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La perturbación

A altas horas ociosas de la madrugada los días parecen baldosas: pisables iguales con el mismo tamaño en espacio y tiempo. Y, de fondo, algo perturba dentro. Como las gotas de lluvia que bombardean la piel del agua. Algo, de fondo, pero ruidoso que no cambia su flujo pero lo oculta; que confunde cielo y mar tierra y horizonte barcos con peces. Se acentúa cuando estás solo a altas horas ociosas, porque el ocio amplifica los ecos del alma, y las horas muertas también –aunque, en este otro caso más que ecos sean sus agónicos gritos por una dosis más de vida. Pero cuando no se está a altas horas ociosas esa perturbación en la Fuerza, ese socavón al Nirvana, ese añadirle un noveno al óctuple sendero, te acompaña como el poso del café al café, como el perro a la correa, como la tinta al tubo, y la muerte al médico: ahí está no hace nada, no hace daño, pero acecha; premoniza la tierra rompiéndose ...

Yo siempre quise una catástrofe

Yo siempre quise una catástrofe. Algo turbio y ominoso –sobretodo ominoso– en el que ardiera todo en el que purgar mi rabia purificar mis deseos y morderle la cola al tiempo cazarlo evitar que fluya someterlo traicionarlo procrastinar con alevosía hasta servir para algo. Yo deseaba una catástrofe para que no hubiera reglas para que muriera gente para agitárseme el alma para rompérmela en pedazos y comerme sus cristales (o esnifármelos). Deseaba perder a alguien. Deseaba perder algo grande o que el mundo lo perdiera. Hoy soñé que moría mi padre. Lloraba, te prometo que lloraba, y al despertar, seguía vivo (él) pero me despertaba (otra vez) en esta catástrofe. El mundo se cae a pedazos (ahí fuera… ahí fuera del todo…) Y desde dentro, echo raíces hacia las manos de la muerte Y al final, lo que yo quería: mirarme tan cerca del espejo saberme tan bien mi reflejo que no pudiera saber quién imita a quién quién pr...

El hilo que cae por finisterre

Y cuando has hecho todo, ¿qué queda? Cuando se te agotan las opciones; cuando imaginas espejismos de sensaciones de encuentro; cuando no puedes ni trascenderte y te ves hasta la sangre en el espejo, quedando el aburrimiento, y el silencio; cuando el mundo es el carcelero y de pronto existe Finisterre, y este año su costa es tu alféizar; ¿qué puedes?, ¿dónde lo haces? ¿Adónde sueñas? Los días, estos días, tiene, un número indefinido de horas, en las que las ganas de vivir, van y vienen, pero, por primera vez, eso no importa nada. Porque la vida no pertenece a sus ganas La realidad humana la hemos hecho con ganas: ladrillo a ladrillo, ley a ley. Pero la Naturaleza tiene sus normas, y son eternas y estaban antes y no se cambian. Las nuestras solo duran el tiempo que podemos aplicarlas o el que estamos con vida o el que estemos con ganas. Nunca pensé que diría esto pero, la ciudad, la echo de menos: sus lí...

Lo que siempre te digo, que nunca te dije

Hace poco hice un directo en mi instagram de youtuber (@ensayarte) con motivo del festival " Búnker Poético ". Y recité, por primera es este poema completo. A petición popular , después de más de cinco años que lo hice, lo publico: Lo hice con motivo del VII Concurso de poesía de RNE , el que se pedía una obra de, mínimo, quinientos versos, y este poema se hizo  ex profeso  para ese concurso. ¡Que lo disfrutéis! :) de ©Shathu Entayla

Al final de las nubes

Las nubes son los portales a otros universos nuevos. El vuelo pertenece a los anales de los saltos. Uno grande alcanza una nube, sales abrigan sus alas metálicas; las ventanas, mil panales de mil abejas humanas. Y ninguna se fascina. Y yo veo rayos, y a Zeus saludando. Y se obstina mi vista en besar relámpagos. Volando todo se difumina. Solo existo yo y la niebla, que puede, y no me extermina. Y sigo volando... Vuelo... Imagino que al pasar la turbulencia, cualquier cosa podría saltar a lo real. Sin aviso. Y veo a la tierra hablar y los cráteres lunares danzar muy lejos. Danzar lanzando serpientes blancas. Algunas que brillan más miman y cubren mi cara. Cara que se amaina ya. Pues a mi alrededor, nadie reacciona. Nadie se da cuenta de que vuela, ¡dios! ¡Mírate! ¡Puedes volar aunque no sientas el aire! Y al final me puede más el ronquido, y ese hartazgo, y el cansancio, que volar. Y me duermo. Y así, pierdo mis ojos niños. Volar ya solo es viajar...

أمرأةٌ جميلةٌ من القرافة

La bella mujer de Al'qarafa (La ciudad de los muertos) Ella tenía ojos tiernos, cara demacrada por el tiempo, y aún belleza: perdida y muy visible. En sus gestos una juventud envidiable una voz megafónica casi terrorífica por su fuerza. Nos invita a un té dulce. Conversamos rodeados de arena y lápidas. No entendemos el idioma así que la entendemos a ella: cuanto más la miras más joven es: menos arrugas y más claros sus ojos menos escorbuto y más profunda su sonrisa; gestos de complicidad masculina: (choca la mano, coge mentones, mano en rodilla...). Largas conversaciones sin lingua franca sobre matrimonio y familia, sobre salud que falta, sobre cosas que no se sabré nunca, y cuando dice "! الحمدالله " para decir que ya está sana y se besa tres veces y levanta la mano al cielo y sonriendo a un Dios que no entiendo agradece su dicha no puedo evitar callar y emocionarme y que el té sepa más dulce. ...

La Península del Sinaí o el Capricho de Dios

Eres mortal, marrón y amarillo. Siluetas sobre la tierra figuras inhabitables que parecen un capricho de Dios para su deleite. Tus rocas y las dunas se confunden. De noche tus grises y las estrellas y la luna capean el paisaje con imaginario vangoghiano. Beduinos en camello de olores dulzones –incapaces de describirse o no como desagradables– visten blancas túnicas épicas que no se manchan de arena. Sobre el Sinaí, Moisés cogió las tablas se quemó una zarza y vio el sol elevarse como una canica roja e iluminar cada rincón de la Tierra con su ardor arrebolante, con su pequeñez relativa. Lo demás es desierto. Desierto. Y más desierto. Y, de pronto, sin esperarlo aparece el mar. Pero la vida es demasiado tímida para habitar esta pintura inhóspita de Dios, entonces, el mar y el desierto, se saludan, sin nada vivo de por medio; si acaso alguna palmera valiente o alguna hierba que, de lejos, enternece y, sobre la piel, perfora. M...