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Dormir. Vivir. Dormir.

Hoy mis pasos te recuerdan.
Cada paso es distinto al anterior
pero se parecen mucho.
Lo que los hace distintos
es el hecho de que me desplazan.
Nos desplazamos.

Una lanza se eleva de la tierra
y nos atraviesa el pecho a los dos.
Como simples brochetas
Es un aguijón de la tierra,
de la vida.

Siento que te duermes en esa muerte
y yo, debajo,
te abrazo en cucharilla.
No morimos allí.
De hecho, no hemos muerto nunca.

Te llevo en mis pasos.
En hojas que se paran
en mi vista
y que se mueven
como el amar de tus ojos,
como el bailar de la muerte
del final, y de la suerte.

Quiero tu bien. Que estés
bien.
Duerme. Despierta pronto
pero duerme.
Que la muerte
los sueños
y las pesadillas
son senderos largos
pero son solo un tercio
de toda la vida.

Vive.
Anda conmigo.
Sobre mis pies no te caerás
mientras andes.

Anda conmigo.
Pero descansa primero.
Hay que coger suministros
del corazón
para viajar

Te llevo en mis pasos.
Te elijo
hasta que la muerte
la vida o la suerte
nos separe.




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Deseo

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pero ya te he reconocido
en derramarme por tus ojos.
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con luciérnagas en la garganta.
De funambular acariciando
tu piel con vello de arrozales.
De coserme la lengua con hilo blanco
y que salga todo entre las orejas.

¡Que se partan las puertas y el tiempo!
¡Quiero desearte negra, sucia y dulce!
¡Bañarme en la esfera de un reloj parado!

¡Que se me resquebraja el pecho
y no se parte!
¡Que ver un gorrión sobre tu risa
que ver un lobo sobre tus ansias
que ver tus ojos de aguja en mi cara
o tu cabeza en mi regazo
solivianta la quebrazón de mi pecho!
¡Que no me hables! ¡Que me enajeno!
¡Que es mucha miel en iris, voz y boca!
¡Que se me convierte el pecho
en potable vaso en polvo
de cuyos detellos escapan las luciérnagas!

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