El Vil

"Me siento inquieto. Es extraño. Creo que he sido el primero en despertarme de todo el campamento a pesar de que son ya las dos de la tarde. No sé qué me pasa. Creo que tengo miedo. Debe ser porque ayer me acosté tarde, venía del bosque. 

Parece que todos mis compañeros han querido echarse una siesta antes de comer. Están todos tumbados en el césped. Algunos me hacen gracia. Se hacen muy bien los dormidos, aunque otros no tanto; otros tienen los ojos abiertos. 

Finalizo el diario. Hoy me toca hacer la guardia después de comer, pero la empezaré antes, porque estos no creo que se despierten en un buen rato.

1 de Julio - Primer día del Campamento"

- Esto fue lo que se encontró de aquel chico dentro de su tienda. Nos vendrá bien para la investigación. Parece ser que lo escribía todo en su diario. Sólo encontramos esta página. ¿Qué dicen los informes, inspector?

- Dicen que tenía unos once años. No era más que un niño, comisario.

De repente una oficiala interrumpe la conversación con un motivo urgente.

- ¡Inspector! ¡Comisario! Tenemos nuevas pruebas: un documento de audio en un teléfono móvil de uno de los chicos.

- ¿De qué trata? -preguntó el inspector-.

- Es una historia nocturna de campamento. Típicas leyendas urbanas para asustar a la gente por la noche. Óiganlo, es más que relevante.

- Ponga la grabación, oficiala.

-Sí, comisario.

"- ¿¡Preparados para la historia de miedo!?
- ¡Más que eso! A mí no me va a asustar, así que...
- Eso dicen todos... Se dice que que un chico que estaba haciendo una guardia de campamento salió de su puesto con terror y empezó a correr. ¿Sabéis por qué?
- Sorpréndenos con tu sabiduría.
(Risas)
- Porque todos sus compañeros estaban muertos.
(Cesan las risas. El narrador prosigue)
- Corrió por un sendero, huyendo de un ente que siquiera había visto. Llegó hasta un precipicio y frenó su caída en seco, de repente. Aun así, se precipitó al vacío por su propio peso.
- ¡Eso no tiene sentido!
-¡Sí lo tiene! Estaba muerto antes de caer por el precipicio. Le mataron justo en el momento en el que llegó al borde. Le mató El Vil.
(Se produce un silencio)
- Dicen que esa cosa existe y que nos acecha, y que ataca a cualquiera que se encuentre, aunque vaya en grupo. Le parece divertido matar. Es una afición para él. Una afición que podría costarnos la vida a nosotros: sus presas. ¡Muaaaajajajajaja!
- ¡Dios, tío! ¡Qué historia! ¡Tengo los pelos de punta!
- ¡Gracias, gracias!
(Se oyen murmuros entre el público)
- Oye.
- Dime.
- No me voy a asustar más porque me pongas la mano en el hombro, ¿eh?
- No te estoy tocando.
- ¡No te flipes!
- ¡Te lo digo en serio!
- Si ya...
- ¡Aaaaaah!
- ¿Qué pasa?
- ¡Mira tu espalda! ¡AAAAAAH!
- ¿Qué? ¡AAAAAH! (el grito se extingue en seco)
- ¡No, por favor! ¡No me hagas daño! ¡Socorro!
(Interferencias)"

- Aquí termina la grabación, comisario. Las interferencias se oyen durante otros dos minutos y la grabación cesa.

- Es horripilante.

Tras un silencio, suena el walkie-talkie de la oficiala.

-Sí. Dime... ¡En serio!...¡Vale! Ahora se lo digo al comisario. No cierro la llamada, quiero oírlo todo. Activa el interfono.

- ¿Qué pasa? -dice el comisario-.

- Acaban de encontrar el cuerpo del niño en un arroyo cerca del campamento. Han confirmado también que los demás niños y monitores del campamento está muertos.

-Voy a conectar el interfono al altavoz. Así lo oímos todos.

"- De acuerdo. ¿Me oye, comisario?"

- Alto y claro, mi comandante.

"- De acuerdo. Que venga aquí el forense -dice el comandante-.
- Aquí me tiene.
- Bien. ¿Cuáles son sus averiguaciones?
- Según lo que veo parece que cayó desde aquel precipicio. Todavía queda saber que son estos rastros.
- ¿Qué rastros?
- Es extraño. Parece que la caída fue post-mortem.
- ¿Estaba muerto antes de caer?
- Efectivamente, y además no tiene ni una sola herida. Los rastros son sólo de la caída. Son la silueta que ha dejado al caer.
- La verdad es que es bastante extraño. ¿No cree, comisario?"

- Quizá demasiado... -dice recordando algo involuntariamente-.

"Ya se verá. Seguimos con nuestro trabajo. Se le avisará de cualquier cambio o averiguación relevante. Cambio y corto"

- De acuerdo -contesta el comisario, interesado- cambio y corto.

- Bueno, yo sigo con lo mío. Informaré si hay nuevas noticias -dice la oficiala mientras se va de la oficina del comisario-.

- Esto es muy extraño, comisario. Voy a ver si consigo averiguar algo con las pruebas que tenemos -dice el inspector-

La oficiala vuelve de nuevo comunicando una noticia al inspector que aún no se ha ido.

- Inspector, acaba de llegar el cadáver del niño del diario.

- Darme los resultados de la autopsia cuando se haya realizado -reclamó el inspector-.

- Descuide.

La oficiala y el inspector abandonaron la oficina del comisario. Cada uno procedió a continuar con su trabajo. El inspector estaba trabajando en lo que podría haber pasado. Este personaje era una persona bastante observadora y supersticiosa, sólo a veces paranoica. Una cámara grabó los comentarios y las divagaciones que hacía en alto:

"A ver, ¿qué tenemos? Un diario de un niño, del cual parece que hemos encontrado el cadáver a setenta metros de distancia sin ninguna herida, pero muerto, y que había muerto antes de caer del precipicio. Tenemos una grabación de audio de unos chicos de un campamento en la que hablan de una historia que además es muy parecida al caso que tenemos aquí. Pero, ¿cómo es que uno sólo de los niños fue encontrado en el arroyo, y los demás muertos, fuera de sus tiendas? Puede tratarse de un homicidio en cadena. Las puñaladas encontradas en los cuerpos apuntan que todos fueron asesinados con la misma arma. No puede ser una coincidencia. Pero es que la historia de los críos... Son demasiadas coincidencias. Y además, el niño no tenía ni una sola herida. ¿Cómo podía estar muerto antes de caer? ¿Cómo podría haber muerto?...¡Dios! ¡No puede ser...!"

El inspector salió apresurado hacia la oficina del comisario. Salivaba preguntas de la boca. Emanaba cuidado por los poros. Estaba cegado por la incertidumbre.

Mientras tanto en su oficina, el comisario había recibido de nuevo la visita de la oficiala. Era una oficiala aspirante a jefa de policía, que estaba muy inmiscuida en todas las investigaciones policiales. Tenía gran trato con el comisario; era su padre.

- Papá. ¿Crees que la historia de los niños y lo de los asesinatos tiene algo que ver?

- Estoy seguro de ello, pero intentar encontrarle alguna relación me pone los pelos de punta.

- A mí también. Espero que este caso se resuelva pronto -dijo afligida, la oficiala-.

- Esperemos que así sea. Voy a revisar de nuevo los documentos del niño, en concreto el del diario. Podrían ser clave para esto.

- De acuerdo.

En ese momento, el inspector entra por la puerta. La oficiala permanece a oír la conversación durante un momento y se va, cerrando la puerta cuidadosamente.

- Comisario, ¿tiene ya los resultados de la autopsia?.

- No. Hasta mañana nada.

- Lo suponía. He de hablar con el equipo forense en seguida.

- ¿Por qué?

-  Tengo un mal presentimiento.

El inspector se dirigió tan apresurado como había llegado hacia la puerta de la oficina, pero paró y observó la puerta. Sin ver nada, aparentemente.

- Esta puerta tiene mal las bisagras, comisario: se abre sola. Que lo apunten los de mantenimiento.

- Lo comunicaré.

En ese momento se oye un chispazo. La luz de toda al comisaría se va.

- Inspector, ¿ha apagado usted la luz?

- Sí -dice una voz psicofónica-.

- ¿Quién es usted? -dijo mientras armaba su pistola, sin soltar la hoja del diario que estaba leyendo-

- No te incumbe, mientras tangas algo que me pertenezca.

Horas después llegó un equipo de investigación a la comisaría. Todos los policías, incluido el comisario estaban muertos. El cuerpo del comisario fue hallado con nada más que un pistola disparada en una mano, tumbado, muerto, en su mesa, sin nada a parte de él mismo encima de ella. Los folios del diario habían desaparecido.

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