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Luces como besos. Peligros como hogares.

En esta habitación oscura un foco de luz  recorre todo lo que está al alcance de mis ojos. En esta habitación he pasado grandes noches, caballos de recuerdos y espadas de querellas. Una habitación oscura. Sin velas, ni lámparas ni amores que prendan este oscuro cuarto sin muebles. En esta habitación he disfrutado mucho y también sufrido más de lo que me gustó. Pues nunca he visto más luz que la luz que está al alcance de mis ojos. En esta habitación he llorado, he querido amado, golpeado paredes, besado, gritado y follado. Y ahora veo esta luz - la misma de siempre  - iluminándome. Como un túnel claro. Un pasaje intransitable sin apenas rumbo fijo. - Porque es maldita luz, y la luz no guía vidas-. Pero la quiero, la admiro, la deseo, le lanzo flores de palabras, la sigo con la mirada mientras amo, odio, beso, follo, decido, lloro, golpeo paredes, me arrepiento y me alegro. Y sé que la luz es luz y no es mis pasos. Pero también...

La vida de la estaca de madera

Constreñido en el cuerpo de una estaca gruesa estoy clavado en el suelo de una pradera verde. De hierba fresca. Recién regada por la tormenta de ayer. Ahora el sol brilla con furor, haciendo de las hojas, pieles de hierba, un recipiente de luz que con el agua forma brillos.Y yo sigo ahí. Clavado. Como pasto del pasto. Mirando el prado verde sin disfrutarlo. Sin saber si debo poder rodar libre por él o seguir clavado. A veces con el viento que me inclina ligeramente, me darían ganas de desanclarme, caer, y rebozarme por la tierra mojada hasta que mi madera seca adsorbiese tanta clorofila que un mosquito se chocase conmigo creyendo ser una hoja; que un halcón no pudiese verme; que yo también ondulase con el viento; que las cabras y las vacas me comiesen: así seria pasto de la vida, siendo ya pasto del pasto. Sacrificaría mi existencia por la vida, el amor y el movimiento de las montañas. Sería cimiento de chabolas o abono de rosas. Haría reverencias a los pájaros que volasen ba...

Injerto de conciencia

- ¡Qué bonitos están tus ojos hoy! - Te parece bonito que llore, ¿no? - No. me parece precioso que sientas. - Pues a mi no me parece bien sentir, a veces, ¿sabes? -dije enfadada. A veces me gustaría ser una insensible hoja de árbol, que una vez caída, por mucho que la rompan, no siente que se rompe. Pero, ¿sabes?, eso es lo que significa estar vivo. Por eso a veces querría estar muerta. Tengo que seguir viviendo. Agarrada a ese puto árbol por el peciolo, que me da vida a la par que deja que los vendavales intenten arrancarme. - El árbol soy yo, ¿verdad? - ¡Sí! ¡Desde el principio siempre lo has sido! Entonces me di cuenta de que estaba gritando sola en la calle. La gente me rodeaba, mirándome. Sin reaccionar. Estaban en trance, como si hubiesen escuchado un gran discurso. El otoño había empezado y el suelo estaba lleno de hojas. Sobre mi coronilla cayó una hoja verde. - ¿Me dejarías tu hoja verde? -dijo un encapuchado con un machete bañado en sangre tierna. - ¿Para qué ...

La experiencia binaria de un corazón humano

Una vela roja al lado de un ordenador con el Windows 7. Incienso y bits. Luz y translucimiento. Luz de día entra por la ventana dejando su rastro al atravesarme en forma de una larga sombra. Y la luz se balancea con una estela de humo. Entonces huelo el humo. Me encanta el incienso. Me quemo al intentar oler la llama. Se apaga la luz de día. El windows 7 recibe un error inesperado. Pantalla azul y apagón. Y la llama se aviva. Y se balancea. Me visto y me voy. Se me olvida apagar el incienso. Incienso sin bits. Me encuentro a mi madre por el camino y me dice: "Cómo me alegro de que, por fin, hayas despertado". Sonríe avivadamente. La llama de incienso se apaga. Recibo un error inesperado. Bajo mis ojos, pantalla negra y apagón. Mi madre llorando al repararme. Y se balancea. E intenta, de nuevo, despertarme.

Noche como sable de carmín

Y, de pronto, una noche las palabras hablan de vidas raídas. De reglas prohibidas. Y, de pronto, una noche veo que me ves en mi mientras te veo y aunque haga por entenderte; por saber cómo sientes. Aunque lo hagamos. No nos entendemos. Porque es imposible. Porque en ti hay algo que traspasa las convenciones; el sistema por el que funcionan las emociones. Mas aunque no te entienda, te entiendo. Lo único que nos permite hacer un intento de entendernos es la llave que abre el coche que dirige nos sentimientos y recuerdos llenos de subtexto. Derecho que nos hemos dado para guiar el del otro el coche y hacer por nunca extraviarlo. Y es que tú sientes de una forma. Y yo de otra. Pero podemos sentir lo mismo. Aunque nunca podamos llegar a revelarnos qué hemos sentido. Inmersos en una línea fina entre dos mundos. Uno tuyo. Y sólo tuyo. Y otro del resto. Uno tuyo. En el que estás condenada a ser tú misma Y el otro del resto. En el que, por naturaleza es im...

La veleta quieta

He puesto ya muchos pasos en este sendero. Tantos que se han borrado mis huellas. Y cuando grito de rabia buscando con la voz una veleta que me diga hacia dónde va el viento, la veleta me contesta que no sabe qué es el viento. Y es una veleta. Y sigo andando por un sendero doloroso. Sin más que piedras afiladas. Voy llorando la sangre de mis pies. Esperando y deseando que ese camino sea el correcto. Pues al caer en una de esas piedras una vez, me quedé sin ojos, y tengo que guiarme por lo que escucho y por lo que toco. Pero nadie me asegura que vaya a haber nada al otro lado del sendero. O, al menos, nadie me asegura que vaya a llegar a salvo, y recuperar los ojos. Nadie impide que me ahogue en el mar de mi subconsciente y que cuando rebose de agua, caiga por mis ojos junto con la sangre de mis pies. Nadie puede impedir que me ahogue. Y hay que aprender a vivir ahogado, herido y sin ojos. Y, al final, puedes acostumbrarte. Un poco. Pero hay ocasiones en las que me gustaría que...

Oda surrealista-futurista al smartphone (Ejercicio de estilo)

Vasto plano de cristal brillante cauterizada de piel de conciencias. Insertado en una concha plástica que guarda tus cibernéticas entrañas. Labertínticos alambres finísimos de estaño, aluminio y vanadio con litio entramados en una jaula retrizada con despampanantes, casi ebrios chipses ordenadérrimos repletos de inteligencia. Manglar de sueños sobre aguas reales. Ininteligible creador del sistema entendible de unos y ceros incorregibles que derrotan de la sociedad lo ineludible y te embriagan de intimismo hasta lo más hondo. Luces de cristal líquido que brotáis y respondéis a las llamadas de mis yemas al tocaros. Baúl de programas salidos de la nada que resguardan informaciones insondables. Sustancia de un palmo de superficie que en mi palma misma cabes y que fratificas, resquebrajas la realidad hasta lo inimaginable. ¡Oh tú, smartphone vicïante que traes la realidad de lo irreal que se derrama en un instante!