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Un cálido abrazo frío

Veo en la pantalla ahora una gran mancha negra que parece que cubre algo que se mueve. Me levanto y oculto entre mis brazos una cámara que tengo enfrente, que siempre me mira.
Y tú, al igual que yo ahora, como siempre, haciendo ruido con tu piel, intentando abrazarme abrazando al ordenador, que nos hace estar más cerca.  Aunque sólo sea un momento.
Y eso que a ti nunca te ha gustado abrazarme por aquí. Quizá tengas ahora razones para hacerlo.

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Hebrón (de Palestina)

Entre tus coágulos inesperados, Entre tus alambradas que, sin avisar, reptan por tus paredes y tus calles emanando un hedor a claustrofobia inevitable; hedor catalizado por aguas fecales vertidas por prometidos a una tierra sobre la paz de tus zocos,
ahí, el azul y el blanco se mezclan con verde, rojo y negro y todos ellos buscan su supremacía colapsando esa fluidez plástica que debería caracterizar a los colores y a las fronteras.
Pero entre tus calles hay sonrisas árabes astucia comercial que intimida que admira, calurosa generosidad y bienvenida. Vida que se quiere normal.
Una atmósfera de música y gritos apelativos frente al silencio de tu lado fantasma en el que solo recuerdos palestinos descansan; una atmósfera viva con fronteras que cortan, o peor, que habitan las calles; una atmósfera de paz que convive e ignora conveniente y humanamente la guerra que le acecha como una serpiente azul reptando sobre aguas blancas -aunque nunca transparentes- bajo una noche clara y una est…

El Mar Rojo

Aguas de todas partes contienes. Cuatro naciones te pueblan con distintas banderas y morales. Entre la rojez propia de la guerra tu rojez es literaria y unifica; tus corales y medusas sin tentáculos, tus espinas traicionares en la arena,  tus playas levantando las faldas del Sinaí y por el otro lado amurallando Arabia todo tú  eres paz. Una paz inhóspita. Despoblada. Agresiva.
Estás rodeado de desierto. Y tu desierto solo lo habitan comercios cerrados, pueblos pequeños y turistas cegados por la estrella de un rey. Tus aguas son verdes, moradas y azules desde la orilla. Supongo que al mezclar esos colores el alma se enrojece y de ahí tu nombre… o porque quemas con el desierto que te sitia o porque tus atardeceres sinaíes son rojos o porque las montañas que te cercan son granas (¡vaya a saber Moisés!) lo cierto es que llevas en tus golfos el rojo en sus dos caras: el del amor y el de la guerra; y en tu desierto, ambos se juntan (¡الحمد لله)
y se vuelven agua y arena.

Ovillejo del poliamor

¿Qué es si no es competición?
Compersión.
Pues compartir sin dolor
es amor,
¡y este la más vitalicia
si es Karicia!

No son fáciles delicias
amar y serlo a mil vías
pero dí, ¿tú no querrías
compersión, amor, karicias?

de ©Shathu Entayla
Dedicado a mis actuales parejas cuyos nombres juntos forman la palabra Karicia