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Entradas

Aquel sueño en mi vigilia

Esta noche sólo ha habido cinco horas. Me despertó, del estómago, la boca gritando los sueños que no había soñado y que llevan desde el alba peleando. Ahora, despierto. Ya ha pasado tiempo. Tanto que puedo contar las horas desde que al alba se pelearon mis sueños hasta que he visto despierto cómo lloras. Para que se calmen, soñando, los sueños me has dicho que duerma. Que descanse. Y que no lloremos al levantarme. Y lo haría, pero tengo un gran problema: que no puedo de nuevo no estar despierto pues este poema despierto eres mi sueño.

Autorretrato emocional-sistémico de una obsesión (Poema bidimensional)

Parte I: La entrada. Hacia el sueño. Ven. Ven.               Ven.                              Ven.                                                                                                        Ven.                                       ...

Lo que ella me dijo

    Puedo escribir relatos tristes. Como llevo escribiéndolos años. Puedo llorar estrellas que se pierden en el río mientras me siento al borde de la cascada y hablo con ella en el único idioma que la naturaleza entiende.     Mi compañero de viaje al fin me alcanza, sofocado. Me coge de la pechera y ruge. La naturaleza calla. Me lanza su puño violentamente a la cara y salgo disparado. Puedo volar. Estoy volando sobre el hueco del acantilado. En un segundo empezaré a caer.    Mi compañero intenta agarrarme lanzando mi nombre en un grito, que se extiende como la onda de un paso del gigante de la muerte sobre la tierra. El segundo pasa. Mi cuerpo, como su la carne sin mi voluntad tuviese conciencia, acelera hacia abajo, siguiendo las gotas de agua que se precipitan veloces. Esto al principio, ocurre sutilmente. Tras ese segundo mi compañero me agarra de la camiseta, ansioso. Le miro un instante. Lo que tarda en moverse un ojo, o el cuello de un gorrión. Su c...

Al fondo del bosque

    Cada tarde veo la misma baranda. La misma mariposa negra. La misma ventisca de polen. Una vez me dio tanta alergia que estornudé sangre varias veces. Martín estaba en el porche de la caseta junto a la baranda. Siempre miraba absorto al fondo del bosque, y a pesar de que se veía el fondo claramente y ni una sola ardilla trepaba las copas de los árboles, nunca pude adivinar qué miraba. Sólo le oí decir:       - Como una luciérnaga parpadeando a punto de morir.     Nunca he entendido a mi hermano. Ni siquiera cuando murió. Su cara era cadavérica. No me refiero a la cara de su cadáver, sino a su cara vivo; mi hermano desapareció sin más. Era como si fuese de piedra; como si al fondo de su boca guardase un nido de garrapatas y cucarachas. Eso era precisamente de lo peor que salía en una de mis peores pesadillas. Es de las que mejor recuerdo de la fecha cercana a su desaparición.     Luego me quedé sola. Mi padre me intentó violar y por ell...

Alféizar para lunas

Huele a silencio. A calma. A frío nocturno de verano. Pero sobretodo huele a nubes. A humedad seca de ciudad. Huele a ventanas encendidas, a conversaciones solitarias. Huele a chorro de humo blanco saliendo de chimeneas. Pero sobretodo huele a nubes. A nubes negriblancas azul oscuro que son guiadas por el viento hacia el sureste. A mi sureste: no me importa cuál sea el de verdad. Ese viento acaricia mis pies. Aquellos que cuelgan en el aféizar de la ventana. Una brisa apenas perceptible. Como cuando la sal hace flotar algo más el cuerpo que en una piscina, ahora el viento hace flotar algo más mis pies sobre el aire. Suelo tener vértigo, pero ahora no lo tengo. Esta noche no. Estoy contigo mirando cómo las nubes no consiguen tapar la Luna; cómo esas nubes olorosas le dejan paso al sol nocturno con su luz blanca. Parece, en estos tejados, de día, y en el cielo, fondo de mar. Me señalas una estrella. No es la polar, no es Venus; creemos que es Arturo; es mejor que sea la tuya. Nos dam...

Añoranza de párpados

Echo de menos. "¿Qué?”, me dirán. No sé. No sé si a ti. No se si a mí. No sé si a mi propia sombra desde cuya luz madre veo tus pestañas cerrándose lentamente como un parpadeo, y abriéndose rápido como un suspiro. Echo de menos. "¿Qué?". "¿Qué de qué?" les diría. Que no sé. No sé si a ti a mí a ambos. Mira, es que somos moscas sobre un vaso ambas de frente con el hueco entre ambos. Moscas pretendiendo volar sin alas saltando el hueco en vez de bordearlo. Echo de menos. "¿El qué?". No sé. No sé qué echo de menos. ¿A ti, a mí, a mi sombra, al hecho de echarte de menos? Echo de menos amarte tanto entregárteme tanto. Echo de menos tu forma de fiarme tus miradas de darme la llave y la puerta del origen de tus ansias con un beso, con un abrazo contigo. Echo de menos echarte de menos. O sea, a ti Es decir... ...

Hamartía

Requiebros miles atados en la madera de mi alma cuyas cortezas soportan los pesares y bonanzas. Que un pesar son mil pesares si tal esos miles se encarna, y aunque les siguen bonanzas a veces no sé si bastan, porque la piel de madera al cortarse ya no sana y ya son muchos requiebros en la corteza de mi alma. Y es que amar, pues, es amor, y herramienta del que ama y es que el hierro de ésta, yerra y sin quererlo, nos daña ¿Cuántos “lo siento” he dicho por ansiedades, brotadas de un maldito mejunge con emociones mezcladas de la arpía que es tu vida y de la mía que es vana? Algo dentro, se ha roto. Me lo han matado en la espalda. Al lado izquierdo del pecho donde mi sangre es riada de ríos que reparten los pesares y bonanzas. Algo dentro, se ha roto, ¡y se lleva las bonanzas!, y roto ya mi lado izquierdo los pesares, hacen yagas. Las bonanzas que se quedan se las lleva la puntada se las lleva el desamor ¡Una espada (...