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Tratado de Estrellas

Por favor astros
guiadme en mi camino
Decirme que hacer.
Reveladme mi destino.

Vosotras, estrellas
que todo lo véis
decidme si podéis
ver mi vida bella.

Sea mi vida la estrella
que ilumine senderos
sin nimiedades ni peros.
Sea mi vida ella.

Sea por fin la persona
que actúa y no demora
que nunca decepciona
y que nunca deja sola.

Sea el sentido de mi vida
Sea alcanzada la cima
del monte y de mi sino
que siempre va y nunca vino.

Sea el cielo mi guía
sea el que me cuide
sea el que me mire
donde nadie estaría.


Sea la luz la que brille 
Sea su sombra oscura
lo que marca y dura
y no donde incide


Sea burlado el exterior
sea aceptado el interior
Sea llevada la marea
donde la vida es mera.


Cada gente y su estrella
jurará siempre jurar
que siempre va a luchar
sea o no a su vera.

Que no esté subirdinada
a la vida añorada
o a otra estrella deseada
sino que sea amada.

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Hebrón (de Palestina)

Entre tus coágulos inesperados, Entre tus alambradas que, sin avisar, reptan por tus paredes y tus calles emanando un hedor a claustrofobia inevitable; hedor catalizado por aguas fecales vertidas por prometidos a una tierra sobre la paz de tus zocos,
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Deseo

Creo que solo te he visto hoy
pero ya te he reconocido
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¡Bañarme en la esfera de un reloj parado!

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¡Que ver un gorrión sobre tu risa
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que ver tus ojos de aguja en mi cara
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solivianta la quebrazón de mi pecho!
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los ojos del cuerpo!
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El Mar Rojo

Aguas de todas partes contienes. Cuatro naciones te pueblan con distintas banderas y morales. Entre la rojez propia de la guerra tu rojez es literaria y unifica; tus corales y medusas sin tentáculos, tus espinas traicionares en la arena,  tus playas levantando las faldas del Sinaí y por el otro lado amurallando Arabia todo tú  eres paz. Una paz inhóspita. Despoblada. Agresiva.
Estás rodeado de desierto. Y tu desierto solo lo habitan comercios cerrados, pueblos pequeños y turistas cegados por la estrella de un rey. Tus aguas son verdes, moradas y azules desde la orilla. Supongo que al mezclar esos colores el alma se enrojece y de ahí tu nombre… o porque quemas con el desierto que te sitia o porque tus atardeceres sinaíes son rojos o porque las montañas que te cercan son granas (¡vaya a saber Moisés!) lo cierto es que llevas en tus golfos el rojo en sus dos caras: el del amor y el de la guerra; y en tu desierto, ambos se juntan (¡الحمد لله)
y se vuelven agua y arena.