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Un vivo en el más allá (cuento) - Capítulo 4: Otra Guerra

Ya tengo 25 años. Estoy muy contento. Ya puedo trabajar de lo que me gusta. ¡Vivir es genial! Iba de camino al trabajo cuando me encontré de improviso con un extraño. Bueno, dos. Bueno, miles. Hace mucho que veo gente por las calles y que cuando les miro no me saludan. Me miran raro.

Me han dicho alguna vez que soy un Medium, porque la gente con la que estoy nunca ve a quien yo veo. Un día encontré a una de las que me parecía este tipo de gente, y me senté a su lado. Era mayor, pero no llegaba a la primera ancianidad: tendría unos cincuenta años. De aspecto esbelto pero decaído, nostálgica pero sonriente, sola, pero con la mirada aparentemente puesta siempre en alguien. Era de lo más extraño. Una señora respetable, cuanto menos.

Me miraba extraña, y sonriente. Me incomodaba un poco por la incomprensión de la escena, pero en realidad atraía saludarla. Acabé mirando a la calle. No tardó en saludarme ella:
   - ¡Buenas, joven! ¿Cómo te llamas?
   - Me llamo Nuf. ¿Y usted?
   - Todo al revés, ¿verdad? -me dijo con confianza-.
   - ¿Disculpe? -pregunté desconcertado por la pregunta-.
   - No nada. Cosas mías. Me llamo Vis.

Ambos nos quedamos mirando la calle. Viendo gente que otra gente no veía.
   - Eres Medium, ¿verdad? -me preguntó-.
   - ¡Qué va! -mentí-
   - Se te nota en los ojos
   - ¿Por qué?
   - Porque miras a sitios en los que no hay nada, o al menos no debería haberlo...
   - Sabe usted sobre esto, ¿verdad?
   - Un poco. Tú también sabes que lo soy.
   - ¿Cómo lo sabes?
   - Por lo mismo que yo se que lo eres tú.
   - ¡Qué obviedad tan inoportuna!
   - ¡Tan obvia como válida!

Ambos reímos. Mirándonos. No sé aún por qué, pero nos dio por abrazarnos. Estuvimos hablando largo y tendido sobre nuestro don de ver muertos. Ya llegaba tarde al trabajo, pero me parecía importante.
   - Sabes una cosa, ¿Vis?
   - Dime.
   - Me parece increíble que nos llamen Mediums sólo por ver lo que ha dejado la gente en nuestro mundo. Sólo por ver su legado.
   - A mi también. Pero bueno, al menos somos especiales por ello. Verdad, ¿Fungus?
   - Cómo sabía que tenías que ser tú. Desde que me viviste las cosas ya no son lo que eran.
   - Todo muerto al vivir recoge un nuevo legado en la Tierra.
   - Sí que sabes, ¿eh?
   - Un poco.
   - Oye, mientras estos se viven en el Más Allá... Aprovecho y te pregunto
   - ¡Tú y tu humor negro! -dijo riéndose-
   - Sabes que es blanco -contesté siguiendo la comedia-
   - ¡Jajaja! Sí, supongo. ¡Te llamaban Fun, por algo, por lo que veo!
   - Bueno, ¿sabes si volveré a ver a Frill y a Nuame?
   - Quizá algún día Fungus. Pero no en este mundo.
   - Oye, una última cosa...
   - Dime.
   - Siento haberte echado a ti la culpa de aquella guerra.
   - No te preocupes. Era comprensible. Los humanos cambian y se enfrentan para avanzar. Que seamos almas no significa que no sigamos siendo humanos.
   - Quizá tengas razón.
   - Es posible...

FIN

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Deseo

Creo que solo te he visto hoy
pero ya te he reconocido
en derramarme por tus ojos.
Te conozco de vivirte antes
con luciérnagas en la garganta.
De funambular acariciando
tu piel con vello de arrozales.
De coserme la lengua con hilo blanco
y que salga todo entre las orejas.

¡Que se partan las puertas y el tiempo!
¡Quiero desearte negra, sucia y dulce!
¡Bañarme en la esfera de un reloj parado!

¡Que se me resquebraja el pecho
y no se parte!
¡Que ver un gorrión sobre tu risa
que ver un lobo sobre tus ansias
que ver tus ojos de aguja en mi cara
o tu cabeza en mi regazo
solivianta la quebrazón de mi pecho!
¡Que no me hables! ¡Que me enajeno!
¡Que es mucha miel en iris, voz y boca!
¡Que se me convierte el pecho
en potable vaso en polvo
de cuyos detellos escapan las luciérnagas!

Te deseo. Me hago feliz pensándote.
Me siento absurdamente vivo.
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