Ir al contenido principal

El tiempo lo mata todo

Elegirte es condenarme.
Y no tenerte
es ver al tiempo poco a poco,
que te arranca
día a día, olvido a olvido
de mi ahora,
en que veo que ya no estás
que tú me faltas.

A pesar de que fui yo
quien le pidió
al tiempo, que ahora mata,
que arrancara,
ahora yo, al igual que tú
estoy más solo
que el final beso que nos dimos.

El que ahora
está cerrado y con nervios
esperando
o bien su muerte o bien un beso
que le supla.

Y ahora yo, al igual que tú
estoy perdido
en recuerdos, en instantes
en memorias.
Que si se arrancan sin volver
a mi presente,
con crueldad el tiempo moverá
a parte otra,
y secundaria él las pondrá
en mi memoria.
Y cuando llegue el día que muera
-¡que me muera!-
recordaré sin tu recuerdo
otras mil cosas.

Y eso me duele.
Pues sé que si ahora mismo
me muriera
recordaría en mi sepulcro
vida entera.
Y aunque no me arrepintiese
de dejarte
en mi muerte sin duda
tú volvieras.

Y veo el tiempo aproximarse
deseoso
de quererte de mi alma
olvidarte
aunque yo ni en muerto o vida
así lo quiera.
Ojalá para morirme
no muriera.

Imagen de 1588877 en Pixabay

Comentarios

Popular Posts

Para la gente a la que beses

Hay gente  que necesitas besar  muchas veces  porque el fin de un beso es  siempre  el principio de otro  que aún no ha venido. Hay gente que necesitas besar  muchas veces porque cada beso es siempre como estar en casa y ser querido. Hay gente que la besas y no vuelve (pocas veces). Pero dentro de ti es siempre un recuerdo vívido de haber vivido. Hay gente que la besas y no vuelve muchas veces y duele ver, porque es siempre ver al otro yendo a otros caminos. Hay gente  que la besas, te arrepientes y así siempre, muchas, o una sola vez. Siempre, y aunque no después, besar se quiso. Hay gente que la besas y no vuelve para siempre porque el mismo tiempo es siempre quien os ha llevado  hacia el olvido. Hay gente  que la besas y sí vuelve muchas veces, y despierta algo que es siempre algo que aun dormido era cariño. Hay gente que no besas y sí vuelve muchas veces, y se queda porque es siempre amor, aun siendo otro que el del inicio. Hay gente...

Recuerdos como noches

Cuando la noche se asienta, cuando el día se termina, cercan los horizontes de mis ojos los recuerdos. Esos que veo junto a la estela de mis pasos. Cuando la noche se asienta y su silencio se posa afloran pensamientos en mi mente: los recuerdos  a los que temo. Junto a la estela de mis pasos. Porque mis recuerdos se me aferran como a la piel, cicatrices, como a la retina, luz como al esperar, el tiempo. Puede ser que sean bellos esos recuerdos. Aún me inquietan. Hay carcasas bellas con adentros feos. Porque mis recuerdos se me aferran como la corriente al nervio, como la mano al puñal, como el párpado a lo visto. Y sé bien perderme en ellos —en los recuerdos que son veneno— incluso más que en todos mis pasos mismos. Imagen hecha con Leonardo AI  de ©Shathu Entayla

Sed de pájaro

Me encontré con un anciano de piel seca y raída por el tiempo. De manos temblorosas de nervios. De ojos vidriosos de sed. Déjame que me detenga un momento en esta sed, porque era incomprensible. Le llevaba agua y la escupía, o la tragaba sin saciarle. La sed de ese anciano era de otra naturaleza. «No es a mí a quien deberías de cuidar» —me decía. Pero yo no le escuchaba porque el tiempo se acababa. Y no engordaba. Y tocar su piel empezaba a parecerse a tocar una espiga de trigo. Entonces pasó algo que no podía verme venir. De pronto le vi sonriendo como alumbran mil soles. Lloraba de alegría y miraba al suelo. Sobre su mano tenía una pluma verde, preciosa. Ese día dijo: «Ya no tengo sed». Nunca había dormido tan bien desde que le conocí. Sentí una envidia inenarrable, pero no sabía bien a qué. Pero los días pasaban, y esa alegría era fútil como el silbar del viento cuando no hay brisa; que parece un milagro. Y el silbido paró. Y, de pronto, se moría de sed y su piel era, de nuevo, de t...