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El Silencio

¡SH! Oye el silencio. Hay cosas en él que ni te atreverías a oír, ni podrías, pero haciéndolo, puedes sentirlo. Un eco frágil pero invulnerable. Una sombra del sonido. Una sombra, burlona pero libre. Libre. Libre.

Una sombra de la que todo el mundo habla pero nadie ha visto, ni oído, sólo sentido. Capaz de recrear momentos tensos y tiernos. Necesaria, más incluso, que el propio sonido en ciertos momentos. No me gustaría ser sordo, ni mucho menos. Ni maldigo ni me burlo de los que lo sean. Simplemente, quiero hacer ver que, entre el bullicioso y estresante o sencillo y bello mundo del sonido, hay silencio.

El silencio es el amo del sonido, que le entrega el mandato para sonar cuanto quiera, pero puede imponer su poder en cada instante deseado. Pasa desapercibido, ignorado, distante.

La oscuridad del sonido, luce entre los ambientes. No es que no suene nada cuando no lo percibimos con nuestros oídos, sino que nuestros oídos, imperfectos, no son capaces de escucharlo.

Sólo los verdaderamente capaces de hacerlo, pueden quedarse inmersos en un mundo de tinieblas. Sólo los que tienen la libertad para disfrutar la libertad, pueden disfrutar de la música y del silencio.

Los que no tienen el valor suficiente para ver ambos mundos, se quedan estancados en uno. Si bien es cierto que en él está todo el mundo, ¿no será que nadie tiene el valor suficiente?



Séptimo Tributo...A La Libertad

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Deseo

Creo que solo te he visto hoy
pero ya te he reconocido
en derramarme por tus ojos.
Te conozco de vivirte antes
con luciérnagas en la garganta.
De funambular acariciando
tu piel con vello de arrozales.
De coserme la lengua con hilo blanco
y que salga todo entre las orejas.

¡Que se partan las puertas y el tiempo!
¡Quiero desearte negra, sucia y dulce!
¡Bañarme en la esfera de un reloj parado!

¡Que se me resquebraja el pecho
y no se parte!
¡Que ver un gorrión sobre tu risa
que ver un lobo sobre tus ansias
que ver tus ojos de aguja en mi cara
o tu cabeza en mi regazo
solivianta la quebrazón de mi pecho!
¡Que no me hables! ¡Que me enajeno!
¡Que es mucha miel en iris, voz y boca!
¡Que se me convierte el pecho
en potable vaso en polvo
de cuyos detellos escapan las luciérnagas!

Te deseo. Me hago feliz pensándote.
Me siento absurdamente vivo.
No me sacia y aun me basta eso.
¡Ay cuando deseo
cómo se me entiernan y encandilan
los ojos del cuerpo!
¡Cómo haces mirar insidioso
en la codicia del afe…

Mis migajas de pan

JORGE.– Dame migas de pan, Amparo AMPARO.– No me quedan. JORGE.– Pero vi cómo le dabas a Jaime, y a Javier, y a Josué. (Pausa.) ¿No me das migajas porque me llamo Jorge? AMPARO.– No. No te doy pan porque eres Jorge. JORGE.– Pero puedo ser otra persona, si quieres. ¿Así me darías migas de pan, por lo menos? AMPARO.– No puedes no ser Jorge. Aunque no te llames Jorge. Eres y serás Jorge, hagas lo que hagas. Si te haces artista y te pones nombre artístico seguirás siendo Jorge. Si te cambias de sexo, serás Jorge con otro nombre. Si te haces monje budista y nadie te llama Jorge allí, seguirás siendo Jorge. Nada cambia quién eres JORGE.– Pero puedo ser otra persona, si quieres. AMPARO.– No puedes. JORGE.– ¿Por qué no? AMPARO.– Porque no quieres… JORGE.– ¡Sí que quiero! AMPARO.–…y yo no te negaría el pan si fueses otro. Pero yo necesito negarte el pan, Jorge. JORGE.– Llámame Elis. AMPARO.– Serás Elis, pero sigues oliendo a Jorge. Te amaba, pero a mí no me engañas. No puedes ponerte máscaras…

He sentido

Te miro porque siento alivio al mirarte. Siento que ya no respiras arena. He sentido tus músculos desmenuzarse sobre mi pecho y pararse el motor de tu cabeza.
He sentido tu angustia, tus relámpagos repentinos, tus mansedumbres forzadas, tus vomitares de alma; he visto la calma, la osadía, el hartazgo y la apatía; lo he visto todo en tu debilidad más profunda en tu vulnerabilidad más líquida.
Querer es dar cuenta que la respiración de otro te recuerda a la tuya. Y viceversa. Lo he sentido porque te he querido.


de ©Shathu Entayla