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Un vivo en el más allá (cuento) - Capítulo 1: Arrepentimiento

Me llamo Fungus, pero por mi aparente gracia, a veces me llaman Fun. Yo era el presidente del pueblo de Vieja Meirit, Hispania. Sería como el equivalente de Toledo y Madrid, en España. Tan equivalente que estaban exactamente en el mismo espacio, pero en planos del universo distintos: una dimensión paralela a la que sólo los muertos teníamos acceso. Era como ver a toda la humanidad tras una sala de interrogatorio con un cristal opaco, desde el cual sólo nosotros podemos ver y ellos no. En este caso, el interrogado habría nacido en aquella sala, y no sabría qué es lo que hay tras el espejo. Al menos, no todos lo sabían. Había gente a la que se le ocurría acercarse al espejo, y al hacerlo se veía lo que había detrás. Aún recuerdo la primera vez que vi a un vivo hacer eso. Era cálido, solitario. Desprendía algo extraño: no era de este mundo. Era terrorífico. Parecía que estaba vivo, pero aún así recorría las calles del Más Allá como si fuese un muerto más. No fue el único.

    ¿Qué tienen los vivos contra los muertos para que estén todo el día hablando de nosotros, y nos investiguen? Ellos nunca sabrán lo que es ver nacer a alguien que probablemente venga de un coma y que luego desaparezca, sabiendo que ni siquiera nos recuerda después de haber muerto... ¡Dejadnos en paz, malditos! ¡Moríd si queréis saber cómo es estar muerto, en vez de juzgarnos! ¿Qué les hemos hecho nosotros para que se asusten así cuando se habla de nosotros? Nosotros ya hemos vivido, ¿no pueden dejarnos en paz?"

Esas palabras son la traducción de una conferencia trascrita taquigráficamente. La taquígrafa ya no muere para contarlo... Estas palabras son de una conferencia que dí públicamente. Me arrepiento de haberlo hecho. Todo por culpa de ese vivo... Le llamamos "Medium". Persona que "media" entre cosas...

   - ¿Por qué os habríamos de dejar en paz?
   - ¿Quién habla?
   - ¡Un vivo!"

Aún recuerdo la tangana que se formó contra aquel vivo. Nadie podía hacerle nada. Al final, nosotros, los muertos, acabamos peleando entre nosotros mismos, buscando algo con lo que sólo nos podíamos comunicar, pero no tocar. Nosotros éramos puras almas peleando contra un cuerpo; era una lucha imposible.

    ¿Por qué los vivos no podemos hablar con nuestras familias? ¿Por qué no podemos hablar con los muertos? ¡Lo que se quiere es el alma, no el cuerpo! ¿Por qué un cuerpo con alma no puede desear ver a las almas a las que aprecia? ¡Siguen siendo almas! ¡Yo ya sé el secreto de la vida y la muerte! ¡Por qué, vosotros, los del más allá, impedís que haya relación!"

Este discurso del Medium, me dejó profundamente tocado... Ambos teníamos razón en nuestros motivos, pero eran totalmente distintos. Todo el que exige lo hace porque cree que lo merece. Ambos creíamos merecer cosas que no eran compatibles con los intereses del otro. Aquel día fatídico empezó una guerra civil en el más allá. Una guerra que yo mismo había provocado.

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Deseo

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en derramarme por tus ojos.
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y que salga todo entre las orejas.

¡Que se partan las puertas y el tiempo!
¡Quiero desearte negra, sucia y dulce!
¡Bañarme en la esfera de un reloj parado!

¡Que se me resquebraja el pecho
y no se parte!
¡Que ver un gorrión sobre tu risa
que ver un lobo sobre tus ansias
que ver tus ojos de aguja en mi cara
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¡Que es mucha miel en iris, voz y boca!
¡Que se me convierte el pecho
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en la codicia del afe…

Mis migajas de pan

JORGE.– Dame migas de pan, Amparo AMPARO.– No me quedan. JORGE.– Pero vi cómo le dabas a Jaime, y a Javier, y a Josué. (Pausa.) ¿No me das migajas porque me llamo Jorge? AMPARO.– No. No te doy pan porque eres Jorge. JORGE.– Pero puedo ser otra persona, si quieres. ¿Así me darías migas de pan, por lo menos? AMPARO.– No puedes no ser Jorge. Aunque no te llames Jorge. Eres y serás Jorge, hagas lo que hagas. Si te haces artista y te pones nombre artístico seguirás siendo Jorge. Si te cambias de sexo, serás Jorge con otro nombre. Si te haces monje budista y nadie te llama Jorge allí, seguirás siendo Jorge. Nada cambia quién eres JORGE.– Pero puedo ser otra persona, si quieres. AMPARO.– No puedes. JORGE.– ¿Por qué no? AMPARO.– Porque no quieres… JORGE.– ¡Sí que quiero! AMPARO.–…y yo no te negaría el pan si fueses otro. Pero yo necesito negarte el pan, Jorge. JORGE.– Llámame Elis. AMPARO.– Serás Elis, pero sigues oliendo a Jorge. Te amaba, pero a mí no me engañas. No puedes ponerte máscaras…

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Muebles geométricos llenos de vetas de madera, libros, una cama, libros, un ordenador, un cuadro aún no colgado, una pared blanca pintada con cosas ininteligibles, glosolálicas; un peluche guardián con forma de mapache con una estrella colgada al cuello, una orquídea sana, pero sin flores y un chico de pelo largo estudiando a la par inglés y su falta de vida.

YO. Si me hubieses visto hace solo veinte años. Tenía el pelo corto. Me hacían bullying y no hablaba. Llamaba la atención pero no hablaba. Lloraba pero no hablaba. Un par de luces en forma de padres comprensivos y un señor mayor que me acompañó hasta su muerte (mi madre le cuidaba por las mañanas). Siempre pienso en ir a ponerle flores, le quise mucho, pero al final me acuerdo de ir a verle a su tumba dos meses después. Digo "para el año siguiente". Y así, llevo sin ir dos años.

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