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El arte de recordar

Cada gesto sabe a miel cuando escribo en esta hoja. Y aún más cuando sé que escribo porque he tenido algo maravilloso: un recuerdo. Esa cosa que no es cosa por no es en ninguna parte. Pero siempre está en alguna parte. Siempre que aparece, los ojos dejan de funcionar y reproducen un vídeo durante unos instantes. Unos instantes que no tienen tiempo. Como si por un momento pudieras no vivir y recordar. O mejor, como si fuera necesario no vivir durante ese instante para poder recordar. Por supuesto hay recuerdos más allegados que otros y, como cuando ves una película. produce una reacción. Una catarsis fugaz y efímera acompañada de una sonrisa, de una mala cara, de una mirada, de un suspiro. Pero los recuerdos que más mueven son aquellos que darían ganas de representar y describir in situ y recrear, quizá (o muy probablemente) de forma torpe, pero que serían como revivirlos otra vez. Revivir con el corazón. Es curioso: Recordar. Re- cordis (corazón). Que recordar significa exactamente eso. Quizá por eso sea necesario parar la propia vida, pues volver a vivir algo es un arte complicado que en sí mismo exige volver a viajar a mundos nuevamente antiguos. Los recuerdos no son algo mortal como nosotros, por eso cada vez nos sorprenden de una manera distinta y en momentos distintos. Aunque los recuerdos en sí mismos parezcan (aunque las apariencias mienten) no cambiar demasiado.
Si muriese, me encantaría que mi Cielo fuesen mis recuerdos. Sería tan placentero... De vez en cuando no parecería mala idea quedarse en un recuerdo para siempre, ¿verdad?

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Para la gente a la que beses

Hay gente  que necesitas besar  muchas veces  porque el fin de un beso es  siempre  el principio de otro  que aún no ha venido. Hay gente que necesitas besar  muchas veces porque cada beso es siempre como estar en casa y ser querido. Hay gente que la besas y no vuelve (pocas veces). Pero dentro de ti es siempre un recuerdo vívido de haber vivido. Hay gente que la besas y no vuelve muchas veces y duele ver, porque es siempre ver al otro yendo a otros caminos. Hay gente  que la besas, te arrepientes y así siempre, muchas, o una sola vez. Siempre, y aunque no después, besar se quiso. Hay gente que la besas y no vuelve para siempre porque el mismo tiempo es siempre quien os ha llevado  hacia el olvido. Hay gente  que la besas y sí vuelve muchas veces, y despierta algo que es siempre algo que aun dormido era cariño. Hay gente que no besas y sí vuelve muchas veces, y se queda porque es siempre amor, aun siendo otro que el del inicio. Hay gente...

Recuerdos como noches

Cuando la noche se asienta, cuando el día se termina, cercan los horizontes de mis ojos los recuerdos. Esos que veo junto a la estela de mis pasos. Cuando la noche se asienta y su silencio se posa afloran pensamientos en mi mente: los recuerdos  a los que temo. Junto a la estela de mis pasos. Porque mis recuerdos se me aferran como a la piel, cicatrices, como a la retina, luz como al esperar, el tiempo. Puede ser que sean bellos esos recuerdos. Aún me inquietan. Hay carcasas bellas con adentros feos. Porque mis recuerdos se me aferran como la corriente al nervio, como la mano al puñal, como el párpado a lo visto. Y sé bien perderme en ellos —en los recuerdos que son veneno— incluso más que en todos mis pasos mismos. Imagen hecha con Leonardo AI  de ©Shathu Entayla

Sed de pájaro

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