Ir al contenido principal

Como encerrado entre barreras de sueños...

Como un preso entre rejas.
Como un empresario en su oficina.
Como un perro con correa.
Como un tonto en su ignorancia.

Encerrado entre las rejas de una oficina ignorante con correa.
Encerrado en el mundo donde todo lo que veo se va de mi mente.
Encerrado en mi olvido por no poder recordar lo que se siente.
Encerrado entre prosas y poesía muertas sin nadie que las escriba ni posea.

Barreras de sentimiento y pensamiento
Barreras de futuro.
Barreras de de creación.

Se merma la imaginación.
Se va cuanto procuro.
Me quedo sin vocabulario cuando lo expreso.

Y no hay nada más duro
ni más doloroso
que un arte que pierde vocación.

Que pierde su futuro.
Debo volar de este reposo
en el que muere mi acción.

Aún espero una luz alrededor
que me haga sentir cuanto espero:
El poder decirme adiós
y saludar a quien me quiero.

Esto es lo único que espero.
No niego que me quede valor,
pero sin oportunidad es dolor,
aunque en mi mente me encierro.

Divago entre pésimos pensamientos.
Diserto con mi opinión.
Opinio con lo que no siento
para hacerlo todo mejor.

Soy un héroe sin poder.
Una vida por nacer.
Un sueño por soñar.
Una quimera por realizar.

Que alguien me ayude,
no quiero soledad.

Nada es un héroe
sin nadie a quien salvar.

Nada son mis sueños
si no se puede soñar.

Comentarios

Popular Posts

Recuerdos como noches

Cuando la noche se asienta, cuando el día se termina, cercan los horizontes de mis ojos los recuerdos. Esos que veo junto a la estela de mis pasos. Cuando la noche se asienta y su silencio se posa afloran pensamientos en mi mente: los recuerdos  a los que temo. Junto a la estela de mis pasos. Porque mis recuerdos se me aferran como a la piel, cicatrices, como a la retina, luz como al esperar, el tiempo. Puede ser que sean bellos esos recuerdos. Aún me inquietan. Hay carcasas bellas con adentros feos. Porque mis recuerdos se me aferran como la corriente al nervio, como la mano al puñal, como el párpado a lo visto. Y sé bien perderme en ellos —en los recuerdos que son veneno— incluso más que en todos mis pasos mismos. Imagen hecha con Leonardo AI  de ©Shathu Entayla

El espacio en que fui tuyo

Así me miras como si sólo fuera tuyo. como si mi carne y cómo respiro vivieran sólo en tus dominios, como si yo pudiera salir pero fuera quedarme lo que elijo. Me miras como vestida con un traje de prodigio  que dejan vida y libertad a un lado En el que elegí que ya no elijo. Me miras como si solo fuera tuyo. Me miras como si así siempre hubiese sido. Empiezas con uñas como espadas, y me pegas y, sin querer, grito y ese grito y que lo pares pido porque no quiero gritar más pues no gritar más es quitarme ya una libertad que ahora no preciso aunque es precisamente por libertad  (aunque sin parecer verdad) por lo que grito. Me miras como si me crearas  y yo te creo y te doy las gracias. Me cuidas cuando me atrapas. Me haces temerte cuando me amas. Y esas aguas contrarias, que me hacen a mi llorar otras aguas, flaquean el báculo de tus manos y viendo que me rompes, amenazas con parar el viaje hacia el espacio más cercano al ser sin ser hacia el que estábamos andando: a un tra...

Sed de pájaro

Me encontré con un anciano de piel seca y raída por el tiempo. De manos temblorosas de nervios. De ojos vidriosos de sed. Déjame que me detenga un momento en esta sed, porque era incomprensible. Le llevaba agua y la escupía, o la tragaba sin saciarle. La sed de ese anciano era de otra naturaleza. «No es a mí a quien deberías de cuidar» —me decía. Pero yo no le escuchaba porque el tiempo se acababa. Y no engordaba. Y tocar su piel empezaba a parecerse a tocar una espiga de trigo. Entonces pasó algo que no podía verme venir. De pronto le vi sonriendo como alumbran mil soles. Lloraba de alegría y miraba al suelo. Sobre su mano tenía una pluma verde, preciosa. Ese día dijo: «Ya no tengo sed». Nunca había dormido tan bien desde que le conocí. Sentí una envidia inenarrable, pero no sabía bien a qué. Pero los días pasaban, y esa alegría era fútil como el silbar del viento cuando no hay brisa; que parece un milagro. Y el silbido paró. Y, de pronto, se moría de sed y su piel era, de nuevo, de t...