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Luz de Nacimiento

¡¡FELIZ NAVIDAD!!

Navidad es unidad
sinónimo de felicidad
pero desde hace tiempo
es pasto del invierno
y la festividad.

Los ricos consumen
ropas y nuevo perfume.
Los niños ignoran
y ojos pobres devoran
mientras su vida se consume.

"¿Quién es Papá Noël?"
-un hijo pregunta.
Los padres lo ocultan
y solamente él
es el que tiene fe.

Hasta abandonar su infancia
y dejar su ignorancia
y pasar de enviar
a pedir mamá
mientras una estancia

que nunca llegará
una persona más
la pide y la reclama
apagándose una llama
que no volverá a ilustrar.

Contaré ahora una historia
de cómo una "navidad notoria"
cambió una vida
cómo feliz la hacía
cómo borró una memoria.

Érase un niño sin papá,
sin Noël, ni navidad
envidioso y desamparado.
Parecía haber terminado
su vida y su bondad.

(cierto día (como todos)
estaba en un recodo
de cualquier "iglesia",
de "comunidad": "Eclessia"
sólo para él un modo.

Un modo de subsistir.
No se puede decir "vivir"
si tu vida no disfrutas
y sólo recorres rutas
de tu propio malvivir.

Un día vio cómo un cura
pegaba a mano dura
a un niño compañero.
Otros presbíteros lo vieron...
"-¡Traición es desventura!

-¡Ese hombre no es cristiano!
-¡Ese hombre es un villano
con "cristiano" de sobrenombre!
-¡ Cobarde es, no un hombre!"
El cura fue expulsado.

Algunos años pasaron
cristianos hermanos
le prohibieron volver.
No pudo impartir más fe.
Su actitud no perdonaron.

Siguiendo por otro lado
el niño ya no era enano
pero tras lo que pasó
otra parroquia jamás pisó:
temió a los cristianos.

EL chico, atrevido y osado
a ser ladrón había pasado.
Era pícaro y audaz.
Era preciso y tenaz.
Mas un día le pillaron.

Nadie sabe cómo
pero entró con valor todo
y del almacén de un bar
robó cuanto pudo cargar:
pequeña caja y algo de lomo.

Fue enviado al correccional
en un paraje infernal
de demonios plagado.
Era un ángel infectado
y reincidente sin documentar.

Raramente allí encontró
al que fue un traidor.
En esta aventura
se encontró con el cura.
Al instante le reconoció.

El hombre, parecía cambiado.
Vio al niño amedrentado
y le fue a preguntar
mas solo puedo aterrorizar
al ángel endemoniado.

AL pasar los días
el niño veía
que ya no era malo.
El hombre había cambiado.
Misericordia cedía.

Por sorpresa se le dirigió
"¿Está bien el chico al que pegó?"
El sacerdote dio cuenta
que la actitud deshonesta
del ángel tenía explicación.

"Se curó" -dijo él-
"Mas siempre recordaré
su cara de temor
en lágrimas de dolor.
Siempre me arrepentiré".

"¿Porqué lo hizo, señor?"
"Problemas míos, mas el deshonor
que padecí no tiene excusa.
Ni necesitan ni rehúsan
de una explicación".

"¿Entonces no hubo razón?"
"Que le incumbiera, no.
Por eso me arrepiento
de veras lo siento..."
"¿Puedes ser mi mentor?"

"¿Tras lo que viste?"
"Tras lo que hiciste"
"¿No te causo temor?"
"No, es mi mentor"
"Pero malo, dijiste"

"Eso es lo que fuiste.
Por lo que dijiste
sé que ya no es así".
"Dices pues, que confías en mí"
"Bien, oíste".

"Bien, pues al salir te educaré
y así podrás aprender
a dirigirte al desconocido.
Ahora has aprendido
que llaman primero de "usted"".

El día de la partida.
El día de su salida
convencieron al carcelero
para enviarle sin esmero
a una parroquia.

Allí el cura le recogió
el niño en primicia vio
una plaza con un pesebre.
Era veinticinco de diciembre.
El niño preguntó...

"¿Por qué la gente 
está tan alegre?"
"Es Navidad"
"... no me debo enterar..."
"Creemos que se hace presente

nuestro Dios, el señor
y eso no es lo mejor
lo precioso es lo que hace.
¡La Navidad en familia, Place!"
"¿Una familia? ¡Qué bendición!

"¿Te parece que desde hoy
por lo que tengo y lo que soy
sea "familia" para ti?"
"¿Usted familia? ¡Sí!"
"¡Pues a ti, muchacho, me doy!

Aquella Navidad le cambió.
Pudo evadir su dolor
y vio la felicidad.
La Navidad real
y no como se interpretó.

Pasaron muchos años.
Ya fue antaño
cuando el cura murió
y como cristiano cumplió
evitando aledaños.

Aledaños que le echaron
pero no importaron
pues lo exterior no importa.
Lo que al final importaron
fueron sus manos.

Manchadas, sí, de pasado
pero ello no ha dejado
y no ha sido razón
por su bello corazón
para haber abandonado.

El niño se casó
y familia forjó
y nunca ha olvidado
y a sus hijos ha enseñado
que lo grande es el corazón


(Click para ver a tamaño completo)

Caligrama presentado en concurso escolar de caligramas navideños en 2012 en el instituto Salesianos de Carabanchel.

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Deseo

Creo que solo te he visto hoy
pero ya te he reconocido
en derramarme por tus ojos.
Te conozco de vivirte antes
con luciérnagas en la garganta.
De funambular acariciando
tu piel con vello de arrozales.
De coserme la lengua con hilo blanco
y que salga todo entre las orejas.

¡Que se partan las puertas y el tiempo!
¡Quiero desearte negra, sucia y dulce!
¡Bañarme en la esfera de un reloj parado!

¡Que se me resquebraja el pecho
y no se parte!
¡Que ver un gorrión sobre tu risa
que ver un lobo sobre tus ansias
que ver tus ojos de aguja en mi cara
o tu cabeza en mi regazo
solivianta la quebrazón de mi pecho!
¡Que no me hables! ¡Que me enajeno!
¡Que es mucha miel en iris, voz y boca!
¡Que se me convierte el pecho
en potable vaso en polvo
de cuyos detellos escapan las luciérnagas!

Te deseo. Me hago feliz pensándote.
Me siento absurdamente vivo.
No me sacia y aun me basta eso.
¡Ay cuando deseo
cómo se me entiernan y encandilan
los ojos del cuerpo!
¡Cómo haces mirar insidioso
en la codicia del afe…

Mis migajas de pan

JORGE.– Dame migas de pan, Amparo AMPARO.– No me quedan. JORGE.– Pero vi cómo le dabas a Jaime, y a Javier, y a Josué. (Pausa.) ¿No me das migajas porque me llamo Jorge? AMPARO.– No. No te doy pan porque eres Jorge. JORGE.– Pero puedo ser otra persona, si quieres. ¿Así me darías migas de pan, por lo menos? AMPARO.– No puedes no ser Jorge. Aunque no te llames Jorge. Eres y serás Jorge, hagas lo que hagas. Si te haces artista y te pones nombre artístico seguirás siendo Jorge. Si te cambias de sexo, serás Jorge con otro nombre. Si te haces monje budista y nadie te llama Jorge allí, seguirás siendo Jorge. Nada cambia quién eres JORGE.– Pero puedo ser otra persona, si quieres. AMPARO.– No puedes. JORGE.– ¿Por qué no? AMPARO.– Porque no quieres… JORGE.– ¡Sí que quiero! AMPARO.–…y yo no te negaría el pan si fueses otro. Pero yo necesito negarte el pan, Jorge. JORGE.– Llámame Elis. AMPARO.– Serás Elis, pero sigues oliendo a Jorge. Te amaba, pero a mí no me engañas. No puedes ponerte máscaras…

He sentido

Te miro porque siento alivio al mirarte. Siento que ya no respiras arena. He sentido tus músculos desmenuzarse sobre mi pecho y pararse el motor de tu cabeza.
He sentido tu angustia, tus relámpagos repentinos, tus mansedumbres forzadas, tus vomitares de alma; he visto la calma, la osadía, el hartazgo y la apatía; lo he visto todo en tu debilidad más profunda en tu vulnerabilidad más líquida.
Querer es dar cuenta que la respiración de otro te recuerda a la tuya. Y viceversa. Lo he sentido porque te he querido.


de ©Shathu Entayla