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Las Preguntas de la Nada

Un joven peregrino entra a un mesón poco después del alba. Estaba prácticamente deshabitado. El viajero está sediento pero tranquilo, casi como si no sintiese su sed. Sin pensarlo, se sienta, y responde al mesonero, mientras él hablaba con voz pastosa.

- ¡Buenos días por la mañana!
¿Qué le trae a mi humilde morada?
- Verá soy viajero, y hago preguntas
- ¿Sí? ¿Qué tipo de preguntas?
- Las llamo "preguntas de la nada"
- ¡Qué nombre! ¿Por qué las llama así?
- Secreto, no lo debo decir.
- Me pica usted la curiosidad
- Debería ser al revés, la verdad
- Debe estar sediento, siéntese aquí.

El mesonero, sin pensarlo, fue a por una botella de agua.

- Y bien, ¿qué le trae por aquí?
- La curiosidad, he de decir.
- ¿Y qué le parece curioso?
- Todo para mí es curioso.
- Es usted la mar de extraño
- Suelen llamármelo desde antaño.
- ¿Y qué es lo que quiere saber?
¿Qué le parece curioso a usted?
- Las preguntas de la nada
- ¿Qué son? ¿de qué habla?
- Preguntas que "se dejan hacer"
- ¿Cómo que "se dejan hacer"?
¿Quiere hacerse el interesante?
- No, pero era impresionante
que eras tú quien preguntaba
cuando yo tenía la curiosidad
y parecía qué tú no la portabas.
Mi pregunta ha sido realizada.

El viajero bebió su agua y se fue bajo la hierática mirada del mesonero, que no alcanzaba a comprender del todo lo que había pasado...




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Deseo

Creo que solo te he visto hoy
pero ya te he reconocido
en derramarme por tus ojos.
Te conozco de vivirte antes
con luciérnagas en la garganta.
De funambular acariciando
tu piel con vello de arrozales.
De coserme la lengua con hilo blanco
y que salga todo entre las orejas.

¡Que se partan las puertas y el tiempo!
¡Quiero desearte negra, sucia y dulce!
¡Bañarme en la esfera de un reloj parado!

¡Que se me resquebraja el pecho
y no se parte!
¡Que ver un gorrión sobre tu risa
que ver un lobo sobre tus ansias
que ver tus ojos de aguja en mi cara
o tu cabeza en mi regazo
solivianta la quebrazón de mi pecho!
¡Que no me hables! ¡Que me enajeno!
¡Que es mucha miel en iris, voz y boca!
¡Que se me convierte el pecho
en potable vaso en polvo
de cuyos detellos escapan las luciérnagas!

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Mis migajas de pan

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Monólogo autobiográfico

Muebles geométricos llenos de vetas de madera, libros, una cama, libros, un ordenador, un cuadro aún no colgado, una pared blanca pintada con cosas ininteligibles, glosolálicas; un peluche guardián con forma de mapache con una estrella colgada al cuello, una orquídea sana, pero sin flores y un chico de pelo largo estudiando a la par inglés y su falta de vida.

YO. Si me hubieses visto hace solo veinte años. Tenía el pelo corto. Me hacían bullying y no hablaba. Llamaba la atención pero no hablaba. Lloraba pero no hablaba. Un par de luces en forma de padres comprensivos y un señor mayor que me acompañó hasta su muerte (mi madre le cuidaba por las mañanas). Siempre pienso en ir a ponerle flores, le quise mucho, pero al final me acuerdo de ir a verle a su tumba dos meses después. Digo "para el año siguiente". Y así, llevo sin ir dos años.

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