, una de esas luces brilló más: la curiosidad. De ahí vino el arte y mi identidad. Luego, como vórtice de Hitchcock, ansiedad en forma …