Ir al contenido principal

Lo que ella me dijo

    Puedo escribir relatos tristes. Como llevo escribiéndolos años. Puedo llorar estrellas que se pierden en el río mientras me siento al borde de la cascada y hablo con ella en el único idioma que la naturaleza entiende.
    Mi compañero de viaje al fin me alcanza, sofocado. Me coge de la pechera y ruge. La naturaleza calla. Me lanza su puño violentamente a la cara y salgo disparado. Puedo volar. Estoy volando sobre el hueco del acantilado. En un segundo empezaré a caer.
   Mi compañero intenta agarrarme lanzando mi nombre en un grito, que se extiende como la onda de un paso del gigante de la muerte sobre la tierra. El segundo pasa. Mi cuerpo, como su la carne sin mi voluntad tuviese conciencia, acelera hacia abajo, siguiendo las gotas de agua que se precipitan veloces. Esto al principio, ocurre sutilmente. Tras ese segundo mi compañero me agarra de la camiseta, ansioso. Le miro un instante. Lo que tarda en moverse un ojo, o el cuello de un gorrión. Su cara parece de suricato cuando sale de su escondite en la hierba.
    Mi compañero no me suelta ni lo hará más. Mi cuerpo le coge y le induce al suyo a acelerar con el mío. Él mira hacia abajo. Desde aquí puedo ver su cara, sus pies y el borde del acantilado que huye de nosotros.
    La naturaleza vuelve a hablar. Me dice "río", "arroyo". "Cascada". "Piedras tropezando". "Pájaros estallando desde un árbol". Me dice "calor de manos". Me dice "piel y sudor". Me dice "ya no hay calor". Seguimos cayendo y de pronto la naturaleza grita "¡tronco de árbol". Luego susurra "madera y huesos que crujen", y mientras lo dice veo a mi compañero alejarse de mí, suspendido en el aire. Su cara es de gorrión con la boca abierta. Mirará abajo y no dejará de hacerlo más. Una gota de sangre me sonríe y sigue cascada abajo mientras la naturaleza me dice, preocupada "tu corazón, tu cuerpo, tus párpados". Me grita "¡paso de gigante sobre el agua!" y los peces huyen. Luego me susurra "raquis de dos piezas sobre granito". Luego "tus párpados".
    Mi compañero me mira fijamente, y yo a él. Luego de aquel tronco astillado en el que se posa cae tímidamente un hilo rojo brillante sobre mi boca y que al salpicar al agua la colorea. Ese hilo de manantial también sabe sonreír. La naturaleza grita "¡caída!", y aquel tronco y mi compañero descienden. La naturaleza grita "¡paso de gigante sobre el agua!", y los peces que sobreviven, huyen. Luego me susurra "olas de agua ocultan troncos y cuerpos" Luego salen burbujas.
    La naturaleza susurra muy bajito "oso que ruge". Y lo veo. Le veo la cabeza frente a mí. La baja y la naturaleza dice "carne y fauces". Un hueso cruje y la naturaleza me susurra "un trozo de raquis cayendo". Luego salen burbujas. De mí sale aquel manantial rojo otra vez, y se diluye con el río. Me resbalo y la naturaleza me dice "río", "arroyo". "Cascada". "Piedras tropezando". "Pájaros estallando desde un árbol", y mientras lo dice, desde el agua, veo el tronco ensangrentado todo lo lejos que lo podré ver jamás.

Comentarios

  1. Realmente me ha encantado, nunca antes había visto técnica narrativa semejante.
    Hay ciertas frases que me parecen pastosas, dificultosas de leer (el primer gigante de la muerte de la tierra...), hay otras que son tan geniales que me da rabia leer ahora expresiones como "gritó su nombre" en vez de "lanzó su nombre en un grito".
    La repetición de "piedras tropezando","río" etc. Me ha parecido extraña, pero en mi mente que todo lo visualiza no han sido las mismas imágenes, sino que se han desarrollado al ritmo de tu relato.
    Lo he visto.
    Ah y lo último, la suavidad con la que el narrador relata los hechos y sus impresiones... Es dulce y un tanto téteica al mismo tiempo. Perfecto final para un relato largo.
    P.D: soy Marcos.

    ResponderEliminar
  2. La verdad es que ha sido bastante experimental el hecho de que el grueso del desarrollo sea una batería de imágenes entre comillas y separadas por comas. No sabía cómo iba a funcionar, pero me alegro de que sí se entienda.

    Lo que dices de las frases pastosas, lo entiendo, pero, en concreto esa que dices, la uso como sensación plástica, no es para que se entienda racionalmente sino sensacionalmente (de sensación). Es únicamente evocadora.

    Sobre el tono "suave" del relato, me alegro de que te hayas dado cuenta. Es adrede precisamente para que se note la aceptación de su inminente muerte, lo que me parece dulce y tétrico, como dices.

    Lo de "perfecto final para un relato largo", es posible... Pero, ¿con eso quieres decir que el relato está incompleto, te falta más historia o es una mera apreciación?

    PD: Gracias Marcos! :D

    Shathu Entayla

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Popular Posts

Deseo

Creo que solo te he visto hoy
pero ya te he reconocido
en derramarme por tus ojos.
Te conozco de vivirte antes
con luciérnagas en la garganta.
De funambular acariciando
tu piel con vello de arrozales.
De coserme la lengua con hilo blanco
y que salga todo entre las orejas.

¡Que se partan las puertas y el tiempo!
¡Quiero desearte negra, sucia y dulce!
¡Bañarme en la esfera de un reloj parado!

¡Que se me resquebraja el pecho
y no se parte!
¡Que ver un gorrión sobre tu risa
que ver un lobo sobre tus ansias
que ver tus ojos de aguja en mi cara
o tu cabeza en mi regazo
solivianta la quebrazón de mi pecho!
¡Que no me hables! ¡Que me enajeno!
¡Que es mucha miel en iris, voz y boca!
¡Que se me convierte el pecho
en potable vaso en polvo
de cuyos detellos escapan las luciérnagas!

Te deseo. Me hago feliz pensándote.
Me siento absurdamente vivo.
No me sacia y aun me basta eso.
¡Ay cuando deseo
cómo se me entiernan y encandilan
los ojos del cuerpo!
¡Cómo haces mirar insidioso
en la codicia del afe…

Mis migajas de pan

JORGE.– Dame migas de pan, Amparo AMPARO.– No me quedan. JORGE.– Pero vi cómo le dabas a Jaime, y a Javier, y a Josué. (Pausa.) ¿No me das migajas porque me llamo Jorge? AMPARO.– No. No te doy pan porque eres Jorge. JORGE.– Pero puedo ser otra persona, si quieres. ¿Así me darías migas de pan, por lo menos? AMPARO.– No puedes no ser Jorge. Aunque no te llames Jorge. Eres y serás Jorge, hagas lo que hagas. Si te haces artista y te pones nombre artístico seguirás siendo Jorge. Si te cambias de sexo, serás Jorge con otro nombre. Si te haces monje budista y nadie te llama Jorge allí, seguirás siendo Jorge. Nada cambia quién eres JORGE.– Pero puedo ser otra persona, si quieres. AMPARO.– No puedes. JORGE.– ¿Por qué no? AMPARO.– Porque no quieres… JORGE.– ¡Sí que quiero! AMPARO.–…y yo no te negaría el pan si fueses otro. Pero yo necesito negarte el pan, Jorge. JORGE.– Llámame Elis. AMPARO.– Serás Elis, pero sigues oliendo a Jorge. Te amaba, pero a mí no me engañas. No puedes ponerte máscaras…

Monólogo autobiográfico

Muebles geométricos llenos de vetas de madera, libros, una cama, libros, un ordenador, un cuadro aún no colgado, una pared blanca pintada con cosas ininteligibles, glosolálicas; un peluche guardián con forma de mapache con una estrella colgada al cuello, una orquídea sana, pero sin flores y un chico de pelo largo estudiando a la par inglés y su falta de vida.

YO. Si me hubieses visto hace solo veinte años. Tenía el pelo corto. Me hacían bullying y no hablaba. Llamaba la atención pero no hablaba. Lloraba pero no hablaba. Un par de luces en forma de padres comprensivos y un señor mayor que me acompañó hasta su muerte (mi madre le cuidaba por las mañanas). Siempre pienso en ir a ponerle flores, le quise mucho, pero al final me acuerdo de ir a verle a su tumba dos meses después. Digo "para el año siguiente". Y así, llevo sin ir dos años.

De pronto, una de esas luces brilló más: la curiosidad. De ahí vino el arte y mi identidad. Luego, como vórtice de Hitchcock, ansiedad en forma …