Ir al contenido principal

Aviso

Hola, buenas. Me gustaría decir dos cosas a los lectores de mi blog, creo que os lo debo por varias razones...

La primera, quiero excusar mi ausencia y daros con ello una sorpresa. El motivo de mi repentina desaparición y disminución de entradas se debe a que estoy liado con temas personales, pero sobre todo con temas de teatro y cine (como ya sabéis los que me conocen y los que habéis leído mi autobiografía).

Pero lo más importante, que es lo que os concierne, es que estoy con dos importantes proyectos de escritura. Un musical de drama llamado "El Relevo" y un libro titulado, "El Trífilo". Algunos de vosotros ya sabéis algunas cosas de ambos proyectos. Sólo deciros que ambas cosas están apunto de acabarse, me quedan pocas escenas del musical ya, y voy por más de la mitad del libro, así que no tardaré mucho en volver a mi ritmo.

Eso no quita, por supuesto que pueda seguir subiendo entradas al blog, pero, tal como me pasó con El Poder de la Duda, será con menor frecuencia.

Lo segundo que quería deciros... era daros las MÁS SINCERAS GRACIAS por seguir leyendo este blog de poemas y cuentos, y sobretodo por que os guste, por que, ¿qué sería la literatura, si no causaste sentimientos? Desde luego no sería arte. Saber que hay lectores de mi blog me hace saber que consigo hacer al menos pequeñas muestras de arte, dentro de lo que cabe, y eso me llena.

Bueno, sin más dilación, espero que me perdonéis por mi ausencia, y espero que mis entradas sigan gustando y eso.

Un abrazo para ellos, un beso para ellas, y un saludo para todos.

Shathu.

Comentarios

  1. La entrada es muy buena para ser lo primero que se lee. Sigue así que llegaras a ser un gran actor y un buen escritor.
    Cruella de Vill :)

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Popular Posts

Recuerdos como noches

Cuando la noche se asienta, cuando el día se termina, cercan los horizontes de mis ojos los recuerdos. Esos que veo junto a la estela de mis pasos. Cuando la noche se asienta y su silencio se posa afloran pensamientos en mi mente: los recuerdos  a los que temo. Junto a la estela de mis pasos. Porque mis recuerdos se me aferran como a la piel, cicatrices, como a la retina, luz como al esperar, el tiempo. Puede ser que sean bellos esos recuerdos. Aún me inquietan. Hay carcasas bellas con adentros feos. Porque mis recuerdos se me aferran como la corriente al nervio, como la mano al puñal, como el párpado a lo visto. Y sé bien perderme en ellos —en los recuerdos que son veneno— incluso más que en todos mis pasos mismos. Imagen hecha con Leonardo AI  de ©Shathu Entayla

El espacio en que fui tuyo

Así me miras como si sólo fuera tuyo. como si mi carne y cómo respiro vivieran sólo en tus dominios, como si yo pudiera salir pero fuera quedarme lo que elijo. Me miras como vestida con un traje de prodigio  que dejan vida y libertad a un lado En el que elegí que ya no elijo. Me miras como si solo fuera tuyo. Me miras como si así siempre hubiese sido. Empiezas con uñas como espadas, y me pegas y, sin querer, grito y ese grito y que lo pares pido porque no quiero gritar más pues no gritar más es quitarme ya una libertad que ahora no preciso aunque es precisamente por libertad  (aunque sin parecer verdad) por lo que grito. Me miras como si me crearas  y yo te creo y te doy las gracias. Me cuidas cuando me atrapas. Me haces temerte cuando me amas. Y esas aguas contrarias, que me hacen a mi llorar otras aguas, flaquean el báculo de tus manos y viendo que me rompes, amenazas con parar el viaje hacia el espacio más cercano al ser sin ser hacia el que estábamos andando: a un tra...

Sed de pájaro

Me encontré con un anciano de piel seca y raída por el tiempo. De manos temblorosas de nervios. De ojos vidriosos de sed. Déjame que me detenga un momento en esta sed, porque era incomprensible. Le llevaba agua y la escupía, o la tragaba sin saciarle. La sed de ese anciano era de otra naturaleza. «No es a mí a quien deberías de cuidar» —me decía. Pero yo no le escuchaba porque el tiempo se acababa. Y no engordaba. Y tocar su piel empezaba a parecerse a tocar una espiga de trigo. Entonces pasó algo que no podía verme venir. De pronto le vi sonriendo como alumbran mil soles. Lloraba de alegría y miraba al suelo. Sobre su mano tenía una pluma verde, preciosa. Ese día dijo: «Ya no tengo sed». Nunca había dormido tan bien desde que le conocí. Sentí una envidia inenarrable, pero no sabía bien a qué. Pero los días pasaban, y esa alegría era fútil como el silbar del viento cuando no hay brisa; que parece un milagro. Y el silbido paró. Y, de pronto, se moría de sed y su piel era, de nuevo, de t...