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Espera

Espera.
Pestañea.
Quita la miel de tus ojos
y ve.

Espera.
Sé que estás solo
escuchando rock de bar
baladas de amor
y de invierno.

Espera.
¡Que te equivocas!
Que la música suave
ablanda el alma.
Que los ojos cansados
cubren media realidad de sueños.
Que algunas veces, los sueños
a veces son pesadillas.

Espera.
Sólo un poco más.
Que tu mano sin brazo
está llegando al altar.
Que tus labios de arena
por fin exhalan tempestad.

Espera.
Espérame, chaval
No avances más.

Espérate.
Que aún queda camino
para aprender a andar.
Que aún tienes muñones
y no sabes volar.

Espera a llegar,
que cuando tus ojos ven el final
no has llegado.
No hasta que tus ojos
lleguen donde tus ojos miraron.

¡Espera, chaval!
Tú. Sí. El de allá.
El que no se quiere acercar.
mi mayor Yo:
el más Yo de los dos.

Espera. Espérate. Espérame.
Por favor.
No te me vayas más.
No me vayas más.

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Hebrón (de Palestina)

Entre tus coágulos inesperados, Entre tus alambradas que, sin avisar, reptan por tus paredes y tus calles emanando un hedor a claustrofobia inevitable; hedor catalizado por aguas fecales vertidas por prometidos a una tierra sobre la paz de tus zocos,
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El Mar Rojo

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de ©Shathu Entayla
Dedicado a mis actuales parejas cuyos nombres juntos forman la palabra Karicia