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El poema

ESCENA 1

Se acerca LUMIA con pasos tiernos mientras se destruye y cae el suelo bajo sus pies. 

LUMIA.− Esto está hecho un graciasa mierda.

Antes de caerse coge de la mano a alguien que está apunto de desvanecerse en el abismo,

LUMIA.− ¡La madre que te parió!

se llama FOBOS. 

FOBOS.− ¡Ay! ¡Joder!

Y se suelta. Pero un dedo de su mano queda sobre la muñeca de LUMIA. El brazo de FOBOS, se estira como el de Míster Fantástico.

LUMIA.− Son largos los brazos del miedo.

LUMIA es arrastrado al abismo.

ESCENA 2

Llega un niño. Está llorando. Recita un poema: 

Me duele la piel.
Me duele que me duela la piel.
Me duele que te pueda llegar a doler la piel.
Me duele equivocarme, y que no te duela.
Me duele pensar que mi dolor de piel no está.
Me duele pensar que está.
Me duelen hasta los huesos de la piel.
Me duele comer chuches.
Me duele al respirar
porque si respiro, pienso.
Me duele pensar.
Me duelo en un duelo
sin objeto perdido.
Me duele todo.
Especialmente lo indolible.

El niño se pega un tiro en escena. Nadie lo entiende. 

ESPECTADOR.− ¿Puedes repetirlo, por favor?

Sale otro niño. Llorando. Es idéntico. Va a recitar un poema. Pero se ve a sí mismo muerto. 

NIÑO.− No lo entiendo.
ESPECTADOR.− ¿Lo repites, por favor? No lo entiendo.
NIÑO.− ¿Qué?
ESPECTADOR.− Has recitado un poema y te has suicidado. Pero no hemos entendido por qué.
NIÑO.− ¿¡Qué!?

El niño empieza a llorar y se va corriendo. Sale otro niño idéntico. Se chocan. 

NIÑO NUEVO.− ¡Ay!
NIÑO ANTIGUO.− ¡Perdón!
NIÑO NUEVO.− ¡No! ¡Lo siento yo!
NIÑO ANTIGUO.− (No sabe qué decir.) (Se siente muy incómodo.) (Pausa.)
NIÑO NUEVO.− ¿Estás bien?
NIÑO ANTIGUO.− No...
NIÑO NUEVO.− (No sabe qué decir.) (Se siente muy incómodo.) (Pausa.)
NIÑO ANTIGUO.− Tú tampoco estás bien.
NIÑO NUEVO y NIÑO ANTIGUO.− ¿Quieres ayuda?

Pausa. 

AMBOS.− Sí.
NIÑO NUEVO.− ¿Cuál?
NIÑO ANTIGUO.− ¿Cuál?
NIÑO NUEVO.− Pues...
NIÑO ANTIGUO.− Pues...
AMBOS.− No lo sé. Por eso venía a leer este poema.
AMBOS.− (Se sienten muy alegres por encontrar a alguien como ellos, pero muy incómodos. Demasiada coincidencia.) 

El suelo empieza a resquebrajarse. Ambos les duele mucho la piel, de repente. El espectador se va. Ambos niños gritan. De sus bocas salen las manos de FOBOS seguido de LUMIA. Los niños mueren. FOBOS y LUMIA están ahí. LUMIA ve a los niños. LUMIA se convierte en un Fobos. El otro Fobos ve a los niños. Se convierte en otro niño. El Fobos se convierte en niño también. Van a leer un poema. Al unísono: 

Lloro. Pero nada sale de mis ojos.
Lloro con un café ardiendo en mi garganta.
Cuanto más muero mejor me siento.
Más yo soy.
Más me quiero.
Quiero morir.
Todos los niños lo hacen.
Crecen hasta morir.
Como las larvas
hasta metamorfosearse.

Aparece en escena una Power ranger. 

POWER RANGER.− ¡Metamorfosehache!

Se convierte en Power Ranger de verdad y se va a salvar a la humanidad. Los niños siguen: 

Ningún niño dura para siempre.
Todos mueren.
Y deben hacerlo desangrados.

Llueve sangre en el escenario. Brilla muy bonita. 

Quiero desaparecer.
Pero si estoy aquí es por algo.

El suelo se resquebraja. Llueve agua. Los niños se asustan de pronto. Se abrazan. Se quedan segundos como siameses. 

Uy...

Se mezclan hasta que solo es un niño. Se convierte en Fobos. Llueve leche. 

FOBOS.− ¡Qué cojones pasa aquí!

Durante unos segundos solo se oye el líquido caer. FOBOS se relaja. Se convierte en Lumia. Para de llover. Pausa. Coge el poema del primer niño muerto y termina de leerlo. 

Me duele todo.
Especialmente lo indolible.
Bueno... Solo lo indolible.
Por eso sé que no existe.
Si estás leyendo esto
es que he conseguido morir.
Los niños tienen que morir.
Los miedos también.
Y tú, que me lees
también.

LUMIA coge la pistola y se pega un tiro en la cabeza. Salen de él estrellas. Pausa. Se oyen sonidos de ciudad. Una ambulancia. Un reactor de avión despegando. El comunicado del Apolo 11 de Neil Armstrong. Un extracto del programa de televisión más popular: a ser posible un reality. Un grito de angustia. Besos y orgasmos. Al final, fuegos artificiales. Pausa. Deja de llover. Se oyen pasos. Entre el espectador en escena. 

ESCENA 3

ESPECTADOR.− ¡Hostia!

Coge de nuevo el poema del niño muerto, que ahora tiene LUMIA, junto con la pistola, a la que se ha quedado enganchado el trozo de papel que contiene el poema. El espectador lo sacude para que se suelte. No se suelta. Al final lee la carta. La pistola se queda apuntando hacia el público.

Si estás leyendo esto.
es que he conseguido morir.
Los niños tienen que morir.
Los miedos también.
Y tú, que me lees
también.

El espectador se queda un rato mirando la pistola. Asustado. Sin saber qué hacer. 

ESPECTADOR.− No quiero morir. Me encuentro bien. Me siento bien. No sé. O sea, soy una persona madura. Con miedos que vienen y se van, como todo el mundo, y momentos de sentirme luminoso, de puta madre. Todos van y vienen, pero yo qué sé. No es como para matarme, ¿sabes?

Pausa. Se queda de nuevo mirando la pistola. La huele. 

ESPECTADOR.− Esto huele bien...

La chupa. 

ESPECTADOR.− Y sabe bien... ¿Me estoy volviendo loco o qué?

Al decir eso llueve otra vez. Agua. Manos de Fobos le abrazan por detrás. 

ESPECTADOR.− Es que no, tío. ¡Sabe a chocolate!

Las manos de Fobos se convierten en manos de Lumia. 

ESPECTADOR.− ¡Ayyyy! ¡Qué ricoooo!

Las manos de Lumia se convierten en manos de niño. Le da un mordisco a la pistola. 

ESPECTADOR.− ¡Ñam! ¡Ñam!

Se la come entera. 

ESPECTADOR.− ¡Mmmmmm! ¡Joder qué bueno es este chocolate! ¡Buah! Además es que es el chocolate justo. O sea, me empalaga ni nada. Creo que si hubiera comido un poco más me hubiese hartado de él.

Suena un disparo que el espectador no oye y cae muerta una tableta gigante de chocolate desde una de las patas del escenario. El espectador mira a la pata. También tiene un poema y una pistola. 

ESPECTADOR.− (Cogiendo su pistola.) También es de chocolate. (Va morderla y al final no le apetece. Pausa en la que reflexiona.) ¡Ah! Ahora lo entiendo. Y esta tableta me la guardo para luego. (Se guarda la pistola en un bolsillo. Va hacia el único niño que queda en escena. Tiene una mano de Fobos y otra del Lumia.) Y a este, también. Quizá me los coma en otro momento.

El espectador baja, y se va por el patio de butacas mientras la luz de sala acaba de encenderse por completo.

FIN



 de ©Shathu Entayla

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Deseo

Creo que solo te he visto hoy
pero ya te he reconocido
en derramarme por tus ojos.
Te conozco de vivirte antes
con luciérnagas en la garganta.
De funambular acariciando
tu piel con vello de arrozales.
De coserme la lengua con hilo blanco
y que salga todo entre las orejas.

¡Que se partan las puertas y el tiempo!
¡Quiero desearte negra, sucia y dulce!
¡Bañarme en la esfera de un reloj parado!

¡Que se me resquebraja el pecho
y no se parte!
¡Que ver un gorrión sobre tu risa
que ver un lobo sobre tus ansias
que ver tus ojos de aguja en mi cara
o tu cabeza en mi regazo
solivianta la quebrazón de mi pecho!
¡Que no me hables! ¡Que me enajeno!
¡Que es mucha miel en iris, voz y boca!
¡Que se me convierte el pecho
en potable vaso en polvo
de cuyos detellos escapan las luciérnagas!

Te deseo. Me hago feliz pensándote.
Me siento absurdamente vivo.
No me sacia y aun me basta eso.
¡Ay cuando deseo
cómo se me entiernan y encandilan
los ojos del cuerpo!
¡Cómo haces mirar insidioso
en la codicia del afe…

Mis migajas de pan

JORGE.– Dame migas de pan, Amparo AMPARO.– No me quedan. JORGE.– Pero vi cómo le dabas a Jaime, y a Javier, y a Josué. (Pausa.) ¿No me das migajas porque me llamo Jorge? AMPARO.– No. No te doy pan porque eres Jorge. JORGE.– Pero puedo ser otra persona, si quieres. ¿Así me darías migas de pan, por lo menos? AMPARO.– No puedes no ser Jorge. Aunque no te llames Jorge. Eres y serás Jorge, hagas lo que hagas. Si te haces artista y te pones nombre artístico seguirás siendo Jorge. Si te cambias de sexo, serás Jorge con otro nombre. Si te haces monje budista y nadie te llama Jorge allí, seguirás siendo Jorge. Nada cambia quién eres JORGE.– Pero puedo ser otra persona, si quieres. AMPARO.– No puedes. JORGE.– ¿Por qué no? AMPARO.– Porque no quieres… JORGE.– ¡Sí que quiero! AMPARO.–…y yo no te negaría el pan si fueses otro. Pero yo necesito negarte el pan, Jorge. JORGE.– Llámame Elis. AMPARO.– Serás Elis, pero sigues oliendo a Jorge. Te amaba, pero a mí no me engañas. No puedes ponerte máscaras…

He sentido

Te miro porque siento alivio al mirarte. Siento que ya no respiras arena. He sentido tus músculos desmenuzarse sobre mi pecho y pararse el motor de tu cabeza.
He sentido tu angustia, tus relámpagos repentinos, tus mansedumbres forzadas, tus vomitares de alma; he visto la calma, la osadía, el hartazgo y la apatía; lo he visto todo en tu debilidad más profunda en tu vulnerabilidad más líquida.
Querer es dar cuenta que la respiración de otro te recuerda a la tuya. Y viceversa. Lo he sentido porque te he querido.


de ©Shathu Entayla