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Soliloquio

"Sufriendo mi soliloquio mi vida se pierde en un mar de dudas. Sé que he cometido acciones en mi vida guiadas por mi corazón, pero todas han fracasado. 
Mi lucha constante conmigo mismo es una espora ácida que infecta y deja sin movimiento todo lo que me rodea. Muchas sensaciones agridulces de dolor inmenso y felicidad parcial se ocultan tras una sonrisa falsa, una actitud hipócrita. 
Sin embargo, me doy cuenta de que realmente no valgo para tanto. Hay mucha gente mucho mejor que yo, y yo no encajo en nadie. Lo que me da rabia es haberme topado con gente mejor que yo en todas las situaciones de mi vida, es un calvario. Sé que no soy perfecto, ni si quiera bueno, pero quizá incluso yo merezco una oportunidad."

Empecé a pensar esto cuando salí de mi casa, solo y desamparado, buscando un lugar imaginario en el que guarecerme. Digo imaginario porque no puedes guarecerte en una persona. Salí con la esperanza de verla de lejos, o de saludarla con indiferencia aunque en el fondo sabía que no la encontraría, y no me equivocaba.
Anduve, pasé por su casa vergonzoso para no reconoceré a mí mismo que quería cruzar su portal, al que ni siquiera me atrevía a acercarme.

Llegué a una plaza con bancos de granito y me senté en uno de ellos. Espantado por el brillo del sol del mediodía y el miedo a ver a esa persona, me fui. Salí corriendo. Volví a pasar por su casa sin parar. Corrí, corrí desesperadamente hasta mi hogar, donde solo me esperaban el papel y el bolígrafo que harían este relato, este calvario, este soliloquio...


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Deseo

Creo que solo te he visto hoy
pero ya te he reconocido
en derramarme por tus ojos.
Te conozco de vivirte antes
con luciérnagas en la garganta.
De funambular acariciando
tu piel con vello de arrozales.
De coserme la lengua con hilo blanco
y que salga todo entre las orejas.

¡Que se partan las puertas y el tiempo!
¡Quiero desearte negra, sucia y dulce!
¡Bañarme en la esfera de un reloj parado!

¡Que se me resquebraja el pecho
y no se parte!
¡Que ver un gorrión sobre tu risa
que ver un lobo sobre tus ansias
que ver tus ojos de aguja en mi cara
o tu cabeza en mi regazo
solivianta la quebrazón de mi pecho!
¡Que no me hables! ¡Que me enajeno!
¡Que es mucha miel en iris, voz y boca!
¡Que se me convierte el pecho
en potable vaso en polvo
de cuyos detellos escapan las luciérnagas!

Te deseo. Me hago feliz pensándote.
Me siento absurdamente vivo.
No me sacia y aun me basta eso.
¡Ay cuando deseo
cómo se me entiernan y encandilan
los ojos del cuerpo!
¡Cómo haces mirar insidioso
en la codicia del afe…

Mis migajas de pan

JORGE.– Dame migas de pan, Amparo AMPARO.– No me quedan. JORGE.– Pero vi cómo le dabas a Jaime, y a Javier, y a Josué. (Pausa.) ¿No me das migajas porque me llamo Jorge? AMPARO.– No. No te doy pan porque eres Jorge. JORGE.– Pero puedo ser otra persona, si quieres. ¿Así me darías migas de pan, por lo menos? AMPARO.– No puedes no ser Jorge. Aunque no te llames Jorge. Eres y serás Jorge, hagas lo que hagas. Si te haces artista y te pones nombre artístico seguirás siendo Jorge. Si te cambias de sexo, serás Jorge con otro nombre. Si te haces monje budista y nadie te llama Jorge allí, seguirás siendo Jorge. Nada cambia quién eres JORGE.– Pero puedo ser otra persona, si quieres. AMPARO.– No puedes. JORGE.– ¿Por qué no? AMPARO.– Porque no quieres… JORGE.– ¡Sí que quiero! AMPARO.–…y yo no te negaría el pan si fueses otro. Pero yo necesito negarte el pan, Jorge. JORGE.– Llámame Elis. AMPARO.– Serás Elis, pero sigues oliendo a Jorge. Te amaba, pero a mí no me engañas. No puedes ponerte máscaras…

He sentido

Te miro porque siento alivio al mirarte. Siento que ya no respiras arena. He sentido tus músculos desmenuzarse sobre mi pecho y pararse el motor de tu cabeza.
He sentido tu angustia, tus relámpagos repentinos, tus mansedumbres forzadas, tus vomitares de alma; he visto la calma, la osadía, el hartazgo y la apatía; lo he visto todo en tu debilidad más profunda en tu vulnerabilidad más líquida.
Querer es dar cuenta que la respiración de otro te recuerda a la tuya. Y viceversa. Lo he sentido porque te he querido.


de ©Shathu Entayla