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Estoy sufriendo


Estoy sufriendo.
¿Pero no eras tú el que creía en el amor fati?
El amor fati sólo dice que todo en la vida por ser parte de la vida es bueno, no que lo malo de la vida no duela.
Bueno, pues deja de que pase.
Pero, mientras, ¿qué hago? Mientras, estoy viviendo, y no puedo no vivir.
Ya… Eso es un problema.
¿Ves?
Pero decir que un problema es un problema, no te ayuda en absoluto, ¿verdad?
Pues no. No mucho, francamente.
Ya… tiene sentido. Es que es complicado. 
¡No me hables de «complicado»! ¡Es tan absurdo decirme que la vida es complicada como decirme que tengo un problema!
Bueno, ¿y qué quieres que te diga? 
Eso me gustaría saber a mí. 
Ya… Es que es jodido no saber qué quieres. 
Y dale... 
¿Qué pasa? 
Pues que decirme que no sé lo que quiero es tan obvio como decirme que es complicado, y que tengo un problema. 
Entonces, ¿qué te digo? ¿Te doy una palmadita en la espalda, tiro una bomba de humo, desaparezco, y dejo que te pudras en tu miseria? 
Tampoco es eso… 
¡Entonces deja de quejarte! ¡Eso no te ayuda!

(Pausa.) 

¡Gracias! ¡Eso sí me sirve! 
¿En serio? 
Más o menos… 
Nunca creí que decirle a alguien que no se quejase le aliviaría. 
Bueno, en verdad no. Soy un ser gregario y necesito comunicarme con los de mi especie, ¿sabes? Sino no estaríamos hablando. 
Claramente. 
Pero sí que me ha aliviado pensar que me podía aliviar. Maldita ironía. 
Bueno, quizá después de todo no sea mala idea pensar que es complicado, que tienes un problema y que no sabes qué quieres. 
Hombre, francamente, eso no me alivia mucho. Más que nada porque es hundirme a mi mismo, ¿sabes? 
Bueno, si quieres hundirte, puedes hundirte, pero creo que te sería de más ayuda simplemente el hecho en sí de tenerlo en cuenta. 
Explícate. 
Sí, vamos, que si sabes que es complicado, puedes pensar rápidamente que necesita un tiempo para arreglarse y puedes quitarte el estrés de pensar en solucionarlo aquí y ahora: cuando no puedes. Y si sabes que es un problema, lo aceptas y no te niegas a ti mismo que lo tienes. 
¡Joder! Eso podría estar de puta madre, tío. Pero realmente lo que me pasa es que llevo un tiempo metido en esa mierda de la que me hablas y ya no sé dónde empieza el problema y termina la complicación. Entonces moverse por ahí es como complicado. No sé si me explico. 
Perfectamente, pero bueno, aceptar que vives en el caos, también es parte de aceptar tu situación, y quizá eso, aunque es obvio, pueda asentarte. Hacerte dejar de sufrir un poco. ¿Has visto este diálogo? Este diálogo no eres más que tú hablando contigo mismo. Simplemente que te has puesto en dos personajes, y los has hecho más o menos neutros de caracterización para poder llegar a conclusiones que a ti te sirvan en tu vida real. Lo típico: el mentor y el héroe. A mí me toca el mentor, y por eso soy el que tiene más parrafadas explicativas de estas. 
Joder, pues qué putada. Entonces no existimos, ¿no? 
No más allá de este relato. De hecho estás negando tu propia existencia y no te afecta. 
En absoluto, la verdad… 
La verdad es que el que nos escribe tiene una manera peculiar de burlarse de sus personajes. 
¿Sabes lo más cojonudo de esto? 
¿El qué? 
Que no sé en qué momento he dejado de tener un problema, pero realmente no tengo ninguno ahora mismo. Es más, como soy un personaje, realmente no tengo ninguno, porque no existo, ¿sabes lo que te digo? Y como no se ha relatado el problema anteriormente, antes del diálogo, me refiero, y yo no te lo he contado, tampoco hay problema. 
¡Uuuuh! Eso que acabas de decir a nuestro escritor no creo que le siente bien. Creo que eso es contraterapia. Tío, tú eres el héroe de la historia, y eres el personaje en el que él se encarna. ¿Me entiendes? Por eso eres tú el que tiene el problema. Si fuese yo quien lo tuviese yo sería el héroe. Y esto de hacer metaliteratura nos deshace un poco como personajes. Por eso a nuestro escritor, no le está sirviendo de mucho. 
O sea, que el escritor, es decir, el tío que me está escribiendo y pretende ser yo en otra parte para desahogarse, ¿está destruyendo sin querer a los personajes que le servían de terapia? O sea que, aunque haya conseguido un diálogo metaliterario lírico de puta madre (bueno… “de puta madre” no sé. Eso ya lo verá él cuando edite el texto, pero bueno, como soy el personaje, que a su vez soy el escritor que está mal, pues me intento autoanimar, y así me siento importante. Yo en la literatura de este relato, y él en su mundo real) se le está yendo todo a la mierda porque nos ha dejado adivinar que somos personajes. 
En principio sí, pero con la disertación que acabas de hacer casi se le olvida… ¡Anda! Acabo de descubrir que yo soy su antagonista. Como soy el que desvela la movida, soy el que le impide estar bien porque se vuelve a acordar de sus problemas. 
¡Hostia! Entonces el héroe ahora es él, no yo. 
Exacto, al menos en esta escena. Es que ha habido muchos cambios dramáticos a lo largo del diálogo tío, no puedes pretender ser siempre el centro de atención, aunque seas el prota del relato, supuestamente. Hay escenas en las pelis y en el teatro en las que el prota no sale. 
¡Hostia! Y ambos hablamos como él. Me acabo de dar cuenta. 
Sí. Eso en realidad no ha tenido nada ver con la conversación, pero bueno, este diálogo es experimental y lejanamente lírico. Creo que el escritor se está regocijando en la tontería de este diálogo. 
Eso parece que lo dijera un editor, ¡o incluso un crítico! 
Sí es que, como te digo, ambos somos el escritor, y a veces su voz se manifiesta en uno o en el otro. 

(Pausa violenta. Un poco larga.)

Pues creo que se le ha acabado la voz. 
Sí. Parece que es hora de acabar el relato. 
No le he servido de mucho, pobrecillo. 
Ya, ¿pero qué le vamos a hacer nosotros que sólo somos él en un papel? 
No podemos cambiar el rumbo de un mundo en el que no podemos vivir… (Pausa.) Oye, ¿esta parte del diálogo tras la pausa de antes es un intento de final efectista? En plan de intento de quedar bien con el lector sin haber dicho una puta mierda con una conclusión retórica o algo así, con lo de la simbología del papel que hemos dicho. 
¡Hostia! Pues sí lo parece, sí. ¡Qué cabrón! Lo último que hace es dejar mal al mentor que iba a ayudar a su protagonista. (Pausa.) ¡Y encima me deja quejarme!


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