Ir al contenido principal

Sobre Mí

Mi nombre es Francisco José Hidalgo, nací un doce de diciembre en una casa humilde pero no pobre de Madrid, pero me identifico más con mi nombre artístico: Shathu, el trueno que corta la oscuridad. Soy actor, imitador, escritor, montador, a ratos compositor, a ratos programador y a inspiraciones, dibujante. Resumiendo: creador de emociones.

¿Tiene que ver? ¡Sí! ¿Pues qué tendrían todas esas cosas sin alma? Sólo colores, sonidos y letras vacíos y vacías. ¡Pura materia! Me considero más volador que andador en esta tierra hostil en la que vivimos llamada Tierra.

¡Me encanta el arte y el conocimiento en todos los sentidos! Siempre me ha gustado aprender de lo que estudio, hablo y debato, y divertirme y disfrutar con todo lo que hago y veo, aunque soy más de crear que de ver, todo sea dicho, así que probablemente tengáis frente a vuestra pantalla a la persona más inculta en lo que se refiere a modas y tendencias que os podáis topar. Ni si quiera veo la tele, señores.
¡Pero cuidado! Al igual que un ciego gana tacto, yo he ganado cultura en temas más diversos que los que mueven las modas, y algo de creatividad de paso. La gente me dice que soy raro, diferente, hasta me han llamado "bohemio intelectual" alguna vez...
Yo digo que puede que tengan razón, pero qué pena que la diferencia se base en querer y hacer de tu propia vida lo que quieres que sea. La polifacia es mi amiga desde que tengo uso de razón y creo que mi hambre de crear y el ímpetu por imaginar han hecho de mi lo que hoy soy: un artista. O más concretamente: yo mismo.
No soy más que un senderista perdido en la montaña por el placer de admirar la naturaleza, pero soy más que cualquiera que ser rinda al kilómetro y medio en una senda por tener una simple ampolla.

Mi mayor virtud es el esfuerzo. Mi mayor habilidad, mi curiosa creatividad. Mi mayor defecto, el pensar demasiado las cosas, sobretodo lo que me importa. Otra mala costrumbre que tengo es la solidaridad, pero qué le voy a hacer, no sé vivir solo: es triste hacerlo, amo demasiado a quien amo. Amo a todo el mundo, aunque no suela decirlo. Supongo que eso es consecuencia de no saber odiar.
En fin, no me quejo: sarna con gusto no pica, aunque mortifica, o eso dicen. Espero que no me mortifique pronto, que tengo muchas cosas que hacer y contaros antes de morir.
¡Y este soy yo! Un senderista lleno de callos. Un loco cuerdo por su locura. Un coleccionista de experiencias. Un baúl de secretos. Un fanático preso del amor libre. Un trueno que rompe nieblas. Un artista dispuesto a hacer de su vida un arte de magia.  

Os veo en el maravilloso mundo de las musas. En Entayla, la utopía que armoniza la vida; en Oniria, donde Morfeo reparte sueños; en Anima e Cordis, donde el alma y el corazón no hacen caso a la mente y se ponen a jugar con los sentimientos. Donde todo es lo que puede ser, y nada es lo que debería haber sido.

VERSIÓN EN VÍDEO:


¡Una luz para vuestras sombras! =)
Shathu.

Comentarios

  1. Hola, Sathu, te dejo la dirección de mi blog: angelaramosgonzalez.blogspot.com El último umbral.
    Por cierto, no encuentro ese monólogo tuyo tan bello de quinientos versos sobre el amor. ¿Cómo se titula?
    Besos!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es que el poema de quinientos versos no está publicado. Quiero registrarlo a parte primero antes. Se llama "Lo que siempre te digo que nunca te dije".

      Eliminar

Publicar un comentario

Popular Posts

Deseo

Creo que solo te he visto hoy
pero ya te he reconocido
en derramarme por tus ojos.
Te conozco de vivirte antes
con luciérnagas en la garganta.
De funambular acariciando
tu piel con vello de arrozales.
De coserme la lengua con hilo blanco
y que salga todo entre las orejas.

¡Que se partan las puertas y el tiempo!
¡Quiero desearte negra, sucia y dulce!
¡Bañarme en la esfera de un reloj parado!

¡Que se me resquebraja el pecho
y no se parte!
¡Que ver un gorrión sobre tu risa
que ver un lobo sobre tus ansias
que ver tus ojos de aguja en mi cara
o tu cabeza en mi regazo
solivianta la quebrazón de mi pecho!
¡Que no me hables! ¡Que me enajeno!
¡Que es mucha miel en iris, voz y boca!
¡Que se me convierte el pecho
en potable vaso en polvo
de cuyos detellos escapan las luciérnagas!

Te deseo. Me hago feliz pensándote.
Me siento absurdamente vivo.
No me sacia y aun me basta eso.
¡Ay cuando deseo
cómo se me entiernan y encandilan
los ojos del cuerpo!
¡Cómo haces mirar insidioso
en la codicia del afe…

Mis migajas de pan

JORGE.– Dame migas de pan, Amparo AMPARO.– No me quedan. JORGE.– Pero vi cómo le dabas a Jaime, y a Javier, y a Josué. (Pausa.) ¿No me das migajas porque me llamo Jorge? AMPARO.– No. No te doy pan porque eres Jorge. JORGE.– Pero puedo ser otra persona, si quieres. ¿Así me darías migas de pan, por lo menos? AMPARO.– No puedes no ser Jorge. Aunque no te llames Jorge. Eres y serás Jorge, hagas lo que hagas. Si te haces artista y te pones nombre artístico seguirás siendo Jorge. Si te cambias de sexo, serás Jorge con otro nombre. Si te haces monje budista y nadie te llama Jorge allí, seguirás siendo Jorge. Nada cambia quién eres JORGE.– Pero puedo ser otra persona, si quieres. AMPARO.– No puedes. JORGE.– ¿Por qué no? AMPARO.– Porque no quieres… JORGE.– ¡Sí que quiero! AMPARO.–…y yo no te negaría el pan si fueses otro. Pero yo necesito negarte el pan, Jorge. JORGE.– Llámame Elis. AMPARO.– Serás Elis, pero sigues oliendo a Jorge. Te amaba, pero a mí no me engañas. No puedes ponerte máscaras…

Monólogo autobiográfico

Muebles geométricos llenos de vetas de madera, libros, una cama, libros, un ordenador, un cuadro aún no colgado, una pared blanca pintada con cosas ininteligibles, glosolálicas; un peluche guardián con forma de mapache con una estrella colgada al cuello, una orquídea sana, pero sin flores y un chico de pelo largo estudiando a la par inglés y su falta de vida.

YO. Si me hubieses visto hace solo veinte años. Tenía el pelo corto. Me hacían bullying y no hablaba. Llamaba la atención pero no hablaba. Lloraba pero no hablaba. Un par de luces en forma de padres comprensivos y un señor mayor que me acompañó hasta su muerte (mi madre le cuidaba por las mañanas). Siempre pienso en ir a ponerle flores, le quise mucho, pero al final me acuerdo de ir a verle a su tumba dos meses después. Digo "para el año siguiente". Y así, llevo sin ir dos años.

De pronto, una de esas luces brilló más: la curiosidad. De ahí vino el arte y mi identidad. Luego, como vórtice de Hitchcock, ansiedad en forma …