Ir al contenido principal

Lo Único que Pido de Ti

Si no quieres preocuparme 
no te muestres
Si te muestras
no me dejes preocupado.


Mi única preocupación
es no saber qué te ha pasado
pues no puedo hacer nada
por remediarlo
o al menos intentarlo
o al menos compartirlo
o estar a tu lado.


Ha pasado mucho tiempo
y todavía sigo esperando
una simple mirada de alivio
de esos ojos almendrados
que se han caído de su lado


No hace falta que me hables
solo hazme ver que me escuchas
No hace falta que me mires
solo hazme ver cómo estás.


y no me evites preocuparme
porque si lo hago
es porque me importas
y si me importas
es por algo.
(y ya lo sabes)

Sólo te pido, 
que seas igual con los demás 
que conmigo
y no sea el único que te pide un abrazo
y al único que le rehúsas
y no sea el único al que rechaces
cuando se preocupa.
No me digas que no es cierto
cuando he llegado a verlo
(en más de una ocasión)

Soy un pesado y un cobarde
son mis defectos.
Acéptalos. Sólo te pido eso.
Yo acepté los tuyos
hace mucho tiempo.
(y son lo mejor de ti)

No te pido razones por tus actos
No te pido acciones por tu actos.
No te pido un caricia ni un abrazo.
ni una sonrisa ni un regazo.

Solo pido 
que no me trates como una piedra
en tu camino
que a veces es como me tratas
y como me siento.

Que quede claro:
no te juzgo,
pero me hace daño.
Pues no hay ningún motivo.

Sostendré toda tu mierda
si así lo quieres.
Te dejaré en paz
si así lo quieres.
Pero si no me dices lo que quieres
no esperes que lo sepa.

Si hay algo que decir, dilo.
No me trates como si fuera un desconocido 
ni trates mis palabras como aire vacío y molesto
en la cara de una persona con frío.




Comentarios

Popular Posts

Recuerdos como noches

Cuando la noche se asienta, cuando el día se termina, cercan los horizontes de mis ojos los recuerdos. Esos que veo junto a la estela de mis pasos. Cuando la noche se asienta y su silencio se posa afloran pensamientos en mi mente: los recuerdos  a los que temo. Junto a la estela de mis pasos. Porque mis recuerdos se me aferran como a la piel, cicatrices, como a la retina, luz como al esperar, el tiempo. Puede ser que sean bellos esos recuerdos. Aún me inquietan. Hay carcasas bellas con adentros feos. Porque mis recuerdos se me aferran como la corriente al nervio, como la mano al puñal, como el párpado a lo visto. Y sé bien perderme en ellos —en los recuerdos que son veneno— incluso más que en todos mis pasos mismos. Imagen hecha con Leonardo AI  de ©Shathu Entayla

El espacio en que fui tuyo

Así me miras como si sólo fuera tuyo. como si mi carne y cómo respiro vivieran sólo en tus dominios, como si yo pudiera salir pero fuera quedarme lo que elijo. Me miras como vestida con un traje de prodigio  que dejan vida y libertad a un lado En el que elegí que ya no elijo. Me miras como si solo fuera tuyo. Me miras como si así siempre hubiese sido. Empiezas con uñas como espadas, y me pegas y, sin querer, grito y ese grito y que lo pares pido porque no quiero gritar más pues no gritar más es quitarme ya una libertad que ahora no preciso aunque es precisamente por libertad  (aunque sin parecer verdad) por lo que grito. Me miras como si me crearas  y yo te creo y te doy las gracias. Me cuidas cuando me atrapas. Me haces temerte cuando me amas. Y esas aguas contrarias, que me hacen a mi llorar otras aguas, flaquean el báculo de tus manos y viendo que me rompes, amenazas con parar el viaje hacia el espacio más cercano al ser sin ser hacia el que estábamos andando: a un tra...

Sed de pájaro

Me encontré con un anciano de piel seca y raída por el tiempo. De manos temblorosas de nervios. De ojos vidriosos de sed. Déjame que me detenga un momento en esta sed, porque era incomprensible. Le llevaba agua y la escupía, o la tragaba sin saciarle. La sed de ese anciano era de otra naturaleza. «No es a mí a quien deberías de cuidar» —me decía. Pero yo no le escuchaba porque el tiempo se acababa. Y no engordaba. Y tocar su piel empezaba a parecerse a tocar una espiga de trigo. Entonces pasó algo que no podía verme venir. De pronto le vi sonriendo como alumbran mil soles. Lloraba de alegría y miraba al suelo. Sobre su mano tenía una pluma verde, preciosa. Ese día dijo: «Ya no tengo sed». Nunca había dormido tan bien desde que le conocí. Sentí una envidia inenarrable, pero no sabía bien a qué. Pero los días pasaban, y esa alegría era fútil como el silbar del viento cuando no hay brisa; que parece un milagro. Y el silbido paró. Y, de pronto, se moría de sed y su piel era, de nuevo, de t...