En este agujero negro de tiempo llamado trabajo no caben los poemas. Y este que estás leyendo existe solamente porque —aunque no se vayan a levantar hasta que acabe mi jornada— mis ansias de libertad están ahí, y la poesía es el medio —esta vez, podría ser otro— de reclamar el espacio, o mejor dicho, el tiempo que le corresponde; de reclamar el tiempo que siempre fue nuestro: de mis ansias de libertad, y de mí, y de nada más. Y de nadie más. Imagen generada con Gooogle AI Studio de ©Shathu Entayla
Y así, entre robles, lluvia, burros y vacas, con turrón, lentejas, juegos de mesa, bailes, sexo y todas esas cosas bellas que enlentecen los espasmos y acallan los gritos ruidosos de un mundo qu e se re squeb aja; el amor, con sus idas y venidas, su saliva, sus lágrimas sus incoherencias, sus lamentos, sus alegrías y, sobre todo, su capacidad de cimentar la vida; él solo hace que un montón de puntos perdidos en la inmensidad del mundo hagan redes capaces, con su sitio, de evitar heladas, calmar corazones, y convertir la guerra en besos lindos; una red intrincada y compleja, como el punto y coma: inteligible solo en el ritmo del alma navegando en su lenguaje y, al mismo tiempo, tan evidente, tan «que no puede no ser», tan posible que, mientras las bombas caen, sus besos son el búnker y seis almas frágiles y sensibles (s...