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El Reflejo de Mi Muerte

Me desperté al fin, y empecé a imaginarme como sería la vida fuera de aquel antro lúgubre y solitario en el que me encontraba, quería salir, pero no hallaba la manera de hacerlo, además, en un sitio tan oscuro no se ve nada, tendré que empezar por encontrar la puerta, supongo.

Más tarde no encontré una puerta sino un espejo, además, un tanto extraño, era tan malo y frágil que parecía de vidrio. "¿Qué es este “espejo”, si se le puede llamar así?" Entonces, bajo una tenue luz pude verme en el espejo…No es posible…No hay nada, ¿qué ha pasado aquí? Tengo que recordar.

(Son ya las tres de la tarde, debería irme a casa ya)
- Bueno compañeros, me voy a casa ya, hasta mañana.
- "Hasta mañana A…d"-contestó un hombre

Parecía estar en un almacén planeando algo con mis supuestos compañeros, pero, ¿cómo me ha llamado ese hombre? No logro recordar nada…

Apareció entonces un hombre trajeado, con corbata, gafas de sol y un sombrero de copa que no me permitía verle la cara, vi entonces que tenía una linterna, me hizo mucho daño en los ojos, pero pude ver el suelo cubierto de cadáveres, lo que me sobresaltó bastante, pero no quería huir, pues ese hombre podría ser mi única vía de salida, así que le seguí.

Todo parecía cobrar vida de repente pero no sabía quién era ese, ni qué estaba haciendo allí, en una cárcel tan oscura como aquella.

Acabé en otra habitación. Me di cuenta de que me había ido acostumbrando a la luz mientras iba caminando con aquel desconocido.

- ¿Qué extraño, que hace aquí el espejo de antes?

Entonces por fin pude verme reflejado en el espejo, antes no me veía porque estaba muy oscuro, aquella pequeña luz no fue suficiente.

Yo era moreno con un tono intenso y claro, no me imaginaba así a mí mismo, mis ojos son marrones también. Una cosa. ¿Por qué llevo una bata blanca de enfermo?

Entonces el espejo se clareó hasta dejarme ver que había gente al otro lado mirándome con ojos de rabia. 

- Un hombre anciano sonriente: "¡Asesino, muere ya!"

Me di cuenta entonces de que detrás tenía una silla con 3 tubos, uno gastado y los demás en colores metálicos transparentes que hacían contraste en aquella habitación blanca y luminiscente que no daba pie a abrir los ojos más de medio párpado.

Instantáneamente entraron dos hombres trajeados y me empujaron contra la silla, me sujetaron a ella y me dieron una descarga eléctrica...

-¡Hasta mañana y suerte!
(Tiros de metralleta)

-¡A Cubierto! –dice un soldado rubio y fornido-
-¡Enemigos!- grita un hombre desde una torreta
-¡¡Morid Nazis!!- exclama un hombre alto y de ojos claros mientras empuñaba y cargaba su arma. No vestía como nosotros.
- Alfred, lleva estas municiones al campamento - dice un hombre rubio de ojos castaños -
- Pero Höss sabes que yo no…-dije-
- Sé que no quieres hacer esto hermanito, ni tu ni yo, pero si no ya sabes lo que hará Mr.”Heil”-Ríe mi hermano-
-¡Jajaja!
-¡Corre!
(Sonido de una bomba a escasos metros)
-¡Arestad-¡ (no logré oír más)

Tras aquello me dispuse a gritar diciendo aterrado: "yo no hice nada" No sirvió de nada en absoluto. Finalmente me inyectaron los tubos restantes, el que falta es el que me borró la memoria, supongo, pero ya, ¿qué más da? De todas formas, aunque sea cierto que los nazis hicieron cosas horribles, ¿por qué tengo que pagar yo por ello?

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Deseo

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y que salga todo entre las orejas.

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¡Quiero desearte negra, sucia y dulce!
¡Bañarme en la esfera de un reloj parado!

¡Que se me resquebraja el pecho
y no se parte!
¡Que ver un gorrión sobre tu risa
que ver un lobo sobre tus ansias
que ver tus ojos de aguja en mi cara
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¡Que no me hables! ¡Que me enajeno!
¡Que es mucha miel en iris, voz y boca!
¡Que se me convierte el pecho
en potable vaso en polvo
de cuyos detellos escapan las luciérnagas!

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¡Cómo haces mirar insidioso
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Mis migajas de pan

JORGE.– Dame migas de pan, Amparo AMPARO.– No me quedan. JORGE.– Pero vi cómo le dabas a Jaime, y a Javier, y a Josué. (Pausa.) ¿No me das migajas porque me llamo Jorge? AMPARO.– No. No te doy pan porque eres Jorge. JORGE.– Pero puedo ser otra persona, si quieres. ¿Así me darías migas de pan, por lo menos? AMPARO.– No puedes no ser Jorge. Aunque no te llames Jorge. Eres y serás Jorge, hagas lo que hagas. Si te haces artista y te pones nombre artístico seguirás siendo Jorge. Si te cambias de sexo, serás Jorge con otro nombre. Si te haces monje budista y nadie te llama Jorge allí, seguirás siendo Jorge. Nada cambia quién eres JORGE.– Pero puedo ser otra persona, si quieres. AMPARO.– No puedes. JORGE.– ¿Por qué no? AMPARO.– Porque no quieres… JORGE.– ¡Sí que quiero! AMPARO.–…y yo no te negaría el pan si fueses otro. Pero yo necesito negarte el pan, Jorge. JORGE.– Llámame Elis. AMPARO.– Serás Elis, pero sigues oliendo a Jorge. Te amaba, pero a mí no me engañas. No puedes ponerte máscaras…

Monólogo autobiográfico

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