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Mala madre. Mucho mejor crianza.

No me gusta el dolor.
Es feo, repelente y doloroso
(aunque lo de feo suene redundante).

El dolor es graduable
pero no existe unidad de medida
más que quizá, las lágrimas
o,
quizá un parámetro mejor
el tiempo que dura su eco en las entrañas.

El dolor es asesino, alientante,
injusto, macabro, raspante
Como acostarse con un erizo
Como ponerse zapatos de estropajo
Como ahogarse en un vaso de agua
a sabiendas de ser tú más grande.

Es como la risa que desvela
al muerto en su propio entierro,
Como el pájaro que intenta volar sin alas
y se precipita de lleno al suelo.

Es poco descriptible si se enfada:
sólo se puede gritar.
Infantil, contradictorio.

Maravillosamente hijo de puta
cuya madre fue en su origen
un pensamiento promiscuo
que se vendió para violar
a todas las alegrías
hasta matarlas, secarlas
degollarlas, desalmarlas;

tapando al amor,
crucificándolo, arrollándolo
a un sitio inescrutable
donde quien lo busca
no puede encontrarlo
hasta que el dolor se haya ido.

Pero Tampoco se puede
Callar al Dolor
sólo dejar que termine el eco.
Pero, ¡qué hijos de puta
el dolor, y su maravillosa,
épica y horrible

madre!:

seno de desgracias
origen de martirios
manantial de Pesadillas.

¡Qué daría por no haber
conocido a esa Puta Madre!
Me compadecí de ella
y me dice cargo de su hijo
Y ahora pago las consecuencias

como todo el que una vez Amó
y se niega a dejar de Hacerlo. 

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